La contracrónica

El chicle no da más de sí

Garitano falla una vez más al mover el banquillo, lo cual no es noticia, aunque resulta significativo que perdiendo sentara a Villalibre, y su continuidad vuelve a estar en el aire

05.12.2020 | 01:13
Garitano da órdenes a Sancet y Morcillo antes de que estos saltaran al campo.

Se veía venir, tanto va el cántaro a la fuente que... utilicen la expresión o el tópico que más les guste, sitúense en el minuto 59 del encuentro que ayer disputó el Athletic contra el Celta y entenderán de lo que hablo. No había nadie en todo Bilbao, pero tampoco en Vigo, que no intuyera que el gol del conjunto gallego era una cuestión de tiempo. Y en efecto, este llegó. Además, por partida doble en apenas minuto y medio. El primero fue anulado por fuera de juego de Iago Aspas, pero en el segundo no hubo VAR que saliera al rescate del Athletic.

Hugo Mallo batió a Unai Simón para poner el 0-1 en el marcador mientras Gaizka Garitano y Patxi Ferreira daban órdenes en la banda a Raúl García y Unai López. Ni medio amago hicieron los técnicos para reflexionar, detenerse un segundo, mirar al marcador y comprobar que, en efecto, el Athletic iba perdiendo con media hora de juego aún por delante. Siguieron con el plan establecido, que alguno dirá y tal vez no se equivoque que viene pensado de casa, pues además de que volvieron a realizar los cambios tarde, en una decisión que resulta difícil de digerir, uno de los sustituidos fue Asier Villalibre, el mismo al que Garitano considera su único delantero centro del equipo. El otro futbolista que abandonó el terreno de juego fue Unai Vencedor. Un cambio seguramente más lógico, porque para cuando abandonó el terreno de juego estaba siendo superado por el centro del campo rival, si bien en una de sus múltiples excusas para analizar la derrota, el entrenador de Derio puso el foco en su apuesta por los chavales. "Estamos jugando con bastante gente joven y es un peaje que hay que pagar", dijo a la conclusión del encuentro.

La buena imagen del choque ante el Betis, un equipo que llegó a Bilbao sin sus dos mejores futbolistas y con una apatía impropia de la Primera División, estiró el chicle de la continuidad de un cuestionadísimo Garitano. Incluso hubo voces que hablaron de un ultimátum –el club lo negó, por cierto– en caso de derrota. La respuesta del equipo fue una goleada, la mayor en liga de la era Garitano, un juego combinativo que a duras penas se recordaba por estos lares, y un match ball salvado. El choque ante el Getafe, al menos en la primera parte, tuvo alguna similitud con el del Betis, pero en la segunda mitad el equipo volvió a las andadas. Y ayer continuó el desastre.

Y ahora, ¿qué pasará? El chicle parece no dar más de sí. El paso al frente de las dos jornadas anteriores sufrió un notable frenazo en la noche de ayer. Y el desastre ocurrió en San Mamés, donde el Athletic parecía haberse asentado con tres victorias consecutivas. No hubo una cuarta, algo que no sucede en liga en una misma temporada desde la última de Ernesto Valverde: la 2016-17.

El conjunto rojiblanco fue incapaz de ganar porque al margen de lo comentado, de esa incapacidad que viene repitiéndose casi jornada tras jornada de encontrar soluciones válidas desde el banquillo –sirvan los choques contra el Eibar y el Sevilla, si bien este último con algunos peros, como excepción–, fue incapaz de disparar entre los tres palos en todo el partido. Y son ya 150 minutos sin inquietar al portero rival, los 90 de ayer y la última hora de juego del choque frente al Getafe.

Con la Asamblea General Ordinaria a tres semanas vista, una cita que se prevé movida, el asunto de la continuidad de Garitano en el banquillo vuelve a estar candente. Hace dos semanas le salvó un triunfo y el empate ante el conjunto azulón se vio como un paso para mirar al frente. Sin embargo, el impulso no fue suficiente, el equipo volvió ayer a las andadas y el técnico a la casilla de salida. ¿O no? Habrá que ver qué decisión adoptan la Junta Directiva y la dirección deportiva. Pero urgen cambios. Ayer, cuando se cumplían dos años del nombramiento de Garitano como entrenador del primer equipo, su chicle parece no dar más de sí. Veremos qué sucede.