Moscú tiene conquistado un pedacito el corazón rojiblanco. Fue aquí, exactamente seis años atrás, cuando puso pie en un bello camino hacia la histórica final de Bucarest. Entonces, el Athletic presumía de un fútbol que poco o casi nada tiene que ver con el que despliega ahora. Son como la noche y el día. El ideario de Marcelo Bielsa supuso una revolución. El de José Ángel Ziganda genera muchas dudas, no acaba de tener una credibilidad. Las comparaciones son odiosas, pero se detecta un punto en común, Moscú. Mismo escenario, pero distinto rival y distinto campo, y misma altura competitiva, el encuentro de ida de los dieciseisavos de final de la Europa League. En 2012, la probabilidad de llegar a la finalísima no se trataba de una idea descabellada. Hoy, solo asoma en la mente de los más forofos, más como un estímulo onírico que como un objetivo real. Al Athletic, sin embargo, le toca manejar un objetivo cortoplacista. Y este radica en alimentar su autoestima después de coleccionar espantos futbolísticos en las semanas precedentes, por lo que un buen resultado y, sobre todo, un fútbol digno ejercerían como rearme para un colectivo que se aferra a hacer cosas bonitas en esta competición.
La Europa League ofrece su propia estimulación, pese a que su exigencia es máxima. El compromiso de esta noche en el espléndido Otkrytie Arena, una de las sedes del cercano Mundial de Rusia, entraña una alta dificultad, tanto por la entidad del rival, un clásico en el Viejo Continente y que procede de la Champions, como por las condiciones climatológicas extremas, con unas bajas temperaturas, que rondarán los diez grados bajo cero y que podrán marcar el devenir de un partido cuyo tramo inicial tendrá mucho que decir, especialmente para el conjunto rojiblanco, obligado a adaptarse al frío y al estado del césped -que se espera rápido pese a estar sometido a un proceso calefactor-, y no verse sorprendido a las primeras de cambio.
El colectivo de Ziganda se mira en clave interna. Le avala, aunque sea un mero dato estadístico, su trayectoria en esta competición, ya que firmó la victoria en las tres últimas jornadas de la fase de grupos, un pleno del que presume solo el Viktoria Plzeñ checo. Se trata de un dato reivindicativo ante un Spartak que no pierde tampoco en su feudo, pero en el que asiduamente recibe gol, un matiz a tener en cuenta en una eliminatoria a doble partido. El conjunto ruso, donde militan viejos conocidos para el Athletic como Glushakov (ex del Lokomotiv en aquel duelo de hace seis años) y los brasileños Fernando y Luiz Adriano (que se enfrentaron a los leones en Champions en 2014 en las filas del Shakhtar Donetsk), se muestra más débil cuando viaja, pero en su refugio es muy eficaz, como ya lo sufriera el Sevilla, que se llevó una dolorosa manita en la última liguilla de la Champions (5-1) o el mismo Liverpool, que se tuvo que conformar con las tablas (1-1).
PLAN SOLVENTE El Athletic se ha conjurado para darse una alegría en esta competición, que, en cambio, se antoja muy lejana para la próxima temporada si se echa mano de la vía liga, donde los leones están rezagados de los puestos europeos. El duelo en el Otkrytie Arena, una caldera sin embargo en el punto ambiental en las gradas, reclama a un conjunto rojiblanco solvente, sin fisuras y con recursos ofensivos para hacer daño al Spartak, que impondrá un ritmo alto de juego. Es decir, el grupo de Ziganda, donde emergen Iturraspe, De Marcos y Susaeta como los supervivientes de aquella anterior comparecencia en Moscú, debe reinventarse de la noche a la mañana si quiere llegar con serias opciones de clasificarse al partido de vuelta en San Mamés.
Ziganda, para ello, confía en que aparezca un Athletic reconocible, semejante al que ha firmado sus partidos más fiables este curso, que han sido escasos. Sigue esperando ese encuentro redondo que anhela desde el inicio de su etapa como técnico rojiblanco. La ausencia administrativa de Iñigo Martínez, el fichaje más caro de la historia de la entidad y que no puede jugar en esta competición por haberlo hecho ya en esta edición en las filas de la Real Sociedad, obligará al de Larraintzar a retocar su línea defensiva, sin un central zurdo. Un hecho que podría proporcionar el estreno de la pareja formada por Yeray y Unai Núñez, dos chavales de la casa que comparten un camino muy similar. Son, además, casi dos calcos por sus características futbolísticas, si bien el primero goza de mayor cuajo competitivo. No obstante, el de Barakaldo, ya recuperado para la causa tras superar su enfermedad, podría gozar de descanso, con lo que Etxeita tendría su oportunidad y poner un grado de experiencia en un duelo táctico. Es el plan previsto salvo que Ziganda recurra a la fórmula de los tres centrales, que no le dio resultado en Girona, pero que no la desdeña.