La crónica: Valladolid 1-4 Athletic

La dirección del viento ha cambiado

El Athletic exhibe un desconocido índice de acierto rematador que hunde al voluntarioso Valladolid en un partido que discurrió demasiado abierto

09.03.2020 | 01:39
Iñaki Williams celebra con rabia el tercer gol del Athletic, con el que los rojiblancos sentenciaron el partido.

Masip; Joaquín, Olivas, Salisu; Pedro Porro, Alcaraz (Min. 60, Toni Villa), Míchel (Min. 46, Hervías), Nacho; Plano (Min. 77, Ben Arfa), Sandro y Ünal.

ATHLETIC: Simón; Lekue, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Dani García, Unai López (Min. 53, Vesga); Williams (Min. 88, Aduriz, Sancet (Min. 75, Muniain), Cordoba y Raúl García.

Goles: 0-1: Min. 3; Unai López. 0-2: Min. 24; Raúl García. 1-2: Min. 77; Sandro. 1-3: Min. 87; Williams. 1-4: Min. 90; Córdoba.

Árbitro: Munuera Montero (Comité Andaluz). Mostró cartulina amarilla a Ben Arfa (Min. 89), del Valladolid, y a Unai López (Min. 49) y Raúl García (Min. 80), del Athletic.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo séptima jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio José Zorrilla ante 21.632 espectadores. Con motivo del 8-M, las abonadas con mayor y menor antigüedad del Valladolid realizaron el saque de honor. Los jugadores del Athletic mostraron camisetas con los nombres de las mujeres más importantes de sus vidas.

La semana más productiva de la temporada culminó ayer en una goleada a añadir al triunfo sobre el Villarreal y el pase a la final de Copa. No es un pleno de resultados, pero hasta la derrota de Granada resultó favorable a los intereses del Athletic. Algo ha cambiado y de manera radical. Podría explicarse diciendo que la novedad estriba en la dirección que de repente ha tomado el viento. Ya no sopla en contra, se ha puesto del lado de los hombres de Gaizka Garitano y su efecto difumina errores e inspira aciertos. El Athletic ha dejado de ser ese grupo que hasta hace un par de semanas era víctima favorita del infortunio. Ahora nada se le tuerce. Al contrario, la suerte le sonríe y revaloriza sus virtudes. Lo que antes no le salía bien, incluso en las tardes en que sus méritos superaban a los del rival, hoy sale redondo, a pedir de boca.

Ayer en el Nuevo José Zorrilla, la nueva inercia, ese viento de cola, se tradujo en un marcador inimaginable: le metió cuatro a un Valladolid que le dobló en el capítulo de llegadas y remates. Se asistió a un partido abierto como no se recuerda otro, el balón rondó las áreas con una frecuencia exagerada y la explicación estuvo en la gran cantidad de concesiones defensivas realizadas por el Athletic. Sin embargo, mientras el Valladolid se sumía en la desesperación ante el goteo de situaciones propicias malgastadas, los rojiblancos exprimieron a fondo cada oportunidad.

La victoria empezó a labrarse en un golpe franco que Unai López estampó en la red sin haber roto a sudar. Lo curioso fue que esa ventaja no marcó la pauta del encuentro. Aunque hubo alternativas en el dominio, en general la iniciativa fue local. El cuadro pucelano intentó hasta la extenuación equilibrar el resultado, pero no solo le fue imposible sino que recibió un segundo mazazo mediado el primer acto. Cuando cerca del final por fin abrió su casillero y creía estar cerca del objetivo, le cayeron dos goles más. Aparte de que los delanteros del Valladolid no figuren en puestos distinguidos en el ranking de depredadores del área, no cabe duda de que la clave del llamativo desenlace, en absoluto acorde al desarrollo del juego, radicó en la extraordinaria puntería de que hizo gala el Athletic.

Le costaba lo que no está en los escritos meter no cuatro sino una, son incontables las jornadas en que su esfuerzo quedó penalizado por un déficit de pegada que ya se asume como irresoluble, y ayer le entró prácticamente todo lo que intentó. Cómo sería la cosa que hasta Córdoba colaboró en la fiesta y rematando con el pie derecho. El generoso extremo se merece algo más tangible que ser nombrado talismán del equipo. Se dirá que es casualidad, aunque ha sido volver él a asomar el bigotillo y empezar a enlazar éxitos. También Unai López pudo sentirse importante con su zapatazo por encima de la barrera, pero su porvenir se antoja más incierto: volvió a ser el primer relevado.

BATALLA TÁCTICA Garitano refrescó la alineación con Lekue, Dani García, Unai López, Sancet y Córdoba, cinco que no fueron titulares en Los Cármenes. La operación seguramente afectó a la solidez del bloque, que tampoco supo replicar al dibujo inicial de tres centrales que eligió el Valladolid. Con 0-1, el balón silbó los oídos de la zaga y el portero del Athletic a cada minuto. El panorama obligó a Garitano a adoptar el mismo esquema que el rival, con Yuri centrado y Córdoba en el lateral, y la medida cundió. Remitió la ofensiva del anfitrión y el Athletic salió de la cueva, pudo estirarse. Yuri, impresionante su modo de ganar metros, lanzó un misil de advertencia y al de poco contactó con Córdoba, quien templó con gusto al segundo palo. Allí se elevó Raúl García cabeceando picado. De manual. Cazó el centro en la coronilla del central Salisu, sembrado en tres de los cuatro goles.

Entonces, Sergio González, en su afán por subsanar con la pizarra la impotencia de sus jugadores, optó por la defensa de cuatro. En la segunda parte haría más retoques, en vano, pues el problema pucelano era de instinto, no de colocación. Antes del descanso, Unal, un auténtico fajador, mandó al limbo un par de oportunidades de libro, en la segunda molestado por Lekue. Tal era el caudal de aproximaciones del anfitrión que el 0-2 parecía increíble. No obstante, apuntar que Simón no necesitó hacer una sola parada. En la reanudación siguió igual, pero Sandro le clavó un tiro con mucha rosca y bote, además de que falló en un palmeo que Unal no pudo dirigir a puerta. Pararon más que Simón sus compañeros, ejerciendo de escudo humano ante disparos cercanos o despejando en boca de gol, como hicieron Iñigo, Yeray y Raúl García a la salida del enésimo córner.

La ofensiva del Valladolid, agobiante por momentos, careció de continuidad. Una de las razones, al margen de que no hay carga que noventa minutos dure, probablemente tuvo que ver con el factor anímico, pues no debe resultar muy sugerente comprobar como el oponente no sufre un rasguño y encima va por delante sin exponer un ápice. No necesitó el Athletic arriesgar, iba ganando, pero tuvo fases en que manejó muy correctamente la pelota, contemporizó y se proyectó en ataque. La presencia de Dani García se notó, Sancet aportó soluciones prácticas recibiendo de espaldas, y la sociedad Yuri-Córdoba es un incordio para cualquiera.

No pareció que el Athletic se conformase con conservar la renta, solo que el Valladolid se jugaba mucho en el envite y su repertorio creativo no es moco de pavo, pese a que carezca de filo en los últimos metros. Garitano anduvo inquieto en la banda, le molesta especialmente ver que la estructura cede y ayer eso pasó bastantes más veces de lo habitual, y trajo el 1-2. Como todos, el técnico respiró en el instante en que Williams embocó a puerta vacía tras rebañar una horrible cesión a Masip, obra de Salisu, el mismo que en un centro de Dani García desvió hacia Córdoba, que aún corría en el tiempo extra y apareció lejos de su zona para estrenar cuenta.

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