Athletic - Real Madrid, un clásico para degustar

El Athletic despide la liga en San Mamés con una cita motivadora y en la que quiere dañar a un Real Madrid que se juega seguir vivo en la lucha por el título

16.05.2021 | 01:17
Unai López y Vencedor pelean por un balón en la sesión matinal de ayer en Lezama.

Es uno de esos partidos que están marcados en rojo. Athletic y Real Madrid se han visto las caras en 235 ocasiones, lo que acentúa el matiz de clásico, especialmente desde que la liga echara a andar en 1928, de un duelo que nunca pasa indiferente por El Botxo. Las visitas del Madrid a San Mamés generan su punto de excitación, aunque la pandemia del covid-19 se ha encargado de arrebatar ese factor pasional en las gradas. Esta tarde, como ya ocurriera en el pasado curso, no habrá público en La Catedral, lo que rebaja la tensión ambiental, pero no el punto emocional. Es así para el conjunto rojiblanco, al que le pone enfrentarse al Madrid y, transcurridos cuatro meses, aún se rememora con una sonrisa de oreja a oreja el exitazo firmado por los leones en la semifinal de la pasada Supercopa en un encuentro memorable de los dirigidos por un Marcelino recién llegado a Bilbao. Aquel triunfo fue el origen de la conquista del que es a día de hoy el último título conquistado por un Athletic que no se juega nada a efectos clasificatorios, pero que sí lo hace como una reivindicación íntima e histórica. Da igual que hace cuatro días hiciera el ridículo ante un Huesca metido en la pomada por la permanencia o que el Madrid no pueda permitirse el lujo de tropezar. Es un clásico y, como tal, lo afrontan los rojiblancos, que hace bien poco superaron al Atlético de Madrid, líder y que sufrió todo un varapalo del que ha salido a posteriori indemne gracias a los regalos de un Barça que ha dimitido de la lucha por la liga.

Se conoce la irregularidad de este Athletic paradójicamente en la competición de la regularidad. Tantos bandazos le ha privado de optar a un billete a Europa, de la que la entidad bilbaina se ausentará por cuarta temporada consecutiva. De ahí que el conjunto rojiblanco no haya sido capaz de encadenar dos triunfos consecutivos desde hace cuarenta jornadas, tanto con Gaizka Garitano en el banquillo como con Marcelino, una pequeña espinita que quiere quitársela en estos dos encuentros finales, aunque conocedor de la dificultad de tumbar a un Madrid que enlaza 16 duelos consecutivos sin hincar la rodilla. El perfil competitivo del cuadro merengue está fuera de cualquier duda, sobre todo cuando se juega tanto esta tarde, donde, además de la necesidad de hacer sus deberes en San Mamés, tendrá un ojo puesto en lo que suceda en el Wanda Metropolitano. Si no gana en Bilbao y el Atlético sí lo hace frente a Osasuna, el título se irá para el lado colchonero a falta de la última jornada, que sí elevaría su atención en caso de que el cuadro blanco triunfe en La Catedral, como ya loo hiciera la campaña anterior.

Los dos onces diferirán sensiblemente de los que ejercieron cuatro meses atrás en la mencionada semifinal de la Supercopa en La Rosaleda. Capa y Muniain no repetirán por lesión en el Athletic, bajas a las que se suma la de Berchiche, que ya se perdió aquella cita por motivos físicos. Tampoco jugó Yeray, suplente y recién salido de una lesión, y sí lo hizo Unai Nuñez, aunque esta tarde podría reaparecer el primero, una de las dos novedades en la convocatoria, en detrimento del de Repelega. En aquel partido Raúl García, al que le supermotiva sus enfrentamientos ante el Madrid, fue el héroe rojiblanco merced a su doblete y Marcelino quizá eche mano del navarro, suplente, salvo en el Pizjuán, desde la final de Copa ante el Barça. El conjunto de Zidane se presenta en San Mamés aún con más ausencias que los leones respecto a esa semifinal. El técnico marsellés, que quizá esté ante sus últimas citas al frente del Madrid, no puede contar por lesión con Lucas Vázquez, Varane, Sergio Ramos, Mendy –la línea defensiva titular entonces–, y Kross, en cuarentena al estar en contacto con un positivo por covid-19; con lo que volverá a echar mano de algún canterano, como el lateral Miguel.

 
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