La era Urrutia arroja un balance deportivo inigualable
Pese a la negativa coyuntura actual, el mandato de Josu Urrutia, que mañana asistirá a su último partido desde el palco, arroja un balance deportivo inigualable en la historia moderna del club bilbaino
MAÑANA, con motivo del duelo liguero con el Valladolid, Josu Urrutia ocupará por última vez el asiento principal del palco de San Mamés. Lo hará en calidad de cabeza visible de la Junta Rectora después de hacerlo como presidente del club ininterrumpidamente desde el verano de 2011. En la siguiente ocasión en que el Athletic juegue de local, el 10 de enero contra el Sevilla, habrá otra persona sentada en ese lugar. Su identidad se conocerá en breve y dependerá del escrutinio de las elecciones a las que se presentan Alberto Uribe-Echevarría y Aitor Elizegi. En realidad, quien venza en las urnas se estrenará el 7 de enero como máximo dirigente en partido oficial al frente de la expedición rojiblanca en Balaídos.
Es por tanto un momento adecuado para repasar lo realizado en el área deportiva por la directiva saliente a lo largo de casi ocho ejercicios. De entrada, es imposible sustraerse a la evidencia de que el adiós de Urrutia coincide con el pico más bajo en el rendimiento del Athletic. Una instantánea que contrasta con la panorámica, pues los logros y la imagen que en general han caracterizado la trayectoria del equipo bajo su dirección han tenido un signo bien diferente. La vigente no es la primera crisis que ha gestionado Urrutia. Ni la segunda ni la tercera, pero en ningún caso a estas alturas estuvo el equipo en plaza de descenso. Prueba de la dimensión real de la crisis, la reciente destitución de Eduardo Berizzo, iniciativa que el propio Urrutia adoptó en vista de la inquietante deriva que había tomado el asunto.
Urrutia lidió coyunturas incómodas con Marcelo Bielsa, Ernesto Valverde y José Ángel Ziganda, aunque nunca con registros tan paupérrimos. Las sensaciones y la clasificación a día de hoy son bastante peores que en la campaña anterior, sin duda la más floja de todas. Pero a pesar de la fuerte decepción que provocó el turno de Ziganda, lo cierto es que jamás estuvo en posición tan comprometida, ni por estas fechas ni a la conclusión de la Liga. No existió el riesgo de descenso que hoy se palpa, propiciado por una racha de trece partidos sin catar la victoria.
origen de la crisis Se tiende a explicar la actual tesitura, grave aunque reversible, como una prolongación de la etapa de Ziganda. Sin embargo, el origen del paulatino retroceso observado en el rendimiento de una plantilla acostumbrada a brindar éxitos a la afición se debería situar más lejos. Quizá porque culminó con el billete que daba derecho a participar en la Europa League no se percibió con claridad que el Athletic perdió tensión competitiva y el juego se vulgarizó, pero el año de despedida de Valverde establece un cambio de registro en el rendimiento del equipo que todavía se arrastra.
A Valverde le sobró ese cuarto año al mando y Ziganda heredó una inercia que no acertó a voltear, no tanto por falta de aptitud propia sino por la actitud de un vestuario que, desprovisto de crédito, para cuando se percató de su error de cálculo ya no tuvo fortaleza para reaccionar. Berizzo llegó para instaurar un punto y aparte, pero fracasó porque su método, un estilo de juego muy particular, no encajaba con las capacidades del plantel. Tal fue su empecinamiento que a Urrutia no le quedó más remedio que relevarle y apelar a un Gaizka Garitano que enseguida demostró tener los pies en el suelo y no ha tardado en deshacer cuanto se había trabajado desde el verano.
Sin duda, este recorrido sintetizado de los acontecimientos más cercanos en el tiempo condiciona la valoración del sello que Urrutia ha imprimido en el área deportiva desde el primer día de gobierno. La memoria, aparte de selectiva, tiende a ser muy cortoplacista. Si el análisis se circunscribe a lo más próximo, se corre el peligro de desvirtuar una labor que objetivamente merece ser calificada con nota alta. De hecho, con Urrutia el Athletic ha protagonizado el ciclo más brillante de la historia moderna del club, algo que obedece a que la mayoría de las decisiones tomadas en Ibaigane contribuyeron a ello.
En cualquier balance deportivo de un mandato presidencial se han de considerar muchos parámetros. La mayoría están conectados entre sí y sus consecuencias tienen un reflejo directo en el comportamiento del primer equipo. Está el modelo de juego, la elección de entrenadores y responsables técnicos, el proceso formativo en Lezama, la red de captación, los fichajes, los descartes, los contratos, etc. En fin, un cúmulo de factores que exigen de los dirigentes conocimiento de causa, criterio, visión, perspectiva, pulso firme y, por supuesto, que la fortuna acompañe en las dosis precisas para llevar a buen puerto un plan concreto, pues hoy como ayer el fútbol está muy mediatizado por la imprevisibilidad.
conquistas Esta ley eterna afecta asimismo al fútbol femenino, que lleva un ritmo propio, aunque detrás haya un enfoque que, a su escala, bebe de las mismas fuentes filosóficas y organizativas. No obstante, la referencia principal, lo que condiciona la percepción del socio y el aficionado, siempre son los resultados del Athletic masculino. Y cabe afirmar que la era Urrutia trajo a la institución un salto cualitativo que le distingue de las etapas precedentes. A partir de una concepción futbolística definida por el perfil de los profesionales que se han ido sucediendo en el banquillo, la tarea desarrollada se plasma en una serie de conquistas que reunidas se traducen en el mejor saldo de las tres últimas décadas.
Solo en dos de las ocho temporadas ha faltado el Athletic en el escaparate continental, levantó un título, la Supercopa 2015 frente al Barcelona, y disputó tres finales, dos de Copa y una de Europa League. Son los datos, el fruto de una labor más que notable que sin embargo asoma oscurecida por un presente desalentador. Hasta un punto es comprensible que el descontento se abra paso y que en un contexto electoral la figura de Urrutia sea diana fácil para cualquier clase de crítica, fundada o no.
En este sentido se han juzgado inoportunas las renovaciones de Balenziaga y De Marcos, no así la salida de Berizzo o que haya tomado las riendas Garitano. Decisiones de índole deportiva, todas. También la fecha de las elecciones ha sido objeto de controversia, si bien los candidatos a cogerle el relevo han preferido obviar en sus mensajes a quien, se diga lo que se diga, supo establecer una línea de la que no se desvió, lo cual conllevó disgustos y polémicas subidas de tono, sobre todo a cuenta del adiós de ciertos futbolistas o la generosidad de las fichas. No obstante, al cabo de estos ocho años cuestionar que el Athletic ha agradecido profundamente la mano de Urrutia en el ámbito deportivo no deja de ser una temeridad. Hoy los árboles pueden ocultar el bosque, pero ante la elocuencia del balance global ceder a una visión tan parcial y cerrar los ojos viene a ser lo mismo.