Fallece Uliana Semenova, la mujer que jugó más cerca del cielo
La pívot letona que asomaba desde sus 2,13 de estatura fallece a los 73 años después de dominar el baloncesto a su antojo: entre 1968 y 1985 ganó todos los títulos continentales con la URSS y levantó quince ligas soviéticas y once Euroligas
El baloncesto femenino vivió una época en la que el centro de gravedad estaba claramente definido. Lo representaba Uliana Semenova, que acaparaba tanto espacio en las canchas como en la historia del deporte, donde los hechos sucedían a su antojo. La pívot más dominante que ha conocido el mundo fue un fenómeno deportivo, pero también cultural y mitológico. La letona se alzaba 2,13 metros sobre el parqué, pesaba 135 kilos y calzaba un 56, medidas que en aquella en la época de los 60, 70 y los 80 era más propia de relatos de ficción que de la realidad. Con ella en acción, el juego dejaba de ser una cuestión de esquemas o propuestas, sino un ejercicio de supervivencia para quienes se enfrentaban a ella. El fallecimiento de Semenova a los 73 años cierra una época quizás irrepetible: su sola presencia condicionaba los resultados de los partidos. Si jugaba, ganaba.
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Nacida el 9 de marzo de 1952 en Medumi, Letonia, territorio que estaba integrado en la Unión Soviética, su destino parecía escrito. Su estatura no pasaba ni mucho menos desapercibida: sufría acromegalia, provocada por el exceso de una hormona del crecimiento denominada somatotropa que le llevó a los 12 años a medir 1,90; mientras, el más alto de sus siete hermanos no llegaba al 1,80. Pero Semenova fue capaz de acompañar la excepcional condición física con una coordinación brillante. Facultades que acompañó con una capacidad de lectura del juego que en conjunto hicieron de esta jugadora letona alguien implacable. Cualquier plan defensivo u ofensivo era desbaratado como un soplido echa a volar a una pluma.
Semenova hace que la Unión Soviética sea invencible
Semenova fue un icono soviético, necesitado de figuras que propagasen la imagen de éxito de una nación. Con la selección de la URSS fue sencillamente invencible. Alcanzó dos oros en los Juegos Olímpicos (Montreal’76 y Moscú’80), tres mundiales y diez Eurobasket consecutivos con el combinado nacional. En sus 18 años en activo como jugadora internacional –debutó con 16–, la URSS sólo perdió un encuentro, ante Estados Unidos en 1986. A nivel de clubes, su imperiosa presencia también fue dominadora. Conquistó quince ligas soviéticas y once Euroligas con el Daugawa Riga. Semenova era el argumento definitivo. Era la gobernadora del baloncesto. Era la condena al éxito o el fracaso.
Gracias a su laureada trayectoria se convirtió en la primera persona no estadounidense, hombre o mujer, en ingresar en el prestigioso Basketball Hall of Fame. Su legado trasciende de los resultados, porque estos obligaron a centrar las miradas en esa figura colosal. Exportó la imagen del baloncesto femenino con su rostro, con su imponente presencia. No era una cuestión de marketing ni tampoco de un discurso igualitario: era una evidencia deportiva. Esa superioridad que firmaba en cada partido, sin embargo era aplicada con respeto. De ahí que quienes compartieron escena con ella, a su lado o enfrente, la recuerden como alguien disciplinado pero carente de arrogancia.
Solo se sintió una estrella en el ocaso de su carrera
En 1987, Semenova puso rumbo a España. Fichó por el Tintoretto Getafe, donde jugó unos meses, y en 1988 por el Valenciennes Orchies francés. Era la primera vez que la URSS dejaba marchar a uno de sus iconos deportivos. Al llegar a Getafe, Semenova contaba con 35 años. Tenía dificultades para andar debido a un pie seriamente dañado como consecuencia de la acromegalia que también han padecido Manute Bol o Georghe Muresan, techos de la NBA con 2,31. A pesar de ello, lideró a un equipo que luchaba por no descender a ser subcampeón. “Fue en España donde realmente me sentí una estrella del baloncesto”, confesó en un documental de Informe Robinson. Pero el trastorno hormonal que la permitió dominar dentro de las canchas la torturó fuera de ellas.
Comenzó a padecer problemas de movilidad y tuvo que someterse a varias operaciones. En una de ellas, cuando contaba con 71 años, se decidió la amputación de una pierna. En paralelo, Semenova comenzó a arrastrar problemas económicos, derivados de la imposibilidad de amasar ahorros o patrimonio como ciudadana soviética. Por ejemplo, cuando recaló en el Tintoretto Getafe, el club pagaba mensualmente por su presencia 1.100.000 pesetas, de las cuales solo podía quedarse con 52.000; el resto iba a las arcas de la federación soviética. Un detalle de su humildad se pudo apreciar cuando en el mismo documental recordaba su llegada a Madrid en 1987: “Nada más llegar me impresionó la casa tan lujosa que me dieron. ¡Una casa de dos plantas! ¿De verdad me merezco una casa tan grande?”. Nadie la había tratado antes como la figura que era.
Las ayudas económicas de sus rivales
Conscientes de la precaria situación de Semenova durante sus últimos años de vida, las exjugadoras del Club Clermont Université, que fue rival en Francia y en las competiciones europeas, decidieron en 2023 recaudar fondos para la gigante letona. “No está abandonada pero no tiene una gran pensión y debe invertir 9.000 euros para acondicionar su piso y le deberían poner una prótesis. Esperamos que participe la mayor cantidad de gente posible, porque el deporte no es sólo medallas, también es amistad, fraternidad, viajes”, manifestó Jacky Chazalon, leyenda del baloncesto femenino francés. “Nos hizo perder todas las finales. Su equipo era muy fuerte y siempre nos daban una paliza, pero son recuerdos inolvidables”, añadió. Años antes la letona ya había recibido ayudas para una operación de coxis.
Esta solidaridad con Semenova era símbolo del reconocimiento. Nunca necesitó homenajes para validar su carrera. Su figura ya estaba esculpida en la memoria colectiva. El baloncesto despide ahora a Uljana Semenova con la solemnidad de una auténtica leyenda que no necesitó titulares ni redes sociales para extender su popularidad. Se construyó la fama partido a partido, victoria a victoria, título a título. La mujer que más cerca jugó del cielo deja el mundo de los mortales para alcanzar la inmortalidad. Su sombra seguirá proyectándose sobre la pintura. Porque hay gigantes que dejan de ser visibles para convertirse en eternos.
