Iñigo Córdoba

El palo y la zanahoria

16.01.2020 | 06:19
Iñigo Córdoba se lanza a por un balón en un momento del entrenamiento de ayer en Lezama.

Iñigo Córdoba no logra asentarse en un año donde sus constantes sustituciones, varias en el descanso, le sitúan a medio camino entre el grupo de los titulares y el de los suplentes

Bilbao - Cada jugador es una historia particular, aunque en este Athletic hay bastantes que son parecidas dado que la plantilla está dividida en dos grupos bien definidos: los titulares y los suplentes. Aquellos que actúan con gran asiduidad presentan números importantes y similares, mientras que el resto se ha de conformar con intervenciones esporádicas y estadísticas discretas. Una realidad construida a lo largo de la primera mitad de la campaña porque, gustos de Gaizka Garitano al margen, el equipo ha afrontado un calendario asequible, sin apenas partidos en días laborables. Así que están los que juegan siempre y los que entran muy de vez en cuando. Y en el medio de ambos grupos, ni en uno ni en el otro, Iñigo Córdoba.

Si se toman sus datos y la trayectoria descrita desde agosto, no le alcanza para ser considerado como un fijo, pero tampoco figuraría entre quienes acceden a las alineaciones básicamente por indisposición de algún compañero. El de Córdoba merece ser calificado como un caso singular, pues en los últimos cinco meses habita en una zona fronteriza, en una especie de limbo. A la vista de cuanto le está sucediendo, resulta aventurado apuntar en qué dirección irá su futuro, si tirará hacia arriba, se quedará donde está o decaerá su presencia en el equipo.

De cara a lo más inminente, por ejemplo, que es el cruce con el Celta, cómo desentrañar el misterio que rodea a este futbolista de 22 años que cumple su tercera campaña en la plantilla. Su nombre ni siquiera ha aparecido en las cuatro convocatorias más recientes, aunque al parecer fue excluido de la cita copera de Las Llanas por enfermedad. Lo cierto es que lleva un mes sin competir, desde que el Eibar visitase San Mamés. Entonces, fue titular si bien solo aguantó un tiempo, en el descanso fue relevado, algo que no es común en el Athletic salvo si se trata de Córdoba. Con la mencionada son cuatro las ocasiones en que el entrenador ha reducido su participación a la primera parte. De Marcos y Raúl García también han sido suplidos en el intermedio, pero por lesión, no por criterio técnico.

Al dato, de por sí significativo, se añaden otros en la misma línea: de las once veces en que Córdoba ha formado parte del once titular, solo en dos ha podido completar el partido (frente al Espanyol y Osasuna) y hasta en siete oportunidades ha sido el primero en dejar su sitio a un compañero. Como se ha señalado, a menudo en el entreacto. De lo que se deduce que se trata de la pieza más prescindible de las que suelen jugar de salida. Si Garitano necesita cambiar algo sobre la marcha, recurre al comodín Córdoba, ya sea para potenciar el ataque o reforzar la defensa.

muy poco gol Desde luego, a partir de su incidencia en términos de llegadas, remates o centros, su nombre estaría por detrás de los de Williams, Raúl García o Muniain, trío que en condiciones normales nunca falta a la cita. Pese a ocupar una demarcación ofensiva, Córdoba aún no ha sido capaz de destacar por sus goles. Que haya firmado uno en 79 encuentros ahorraría cualquier debate en torno a esta cuestión. Sin embargo, hay una serie de facetas del juego en las que su labor sí se deja sentir y casualmente casan muy bien con la propuesta futbolística del Athletic de Garitano.

En un conjunto que basa su fortaleza en el trabajo sin balón, Córdoba no le hace ascos al trabajo, de modo que sus cualidades técnicas, sobre todo en controles y conducción, quedan en un segundo plano ante el despliegue que realiza para colaborar en la presión, cubrir un amplio espacio de terreno y ayudar permanentemente al lateral de su costado. Es obvio que el desgaste que invierte en desarrollar los aspectos enumerados le resta frescura para gestionar los lances con balón, donde lógicamente el lucimiento es mayor. La consecuencia de todo ello sería que pese a que el colectivo se beneficia y el entrenador aprecia su aplicación, Córdoba no logra conectar de la misma manera con la afición. Prueba fehaciente de la escasa comprensión que recibe serían las críticas recibidas en partidos de casa.

En octubre salió en su defensa Garitano, quien molesto por las reacciones de la grada alabó su entrega y recordó su juventud así como su condición de producto de Lezama para solicitar paciencia y aplausos. El problema para Córdoba estriba en que aparte de que un sector del público no le valore en su justa medida, el técnico no lo compensa con una serie de decisiones que le señalan como el elemento más frágil de la alineación tipo que maneja. Desde fuera se diría que con Córdoba opera el método del palo y la zanahoria, lo que impide su asentamiento en una fase de su carrera en teoría propicia para ello.

La cifra

696