La tarde de los cristales rotos
bilbao. Ahí, apoyado contra la farola, con un pie a la cigüeña, como un galán de cine antiguo. Así aparece en escena Ernesto Díaz, quien ha elegido este rincón como su predilecto de Bilbao por una cuestión sentimental y tal vez como pago de una deuda pendiente. No en vano, el bar Estadium que asoma al fondo fue víctima de un voleón a bote pronto que hizo saltar añicos la cristalera. "Mi padre estaba dentro y salió a buscarme. Ya pueden imaginarse cómo acabó aquella escena". foto: juan lazkano
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