Parece que fue ayer cuando el mismo presidente del Athletic tiraba de resignación en su última comparecencia ante los medios de comunicación, momento en que Jon Uriarte se centró en retratar la preocupación por el mal momento de juego y resultados que arrastraban los leones. No en vano, subrayó por activa y por pasiva que el objetivo del conjunto de Ernesto Valverde se reducía a la mínima expresión, es decir a la consecución de los 42 puntos que oficiosamente marcan el listón mínimo que asegura la permanencia, un objetivo de supervivencia que contradecía las líneas ambiciosas que se habían marcado a inicio del curso empujado por lo conseguido en ejercicios recientes y con el poderío que ofrece competir en la Champions, de la que ya se habían despedido los leones. Uriarte habló el pasado 3 de febrero con motivo del balance deportivo que él y Mikel González, el director de fútbol, hicieron a mitad de temporada, una exposición en la que predominó la precaria situación clasificatoria en liga, con el Athletic situado a 3 puntos del descenso, y la ratificación de su Junta Directiva a la figura de Valverde, que vivía el pico más bajo de su tercera etapa en el banquillo bilbaino.

Transcurridas cuatro semanas de aquella comparecencia del máximo dirigente de la entidad, el conjunto rojiblanco se ha distanciado de la zona de riesgo y su objetivo en las doce jornadas de liga que resta ha dado un giro, ya que pone el foco en la lucha por una plaza europea, especialmente porque a la liga estatal le puede llegar una plaza extra por la vía del coeficiente UEFA, como ya ha ocurrido esta misma temporada. Lo cierto es que el Athletic ha presumido de hacer caja y ha recolectado, desde la reflexión del presidente, diez de los doce puntos posibles en liga, aunque ha tenido el lunar de la derrota que encajó tres semanas atrás en el primer capítulo de la semifinal de Copa en San Mamés frente a la Real Sociedad, pero y confía en rentabilizar su inercia positiva en la competición de la regularidad para optar a la remontada en el partido de vuelta de este miércoles en Anoeta y volver a disputar una final de Copa dos años después de que la que conquistó ante el Mallorca.

El objetivo, por tanto, de los 42 puntos ha caducado y prácticamente nadie en el entorno athleticzale echa un ojo a los puestos de descenso con una docena de citas para la conclusión de la liga. No es que el colectivo de Valverde maraville con sus prestaciones y de hecho no convence en su juego, salvo en la primera parte del encuentro frente al Elche en La Catedral en la que proyectó esa versión que encandila a su parroquia; y son sus buenos resultados en el mes de febrero, en el que se ha mantenido invicto en los cinco encuentros consumados en el periodo mencionado –el que le enfrentó a la Real Sociedad el pasado 1 de febrero se jugó dos días antes de la rueda de prensa de Uriarte– los que le sostienen y avalan una cierta credibilidad para lo que viene por delante, ya que el Athletic se ha convertido, gracias a sus tres victorias y un empate, en el mejor equipo de la liga, después de que ayer el Betis no pasara de las tablas ante el Sevilla, en este tramo, por delante incluso del mismo Barcelona, próximo rival de los leones en liga, el líder y que ha sumado nueve de los doce puntos posibles.

Evidentemente es la mejor tacada de este Athletic en lo que se ha recorrido de competición, aunque el duelo del sábado en Vallecas no contentó por su juego, muy pobre en la primera mitad, como así lo reconoció el mismo Valverde, y aseado en el tercio de la segunda, donde Iñaki Williams firmó el tanto que a la postre le dio un punto a un conjunto rojiblanco que se empeña en complicarse la vida en los partidos, como sucedió ante un Rayo Vallecano que se adelantó en el marcador, al igual que hicieran la Real en San Mamés y el Oviedo, el colista, en el Carlos Tartiere, situaciones que obligaron al los rojiblancos a tener que navegar a contracorriente con la ansiedad que genera, aunque salvaron los muebles en los segundos tiempos.