La terapia de choque cunde
Pese a que la tabla sea aún fiel reflejo de una situación complicada, frente a rivales desahogados el Athletic ha transmitido sensaciones que permiten creer en una sólida reacción
Bilbao - Todavía no se aprecia con nitidez en la clasificación el efecto producido por el cambio de entrenador. Se debe a que el Athletic partía de una posición muy baja cuando Gaizka Garitano relevó a Eduardo Berizzo y a que únicamente se han disputado dos jornadas. La suma de cuatro puntos ha sido insuficiente para escalar y sin embargo las sensaciones empiezan a ser muy diferentes. Antes ni siquiera se adivinaba la posibilidad de una reacción y ahora hay síntomas que invitan a la esperanza. Dentro de la precariedad objetiva en que se mantiene el equipo, cabe extraer algunas conclusiones positivas del comportamiento de los jugadores, que vuelven a competir con opciones de llevarse los puntos.
Los cruces con el Girona y el Alavés han demostrado que ateniéndose a principios futbolísticos muy básicos, propios de una situación apurada, el Athletic es capaz de equipararse o superar a rivales cómodamente instalados en la tabla. Los últimos rivales habían hecho muy bien sus deberes hasta la fecha y disfrutaban de una holgada ventaja, sobre la decena de puntos. Su funcionamiento era envidiable, incluso podría catalogarse de excelente habida cuenta el potencial de las plantillas dirigidas por Eusebio Sacristán y Abelardo Fernández. Se movían a una velocidad superior, incomparable, hasta que se han medido a una versión del Athletic simplemente seria y se ha comprobado que no era para tanto.
No lo era o sí, según se mire. En realidad, si parecían inabordables era porque el Athletic rendía muy por debajo de su nivel. Era la mala praxis propia lo que agrandaba la imagen del Girona, el Alavés y tantos otros. En cuanto se han revisado tres conceptos elementales y puesto los medios precisos para armar un bloque organizado y equilibrado, solo con eso, la relación de fuerzas ha experimentado una modificación en favor del Athletic.
Garitano está pulsando las teclas adecuadas y no ha hecho más que iniciar su etapa. El equipo le sigue y ya saborea cierta dulzura en un paladar maltratado por la sucesión de platos indigestos. Trece partidos consecutivos sin conocer la victoria, ocho empates y varios de discutible legitimidad, habían generado una profunda desconfianza en el entorno y también en la plantilla, que hablaba de bienestar y sufría lo indecible en cada actuación.
La victoria a todas luces corta e inmerecidamente angustiosa sobre el Girona en San Mamés y la igualada arrancada a costa de un Alavés no habituado a verse maniatado en su estadio, suponen un salto cualitativo importante. Estos 180 minutos constituyen la prueba de que el Athletic posee argumentos de entidad que pueden sacarle del lío en que se había metido y aún se halla. La certeza de que Garitano no se va a equivocar, en el sentido de que va a insistir en aplicar su particular terapia de choque mientras haya más rivales por delante que por detrás, sería la garantía de un futuro halagüeño. Junto, por supuesto, a la implicación de sus subordinados, la mayoría rápidamente adaptados al nuevo librillo que rige en el vestuario.
INIMAGINABLE Causa hasta sorpresa que de repente el Athletic haya dejado de conceder en defensa y presente un balance impecable de tres partidos, incluido el de Copa celebrado en Huesca, sin recibir gol; que muestre entereza, que no decaiga o se deje avasallar en las fases en que el rival intenta apretarle las tuercas; que la fragilidad física que convertía cada cita en un trámite peligrosamente largo haya desaparecido y se observe un ritmo sostenido del uno al noventa. Todo lo anterior era una realidad inimaginable a principios de mes. Pero conviene abonarse a la prudencia y a la paciencia. El entrenador no se cansa de repetir que el asunto va para largo y la razón le asiste, puesto que el Athletic carga con una pesada responsabilidad que lastra su comportamiento.
Hay un avance palpable en la faceta defensiva gracias a la colocación y la elección de las piezas, pero el margen de mejora en la creación es evidente. Las líneas se mueven más juntas y acompasadas para recortar espacios, se apuesta por los marcajes zonales y además Garitano aboga por un estilo más directo para desplegarse en ataque. Elaboración justa en terreno propio y a poder ser con una salida orientada a bandas, espacio donde se reducen los riesgos en caso de pérdida, aunque los laterales, como se les pide, suban constantemente. El objetivo prioritario es adquirir consistencia atrás; si se logra, lo demás vendrá.