bilbao - La manía de transformar la alineación de un día para otro no es nueva en el Athletic. Valverde no tenía inconveniente en abonarse a dicha práctica y tampoco Ziganda. Sin embargo ni antes ni ahora se han visualizado los beneficios de cambiar radical, repentina y esporádicamente la fisonomía del equipo. La densidad del calendario se ha esgrimido como disculpa o justificación cada vez que se ha adoptado una medida tan extrema. Saltar al campo con nueve, ocho o siete jugadores que no participan con asiduidad en la competición solo puede catalogarse como un brindis al sol, una forma casi infalible de opositar a la derrota, además de que transmite un mensaje improcedente a la plantilla, a los titulares y a los suplentes.

Existen ejemplos de sobra que ilustran la inconveniencia de este método en los últimos cursos, pero siendo tan reciente lo del domingo no merece la pena tirar de hemeroteca o de memoria. El Athletic utiliza un equipo base, salvo en defensa por causas de fuerza mayor, desde hace bastantes semanas. Sería el que empató en casa con la Unión Deportiva y seis días más tarde ganó bien en Moscú. Tocaba después acudir al Metropolitano, ciertamente sin margen para recuperar y preparar la cita. La visita a un auténtico hueso intercalada en la ronda de Europa League, que se resolverá este jueves, y a la que seguirá en San Mamés el choque con el Málaga. Este es el panorama.

Para medirse al Atlético, Ziganda optó por introducir ocho variaciones. Tres por obligación: el físico de Yeray reclamaba un respiro y estaban suspendidos Aduriz y Raúl García. Al resto los reservó, lo cual hizo coincidir en el equipo a muchos hombres fuera de forma o sin confianza, de hecho no disfrutan de continuidad, no cuentan en sus planes. De entrada, la elección no parece la más acertada para afrontar con un mínimo de garantías el duelo a domicilio con una escuadra que se distingue por su consistencia y voracidad.

En estas ocasiones, el entrenador suele referirse a la oportunidad que brinda a los menos asiduos, cuando en realidad salta a la vista que se trata de un regalo envenenado. Se intuye en los prolegómenos y se confirma sobre la hierba. La alineación del Athletic no estaba compensada, es algo que se capta desde fuera y, cómo no, desde dentro. El equipo no se sostiene, se conforma con adoptar el papel de resistente, no le alcanza para generar fútbol y menos para inquietar al rival. Lo comentado no excusa a los futbolistas. Varios pasaron como alma en pena por el Metropolitano, incapaces de reivindicarse o mostrar un punto de amor propio o rebeldía.

La derrota llegó por inercia. Una más en un contexto de necesidad. Es probable que se hubiese perdido con una fórmula distinta, nunca se sabrá, pero la imagen global no fue de recibo, se percibió una renuncia inicial a poner los medios adecuados para aspirar a puntuar. ¿Y ahora qué? Se supone que el jueves Ziganda recibirá al Spartak con el grupo que fue titular en Moscú. Han de gestionar el estupendo 1-3 de la ida, misión que entraña una dificultad relativa, aunque ahí no acaba la cosa.

más difícil aún Si se confirma que el Athletic va con su versión A en la Europa League, donde el pronóstico le favorece nítidamente, la pregunta es si el mismo bloque repetirá el domingo, en un encuentro que posee una trascendencia objetiva superior. LaLiga es el torneo prioritario siempre, por norma y con más razón en la actual coyuntura, con el Athletic varado en zona de nadie en la tabla, inmerso en una tendencia regresiva que se manifiesta especialmente en casa, donde acaba de firmar sendos fiascos con Eibar y Unión Deportiva. El Málaga será una ruina, por algo es el vigente colista, pero lo que genera temor es precisamente esa condición de peor de la categoría. Y conviene subrayar que ante los andaluces el partido no arranca con un 1-3 a favor, sino 0-0. Es decir, hay que marcar para añadir al casillero un triunfo inaplazable.

Si fuese que De Marcos, Iturraspe, Rico o Etxeita son víctimas de una saturación de esfuerzos hasta podría entenderse que faltaran en el Metropolitano, pero ya había otras ausencias, ninguno de ellos está sobrecargado de partidos este curso y viene el equipo de mes y medio con un único partido por semana. En síntesis, rotar consiste en poner a dos, tres o cuatro piezas distintas de un día al siguiente, lo otro es desfigurar el equipo, abocarle a serios problemas de funcionamiento, además de no fomentar la competencia en el seno del plantel abriendo una brecha entre los habituales y los que no lo son.