Moscú - “¡Pues si pasé más frío el otro día en Santurtzi tomando un vino en una terraza al aire libre!”. Lo dice Joseba, que paseaba con el abrigo desabrochado por la extensa explanada de la Plaza Roja, curiosamente vallada por las autoridades moscovitas ante la sorpresa de los transeúntes, para lucir su camiseta rojiblanca minutos después en las puertas de la espectacular y emblemática catedral de San Basilio. Eso sí, con gorro ruso, “aunque no de piel natural porque te piden un montón de rublos”, y las orejas bien tapadas. “Para adaptarse a la ciudad”, dice socarrón mientras una leve nevada dibujaba una bella estampa en el centro neurálgico del turismo en la capital rusa, que vio cómo un centenar de sus visitantes, divididos en dos grupos, lucían vestimenta athleticzale, lo que generaba la curiosidad de un puñado de turistas despistados que aprovecharon el momento para inmortalizarlo en sus smartphones. Joseba fanfarroneaba a menos ocho grados centígrados, “poco para uno de Bilbao” y avisaba que por la noche llegaría el calor al Otkrytie Arena. La sorpresa, desagradable en este caso, llegó cuando un monumental atasco, el pan de cada día en Moscú, dejó atrapados a dos autobuses con 70 hinchas rojiblancos, que entraron en el estadio con media hora de juego recorrido, con lo que se perdieron el doblete de Aduriz. La indemnización más suculenta se la dio el Athletic con un triunfo reconfortante.
- Multimedia
- Servicios
- Participación