la crónica del derbi en San Mamés (2-0)

Intratable en San Mamés

El Athletic se sitúa en la cima de la clasificación al encadenar su tercer triunfo en casa, esta vez a costa de un Alavés ultradefensivo al que pudo golear

BLOGS: ATHLETIC RISAS CLUB: AiTHOR Elizegi

09.02.2020 | 16:03
Athletic - Alavés.

El Athletic se sitúa en la cima de la clasificación al encadenar su tercer triunfo en casa, esta vez a costa de un Alavés ultradefensivo al que pudo golear

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ATHLETIC: Unai Simón; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Dani García, Unai López (Min. 62, Beñat); Muniain (Min. 79, Lekue), Raúl García, Ibai; y Williams (Min. 84, Aduriz).

ALAVÉS: Pacheco; Ximo Navarro, Laguardia, Ely (Min. 62, Martín), Duarte; Pina (Min. 79, Pere Pons), Manu García (Min. 56, Lucas Pérez), Wakaso; Aleix Vidal, Joselu y Luis Rioja.

Goles: 1-0: Min. 38; Raúl García, de penalti. 2-0: Min. 72; Muniain.

Árbitro: Gil Manzano (Comité Extremeño). Mostró tarjeta amarilla al local Unai Simón (Min. 86), y a los visitantes Ely (Min. 7), Aleix Vidal (Min. 15), Duarte (Min. 37) y Laguardia (Min. 70).

Incidencias: Partido correspondiente a la quinta jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 45.153 espectadores, según datos oficiales. Antes del partido, el Athletic tributó un homenaje al exjugador de ambos equipos Gaizka Toquero, recientemente retirado.

Bilbao - Ha dejado de ser noticia que el Athletic saque adelante sus compromisos de casa, aunque bien mirado la estadística que acumula es merecedora de atención y, cómo no, de reconocimiento. En San Mamés funciona como un martillo pilón, no permite ni la más mínima alegría a los rivales sin importar demasiado el plan que traigan. Ayer se sabía que el tipo de propuesta del Alavés es muy distinto al de anteriores visitantes, el Barcelona y la Real, pero para el caso fue lo mismo. Los de Gaizka Garitano saltaron a desarrollar su idea, cierto es que les costó agujerear la coraza de un enemigo que no engaña a nadie y vive persuadido de su contrastada solidez defensiva, pero en el cómputo del derbi estableció una superioridad incontestable. Tanto que puede afirmarse que el conjunto babazorro decepcionó, impotente para alterar el pulso de un Athletic mandón de cabo a rabo.

Como bien explicó luego el entrenador, de salida hubo que asumir un ejercicio de paciencia como paso previo para aspirar al triunfo. Paciencia de los futbolistas, contenidos y asimismo tremendamente previsibles en sus maniobras, y también de los aficionados. Quizá para estos el espectáculo resultó más indigesto aún, pero esto está montado así. Si al Alavés no le importa permanecer replegado en su terreno el tiempo que haga falta, sin más objetivo que proteger a Pacheco, el Athletic no estaba por la labor de arriesgar lo más mínimo. Con un porcentaje de posesión abrumador, durante media hora larga la pelota anduvo en zona de nadie, a la espera de un chispazo que alterase un panorama que lo único que garantizaba era el cero a cero. La verdad es que no veía por dónde podría saltar.

Fue preciso aguardar casi hasta el descanso para que el partido registrase una acción al margen del aburrido guión al que se atuvieron los contendientes. El primer despiste colectivo del aguerrido y ordenado entramado diseñado por Asier Garitano propició un penalti, como una catedral, pese a la tardanza del VAR y del árbitro en consultar las imágenes. Raúl García puso la pelota cruzada y rasa en el lateral de la red, donde el portero nunca llega, y pese a que Pacheco adivinó la dirección San Mamés alcanzó el intermedio luciendo una sonrisa. Había valido la pena aguantar el tostón, el Athletic albergaba motivos para celebrarlo pues con la presencia que tuvo en ataque es inviable aspirar a más. Máxima efectividad y quedaba por ver cuál era la réplica de un Alavés al que ya no le bastaba con destruir.

Y lo que vino después sirvió para certificar la distancia que separa a los equipos en términos de calidad. La sensación de seguridad transmitida desde el comienzo por el Alavés saltó por los aires en cuanto se vio en la tesitura de ganar metros y ligar algo de juego. Tras un breve toma y daca, empezó el Athletic a conseguir la profundidad que tanto se había echado en falta. Había espacios para correr, la firmeza posicional del Alavés se diluía y se fueron sucediendo las llegadas. La grada se lo pasaba en grande. Unai Simón continuaba de miranda, mientras a Pacheco se le multiplicaron los agobios. A él y a sus zagueros, así como a Pina o Wakaso, que dejaron de ser lo fieros que aparentaron cuando renunciaban abiertamente a construir fútbol.

WILLIAMS, EN TODAS Muniain tuvo una ocasión idónea para ampliar la cuenta, recibió solo una peinada de Raúl García después de robo y buen centro de Williams, pero el chut del capitán fue un horror. Al minuto insistió Williams, con un derechazo impresionante desde el vértice izquierdo del área visitante que se incrustó en el larguero. El gol de la tranquilidad se mascaba, no lograba el Alavés salir de su terreno y conectar con un ataque reforzado con Lucas y el Athletic apretaba a fondo el acelerador. Consecuencia de todo ello, una nueva escapada de Williams, que resurgió en la segunda mitad y dejó su sello en varias jugadas reseñables, sirvió al punto de penalti el balón perfecto para fusilar. Pero Ibai apuntó mal y Pacheco pudo repeler, ya no impedir que Muniain se anticipase para empujar con la puntera sobre la misma línea.

Listo. Misión cumplida. Atrás quedó la interminable sucesión de pases sin mordiente, el trote cansino había desembocado en puro vértigo, excesivo para el Alavés, muy plano en sus combinaciones y demasiado expuesto al ritmo abrasador que los rojiblancos imprimen a sus evoluciones en cuanto se sienten libres para proyectarse. El pobre repertorio en estático se transforma en un torbellino en situaciones favorables como la que provocó el derribo de Duarte a Williams en el primer período.

Todos los problemas que acusa el Athletic frente a un muro, y el de ayer era especialmente grueso, le ponen en evidencia. Carece de recursos para dotar de agilidad a la distribución y tampoco se distingue por poseer hombres arriba que encaren y resten enemigos, de ahí que el Alavés viviese muchos minutos sin sufrir un rasguño. Pero el asunto experimenta un vuelco si por azar, perseverancia o lo que sea, caza una y coge ventaja. Sucede además que si en algo es fiable es en tareas de contención. Un gol en cinco jornadas. Su rigor defensivo nunca decrece, de ahí que saliesen a flote las deficiencias del Alavés en su afán por forzar la igualada. El último tramo del derbi, salvo por la reaparición de Lekue, estuvo de sobra. El Athletic se estrena como líder de la categoría.

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