SPARTAK: Rebrov; Kombarov, Tasci, Kutepov, Yeschenko; Fernando, Zobnin, Glushakov (Min. 75, Hanni); Melgarejo (Min. 59, Ze Luís), Promes y Luiz Adriano.
ATHLETIC: Iago Herrerín; De Marcos, Yeray, Etxeita, Lekue; Iturraspe, Mikel Rico; Williams (Min. 82, Sabin Merino), Raúl García, Susaeta (Min. 67, San José); y Aduriz.
Goles: 0-1: Min. 22; Aduriz. 0-2: Min. 40; Aduriz. 0-3: Min. 45; Kutepov, en propia puerta. 1-3: Min. 61; Luiz Adriano.
Árbitro: Benoit Bastien (Francia). Del Spartak amonestó a Luiz Adriano, Kutepov y Zobnin. Del Athletic, mostró tarjeta amarilla a Raúl García y Etxeita.
Incidencias: Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Europa League disputado en el Estadio Otkritie Arena ante casi 45.000 espectadores. El Athletic recibió el apoyo de unos 300 aficionados.
BILBAO - Seguir el fútbol es una cosa. Entender de fútbol, otra. A menudo no van unidas. Se puede disfrutar, o sufrir, y no captar realmente las claves del juego. Esto último le sucede a un elevado porcentaje de aficionados, aunque ninguno o muy pocos lo reconocerán en primera persona. Ahora bien, desentrañar el fútbol, enunciar los porqués de lo que depara un partido, explicar las causas de lo imprevisto, de aquello que no entra en los cálculos, eso ya es una asignatura que ni los especialistas más consumados dominan. Hablamos de una materia que no se imparte, que escapa a la razón, que con frecuencia choca frontalmente con la lógica. El encuentro de anoche en Moscú sería un ejemplo ideal de que el fútbol no se casa ni con nadie ni con nada. Trayectorias, sensaciones, estadísticas y demás factores a los que se otorga gran trascendencia en el análisis, de repente pierden su validez, no cuentan en absoluto porque se impone la redondez del balón.
Regresaba la Europa League y le pillaba al Athletic en su versión más deprimente de la temporada. De modo que confiar en que saldría indemne de la visita al vigente campeón de la liga rusa se antojaba improcedente. Una osadía visto lo que venía ofreciendo y el mal ambiente que con ello había generado. Casi se diría que le sobraba esta competición con los serios problemas que le acucian en la Liga, donde aún está lejos de eludir contingencias indeseables. Pero en el contexto más adverso, con el crédito casi agotado frente a un Spartak que no había perdido en su campo en la Champions y con unas condiciones climatológicas severas, el Athletic destrozó los pronósticos: lo tendría que hacer fatal el jueves en San Mamés para no entrar en el bombo de octavos.
Los tres goles que obtuvo en la primera mitad constituyen una renta impensable y más que suficiente para subir un peldaño en el continente. Habrá que ver si la victoria tiene otros efectos en el comportamiento del equipo, aunque supone un espaldarazo a su maltrecha moral. El Metropolitano, cuyo perfil asoma ahí mismo, este domingo, no es el lugar ideal para confirmar la reacción, pero lo realizado en el coqueto Otkrytie Arena debe reforzar su autoestima, demuestra que sabe competir sin necesidad de desplegar una propuesta brillante.
La goleada, aparte de confirmar que en la actualidad los de José Ángel Ziganda se sienten más cómodos a domicilio, revela que con apuntalar tres o cuatro cuestiones se codea con cualquiera. Ni siquiera hizo falta introducir cambios en el once, salieron los de anteriores partidos con Etxeita, al que quizá algún día se le reconozca su auténtica valía, Lekue en la banda opuesta a la habitual y Herrerín. Y esos hombres, entre los que merece destacarse a Yeray, se desenvolvieron con seriedad, rigor, disciplina y una eficacia impresionante cada vez que se estiraron.
La inspiración, salvo en el remate, volvió a estar ausente en el plan, acaso tampoco era el mejor marco para pretender un alza significativa en la calidad del fútbol. De nuevo costó encadenar pases, sacar provecho de la posesión, hubo un montón de pérdidas evitables y piezas que apenas se conectaron, pero se compensó con una propuesta pragmática que resultó demoledora para el Spartak. Empezó mandando el cuadro local, que tardó un cuarto de hora en visitar a Herrerín. Fue Glushakov con un chut lejano. El Athletic asumía el dominio ruso, pero permanecía ordenado y los centrales, contundentes.
ZARPAZOS A un segundo intento a cargo de Luiz Adriano, siguió el primer zarpazo: Raúl García, laborioso él, captó el demarque de Aduriz y este se deshizo con un toque de su marcador y del portero para embocar a puerta vacía. El Spartak quedó aturdido, si bien Glushakov asustaba con un derechazo a la madera. El Athletic había ganado metros mientras el desconcierto se instalaba en el rival. Williams desperdició un servicio de Susaeta en el área y enseguida cayó el segundo. Robo, contra, Raúl García fuerza la falta en la frontal, Susaeta ejecuta y Aduriz, atento, rebaña el rechace de la barrera y supera la salida de Rebrov. Aún dispuso Glushakov de una tercera bala, se le marchó arriba, y en el añadido, acción de estrategia, templa Iñaki Williams, no llega Etxeita en boca de gol, despeja apurado Kutepov y Mikel Rico agarra una volea que se cuela por debajo de las piernas del citado defensor.
¿Increíble? Pues sí. Para qué engañarnos, pero real. El Athletic se había sacudido complejos en un primer acto discreto si no fuera por el alarde de pegada. Firme en terreno propio y letal en los metros finales. No cejó a la vuelta del descanso. Mantuvo las líneas bastante adelantadas a fin de impedir la réplica del herido Spartak y no dejó de meterle miedo con un par de acercamientos, donde falló la precisión. Consumido un cuarto de hora, Glushakov se resarció con un excelente pase a Luiz Adriano, que fusiló a Herrerín, quien por cierto solo volvió a intervenir en una ocasión, relativamente sencilla. Es decir, que el inconformismo del Spartak de Moscú, que acabó el encuentro a la desesperada con cuatro delanteros, fue totalmente estéril. Funcionó el balance defensivo y unos segundos antes del pitido final, Iturraspe sirvió en bandeja la puntilla al recién ingresado Sabin Merino, que no acertó a encontrar la red en su mano a mano con Rebrov.
Hubiese sido una exageración ese cuarto tanto, pero tres hacen una renta excelente para encarrilar holgadamente la ronda. No estaría mal que de paso el espectacular marcador tuviese un influjo beneficioso en el colectivo rojiblanco, que necesitaba como el respirar un partido que rompiese de cuajo con una inercia preocupante. El Athletic está más vivo de lo que se cree. Por tanto, le conviene creérselo.