El Athletic y su paradoja ofrecen un nuevo tema del que hablar esta semana que acaba el viernes en San Mamés, donde aterrizará el Elche. Resulta que, gracias a que ha vuelto a enlazar dos triunfos, la clasificación dice que se halla más cerca de plaza europea que del descenso. Son números y como tales no mienten: tiene a cuatro puntos al Espanyol, que es sexto, mientras que el Mallorca, tercero por la cola, acumula una desventaja de seis puntos. En ningún caso se trata de grandes márgenes, por lo que la actual coyuntura puede experimentar un giro a la contra en otro par de jornadas; sin embargo, el simple hecho de mirar hacia arriba, aunque sea de reojo, constituye un alivio, ayuda a rebajar la tensión.
Con cierta frecuencia, la marcha del campeonato de liga da pie a resaltar la igualdad de fuerzas y cómo ese equilibrio obtiene reflejo en la clasificación. Ahora mismo, por ejemplo, son once los equipos involucrados en un monumental atasco: del octavo al décimo octavo viven expuestos a un sube y baja continuo que para algunos quizás persista hasta mayo. El Athletic figura hoy en la parte delantera de ese pelotón solo porque ha sido capaz de derrotar sucesivamente a los dos peores participantes del torneo, Levante y Oviedo, carne de cañón desde agosto.
Y es aquí donde encaja lo de la paradoja, aunque no lo sea realmente porque, según la teoría, imponerse en la competición a los adversarios menos dotados es lo normal. Lo que no es normal y además cuesta mucho asimilar es que ese par de valiosos resultados se hayan logrado exhibiendo un paupérrimo nivel futbolístico.
Esperar que el bueno se imponga al malo se entiende como una previsión fundamentada en la desigualdad de potenciales. Con el Athletic no se sabe muy bien a qué atenerse, puesto que en vez de exprimir su superioridad se pone a la misma altura que su víctima y, aparte de complicarse la existencia para solucionar el compromiso de turno puede llegar a sacar de quicio a sus seguidores. Estas reflexiones y otras de similar contenido son posibles debido al paulatino deterioro de la calidad de los equipos de la liga.
Asombro sería la reacción más natural que se puede experimentar al escuchar a Iñaki Williams contar lo que pasó en el vestuario durante el descanso del partido contra el Oviedo. Declaró que el míster les ha había apretado, que los veteranos, él incluido, dieron “cuatro gritos” al resto para que despertasen… En fin, es igual que lo de las alabanzas de que ha sido objeto Valverde por el efecto de su regañina de mitad de partido. Solo queda confiar en que la próxima bronca la eche antes del inicio, así a lo mejor se evitan desbarajustes tan irritantes. Por otra parte, tampoco fue para tanto: yendo por detrás del colista, pasar de cero a cuatro sobre diez, pues qué menos.
Por cierto, lo que vendría de perlas es que los jugadores salten al verde con “actitud competitiva”, algo que Valverde citó como indispensable para aspirar a resolver “la urgencia de puntos” que ronda al equipo. Vendría muy bien porque el siguiente rival amenaza con amargar el desarrollo del encuentro fijado para el viernes. La razón sería que, casualmente y ya es mala suerte, sucede que a tenor de las estadísticas el Elche aparece como el segundo peor equipo del último mes en la categoría: tres derrotas y dos empates le contemplan.
Dejando la ironía a un lado, merece detenerse en la siguiente circunstancia, que a la hora de la verdad puede no plasmarse, pero el genuino estilo de juego que Eder Sarabia ha establecido con la complicidad de su plantilla no es precisamente el que mejor le va al Athletic, por lo que conviene que se ponga las pilas. En la primera vuelta el cruce terminó en empate sin goles, si bien los rojiblancos lo pasaron mal, tanto que merecieron caer, destino que en gran medida evitó un sobresaliente Unai Simón.
Volviendo a esa corriente de opinión (y de deseo) que invita a elevar la mirada y concentrarse en echar el aliento en el cogote de Real, Celta y Espanyol, debe ser por las ganas que hay de aparcar definitivamente las penurias y los berrinches de los últimos meses. Por ese lado se entiende, aunque con catorce jornadas por celebrarse ese tipo de objetivos son asuntos para abordar más adelante. De momento, lo que toca es ir paso a paso, humildemente, sin subirse a la parra, puntuando aquí y allá, de manera que en un plazo prudente se esfume cualquier posible amenaza. Solo entonces, cumplida la obligación de los 42 puntos en el casillero, esa cifra mágica que establece la estadística, será tiempo de ilusionarse con un premio.
Por supuesto que nada hay equiparable a seguir ganando, especialmente si se atraviesa una época de incertidumbre como le ocurre el Athletic, que necesitaría elevar en varios enteros su fútbol.