La crónica

No hay más con tan poco

El Athletic solo saca un punto frente al vicecolista en un encuentro muy pobre de los de Marcelino, escasos de juego, con las referencias ausentes y con dos únicos disparos a puerta

20.11.2021 | 00:43
Nico Williams, en el momento de disfrutar de la mejor ocasión del Athletic en el segundo periodo. Foto: Efe

Con tan poco, más no se puede pedir. El Athletic ejerció en el Ciutat de València de mal alumno. No aprendió la lección de lo que sucedió en su partido anterior con el Cádiz. Aquella derrota fue sonrojante y anoche la autocrítica que mencionó en la víspera Marcelino no fue suficiente.

La reflexión requiere una profundidad mayor visto lo visto en Orriols, donde el conjunto rojiblanco no solo no fue capaz de ganar al Levante, el vicecolista y el único equipo de la liga que aún no conoce la victoria, sino que tampoco lo fue de batir al conjunto más goleado de la categoría, una realidad que no deja en buen lugar a un Athletic empeñado en dejar escapar oportunidades idóneas para dar un arreón en la tabla que le convierta en serio candidato a agarrar una plaza europea a la conclusión del curso.

Los leones solo efectuaron dos disparos a los tres palos, sacaron muy poco fútbol y gran parte de sus referencias dimitieron. Son, por tanto, cuatro las jornadas que encadena el Athletic sin vencer, con una pobre suma de tres puntos sobre doce posibles, dos encuentros consecutivos sin ver puerta y la única estadística reseñable, que tampoco le debe servir de consuelo, dice que sigue siendo el único que no ha perdido aún como visitante.

El plan de Marcelino estaba cantado. Los regresos de Iñigo Martínez y Vencedor, bajas frente al Cádiz por diferentes motivos, permitían al técnico poner en liza su idea, en la que solo asomaba la incógnita de conocer al acompañante de Iñaki Williams. El asturiano se inclinó por Raúl García, probablemente porque es uno de los pocos de sus hombres que tiene gol y porque tiene un idilio particular con el Ciutat de València, donde ha marcado en las tres anteriores comparecencias del Athletic en Orriols, incluida en la semifinal de la pasada Copa, para sumar un total de seis dianas, las mismas que ha ejecutado en Mestalla y en el Benito Villamarín, sus otros estadios fetiches. Anoche no presumió de la pegada esperada, aunque el navarro aportó en otros matices que se detectan en la letra pequeña de los partidos, que suelen ser decisivos si tienen continuidad.

No se dio en este caso. Raúl ofreció dos buenas asistencias a Iñaki Williams, pero este, sobre todo en la segunda al recibir un balón en ventaja, se equivocó en sus decisiones, lo que retrata al bilbaino, al que se le reclama mucho más impacto en este tipo de acciones propias de un ariete. Ahí se centra el debate, si el mayor de los Williams es o no un nueve al más puro estilo clasista. Quizá no lo sea.

Las dos acciones gestadas por Raúl García fueron, junto a un remate de cabeza de Iñigo Martínez en un saque de esquina a los cinco minutos, los detalles más potables en ataque durante el primer acto de un Athletic que realmente no ofreció su mejor cara. Es decir, de la mencionada "autocrítica responsable" que hizo el vestuario, según su técnico, tras el fiasco con el Cádiz apenas hubo rastro.

Marcelino no debió estar satisfecho con lo que había propuesto. La creación de los leones no solo afloró a cuentagotas, sino que también generó pérdidas tontas y evitables que animaron a un Levante angustiado por su situación en la tabla y que se encontró con un número considerable de llegadas, más de las que esperaba el propio conjunto granota y el mismo Marcelino, que vio cómo en ciertos momentos su equipo se sentía demasiado exigido atrás, pese a que esa presión no tuvo consecuencias más dañinas debido a la solvencia especialmente de Iñigo Martínez y a la seguridad puntual de Balenziaga, que hicieron la vida más sencilla a Unai Simón, que no tuvo que detener en los 45 minutos iniciales balón alguno, como ocurrió también en el caso de Cárdenas, el meta local. No en vano, el Athletic, con un Berenguer desconocido y que requiere de un reseteo, no asomó el morro por sus inmediaciones, salvo en un intento baldío de Vencedor, en los últimos veinte minutos, un déficit que los rojiblancos debían corregir.

El paso por vestuarios tampoco reactivó al Athletic, por lo menos durante el tramo inicial de la reanudación. Iñaki Williams prolongó su impotencia, de Muniain, llamado a sacar de la medianía a su equipo en partidos del perfil del de ayer, no hubo noticias; Raúl García agotó su repertorio, Berenguer ni salió de su letargo... Las referencias no llegaron incomprensiblemente a engancharse al duelo y Marcelino, que reconoció el momento delicado, tiró de recursos. No le tembló el pulso y recurrió a la savia nueva. Lezama, simplemente. Llegó el momento de los Villlalibre, Sancet, Zarraga, Nico Williams y Nico Serrano, este último recambio de Villalibre, al que le ha mirado un tuerto. El de Gernika reaparecía cuatro partidos después y a los veinte minutos de presencia se volvió a romper. Otra lesión muscular que le hará parar de nuevo.

El revolcón que dio Marcelino, ya con un Vencedor más protagonista, en su línea ofensiva fue llamativo y debe sonar a mensaje. Una imagen vale más que mil palabras. Zarraga aportó una marcha más, Sancet intentó cosas y el menor de los Williams incordió cuando tuvo ocasión. Fue, además, el único que puso a prueba a Cárdenas en una acción individual, pero el meta granota impidió su estreno goleador como león. El partido se rompió en pleno diluvio sobre Valencia y a Unai Simón se le ocurrió hacer una de esas paradas que encumbran a un portero grande. El de Murgia lo es y la mano que sacó a golpeo de De Frutos, que tenía pinta de ser gol, es para guardar. Simón mantuvo su portería a cero, dato que da un punto, escaso ante el vicecolista.

noticias de deia