moscú - Decía Aritz Aduriz en la previa que ni aunque viviera en Moscú se adaptaría al frío. 48 horas de estancia en la capital rusa en pleno febrero, uno de los meses más extremos del año en estas latitudes, sirven para evaluar lo que es hacer una vida normal en esta bella ciudad. Sin embargo, anoche hizo hasta calor. Ocho grados bajo cero, cinco más que la jornada anterior, que castigó con una media de menos 13, con picos de hasta menos 16. Esos ocho grados negativos, con una sensación térmica de -14, recibieron en el Otkrytie Arena al Athletic, donde la mayoría de sus jugadores tomaron las medidas aconsejadas para abrigarse correctamente y combatir al frío, que se apoderaba en parte de las gradas, expectantes del cielo, donde caían unos finos copos de nieve en los prolegómenos y que habían sido más intensos en la franja diurna. El oro blanco, que cubre calles y parques de Moscú, tuvo un gesto de deferencia y se alejó del estadio, lo que favoreció al estado del césped, bien cuidado gracias al sistema calefactor instalado en sus profundidades. En la superficie, había quien, respecto a la colonia athleticzale, que retaba sin apuros a las bajas temperaturas y a una humedad del 92%. Otros lo pasaban peor y el castañeo de dientes les delataba. El Athletic no se congeló. Se dio una sesión de spa.
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