bilbao - El Athletic estrenará el Wanda Metropolitano con la autoestima reforzada y una alineación realmente difícil de concretar si no eres José Ángel Ziganda. En principio, para visitar a un rival que infunde mucho respeto, hay tres bajas seguras respecto a la formación que salió en Moscú, pues además de Aduriz y Raúl García, suspendidos por tarjetas, Yeray Álvarez no viajó. El central acumulaba tres partidos completos muy seguidos después de su prolongada baja y era aconsejable darle un respiro. Si se le suma que Arrizabalaga le tomará el testigo a Herrerín, ya son cuatro novedades, pero tiene pinta de que habrá alguna más y para descubrirla quizás haya que pensar en posibles retoques tácticos favorecidos por la ausencia de los dos puntas habituales, que hasta hoy no faltaban a la vez.
No es descartable que el Athletic presente un dibujo distinto a fin de ganar en presencia en la zona ancha, con más gente por dentro, una fórmula que ya probó Ernesto Valverde en el encuentro con el que se despedía del club. Resultó curioso porque era muy reacio a tocar el dibujo y encima no salió bien, pero eso no quiere decir nada porque entonces Arrizabalaga recibió dos goles en los minutos iniciales y la empresa se puso muy cuesta arriba. Caben otras alternativas y, pese a que aún esté fresco el mal recuerdo de Girona, también la de cargar la mano en la zaga, donde volverá Iñigo Martínez y, presumiblemente, Núñez. San José y Córdoba son asimismo candidatos a una titularidad que no han catado en un montón de semanas.
Y es previsible que Williams sea la referencia arriba, solo o acompañado por Sabin Merino. Entre los expedicionarios figura Kike Sola, pero pensar en que pisará el césped es mucho pensar, la verdad. Dispone de margen Ziganda para maniobrar y la apuesta que realice merecerá la pena en el supuesto de que los jugadores se muestren tan intensos y ordenados como en Moscú y en algunas de las salidas ligueras. El Athletic se desenvuelve con más gracia y obtiene resultados más interesantes lejos de Bilbao porque, como admitió ayer el técnico con otras palabras, para dominar y ser profundo en San Mamés debería mejorar la calidad de las posesiones.
Infunde mucho respeto el Atlético de Madrid. No solo al Athletic, aunque hay pocos rivales que le hayan causado tantos quebraderos de cabeza desde que es dirigido por Diego Pablo Simeone. La final de la Europa League marca un antes y un después en este duelo, históricamente presidido por el equilibrio gracias al peso del factor campo. Ahora es distinto, el Atlético le tiene cogida la medida al Athletic: le ha derrotado en ocho de los once cruces más recientes y cedido un par de empates. Da igual dónde jueguen, Bilbao o Madrid, el viejo, el nuevo San Mamés o el Calderón. Está por ver en el Wanda Metropolitano, donde hoy comparecerán por primera vez, pero es natural que el pronóstico favorezca al anfitrión.
GOL Y CRÍTICAS Hasta la fecha nadie ha conseguido ganar en el nuevo recinto colchonero en Liga, lo cual no es un dato elocuente en sí mismo porque en realidad el Atlético únicamente ha perdido un partido, contra el Espanyol en la jornada previa al paréntesis navideño. Ello explica que sea el perseguidor del Barcelona, en singular porque no hay más. Y se aferra a la remota posibilidad de chafar el paseo catalán tras verse apeado de la Champions y de la Copa. Le queda la Europa League, claro, pero por plantilla tiene la obligación de forzar la máquina en el torneo de la regularidad y ayer pasó lo que pasó en Ipurua.
Este año Simeone, acaso por aquello de que empieza a estar muy visto, ha probado el sabor de la crítica. Habituado al halago dentro y fuera de su entorno, el argentino ha sido señalado por el exagerado pragmatismo con que se maneja su equipo, líder de la categoría en el balance defensivo, pero demasiado apegado al triunfo por la mínima. Gol, defensa, victoria. Así reza su catecismo, que se ha demostrado muy válido para avanzar en Liga, no en cambio para las otras competiciones. Resulta significativo que haya ocho conjuntos que han marcado tantos o más goles que el Atlético, en posesión de una nómina de delanteros envidiable.