Una tarde para olvidar. Un encuentro de esos para dejar arrinconado en el baúl de los malos recuerdos, en lo más recóndito de la memoria, allá donde se almacenan los petardazos baloncestísticos que ojalá jamás hubieran acontecido. No hubo partido este domingo en el Palau Blaugrana (90-61) porque el Surne Bilbao no compareció con las constantes vitales necesarias para ofrecer un mínimo de competencia y resistencia a un Barça que aprovechó la absoluta endeblez de su contrincante para regalarse una victoria totalmente placentera antes de sus deberes en la Euroliga.
En las filas vizcainas no apareció ninguno de los rasgos identitarios de ese colectivo que aspira a alcanzar la octava plaza de la clasificación de la Liga Endesa. Las derrotas de Joventut y Tenerife animaban al intento de abordaje después de meses anclados en la novena posición, pero nada de nada... Los de Jaume Ponsarnau se vieron superados de principio a fin, absolutamente empequeñecidos por un rival que hizo de la contundencia y la efusividad defensiva sus mejores virtudes y quedaron amansados prácticamente desde el salto inicial, a años luz de poder dar la campanada.
Horrible ataque
Y es que el paupérrimo rendimiento ofensivo de los visitantes hasta el descanso, con solo 23 puntos anotados, se convirtió en un tormento imposible de soportar. Porque las sensaciones eran incluso peores que el 41-23 que señalaba el marcador en esos momentos, pues los hombres de negro habían sido fulminados del mapa en sus débiles intentos de sumar puntos, sin ningún recurso válido para intentar atacar el muro azulgrana. Ni desde la larga distancia (2 de 9, 22%) ni desde un palmo del aro. Y ni siquiera desde la línea de tiros libres, con un horrible 3 de 9 y seis fallos seguidos. Un auténtico horror.
Krampelj
Y menos mal que Martin Krampelj, a base de coraje y pundonor, ofreció algo de resistencia individual (11 de los 23 puntos de los suyos llevaron su firma, así como 13 de los 17 créditos de valoración del colectivo a esas alturas de la película de horror) con algunos chispazos de Melwin Pantzar de acompañamiento, porque de muchos de sus compañeros no hubo noticias. Los primeros puntos de Tryggvi Hlinason y Margiris Normantas no llegaron hasta el tercer cuarto, los de Justin Jaworski a menos de cinco minutos para la última bocina, Darrun Hilliard se quedó en cinco, Harald Frey solo sumó un triple... Para olvidar.
Pésimo arranque
El conjunto vizcaino le dio un pésimo arranque al encuentro en ataque y lo pagó ya hasta el final. Con menos de cuatro minutos de encuentro transcurridos, se vio ya con un 8-0 adverso en el marcador ante un Barça tremendamente pegajoso que no permitía situaciones cómodas. Necesitaron los de Ponsarnau casi cuatro minutos para conseguir su primera canasta en juego, obra de Hilliard, y para entonces los anfitriones ya habían consolidado su dominio. El conjunto vizcaino quedó empequeñecido, timorato ante la agresividad de una defensa azulgrana que le arrebataba oxígeno, clarividencia y espacios. El técnico de los hombres de negro tuvo que parar el choque cuando la desventaja llegó a los dobles dígitos pero no hubo solución, cerrándose el acto inaugural con un contundente 21-7 tras el triple de Joel Parra.
Sin recursos
Y las cosas no fueron ya a mejor, sobre todo porque el gigantesco Youssoupha Fall, desde su atalaya, se mostró en ataque superior a cualquiera de sus pares mientras que para los visitantes sumar puntos seguía siendo un absoluto galimatías. Acciones individuales de Pantzar y poco más, fallando incluso Hlinason y Frey dos tandas de tiros libres y Krampelj un adicional. Un auténtico espanto. Con el 29-9 en el marcador, enlazar dos ataques con suministro de puntos era artículo de lujo. Porque el trabajo atrás no era malo, pero lo de la parcela ofensiva no había por dónde cogerlo. Y menos mal que Krampelj, con acciones de pura lucha, aportaba un mínimo de vida a los guarismos de un Surne Bilbao que alcanzó el túnel de vestuarios en el ecuador de la cita con un muy negativo 41-23 y con el susto de la torcedura de tobillo de Normantas en la penúltima acción del segundo cuarto, aunque posteriormente pudo regresar a la acción.
Todo perdido
Tras la reanudación, el conjunto vizcaino encontró, por fin, un suministro más regular de puntos, pero sirvió de muy poco. Pensar no ya en darle la vuelta al marcador sino únicamente en la posibilidad de poder inquietar al Barça era una auténtica quimera. Todo estaba ya absolutamente sentenciado. Y es que al conjunto azulgrana le bastaban con los zarpazos de Parra, dañino desde la larga distancia, Toko Shengelia o Will Clyburn para continuar a lo suyo. Y si nada funcionaba, balones a Fall a un palmo del aro y asunto arreglado. Con ese panorama, que cristalizaba en un 63-38 a doce minutos del final, el único objetivo era ya intentar fabricar el marcador menos doloroso posible y, sobre todo, alcanzar la bocina final sin percances físicos.
Trámite
El trámite final fue duro de masticar. Indigesto. Un castigo para un equipo que ha hecho de la ambición y la rebeldía su razón de ser durante estos últimos meses y que en esta ocasión ofreció nula resistencia en el Palau Blaugrana.