AYER se nos fue enero de 2018, que con todo lo que ha dado de sí sigue muy presente en la mente de los seguidores del Athletic. No se olvidará fácilmente, imposible que se difumine dado que nunca antes el club se había visto en una tesitura siquiera parecida. En realidad ocupará un lugar preferente en la memoria, por mucho que el tiempo vuele siempre habrá una pausa oportuna para rememorar este mes increíble. Sí que ha habido otros eneros ajetreados, bulliciosos, pero fundamentalmente en el plano deportivo a causa de que el calendario intercala entre las correspondientes jornadas de liga un par de rondas a doble partido de la Copa. En este enero recién empaquetado lo que ha mantenido al personal en alerta permanente no han sido los goles, sino la incesante actividad de los despachos, el ininterrumpido pulular de cifras y fechas.Ha sido un mes saldado por el equipo que dirige Ziganda con un triunfo, tres empates y, sobre todo, una puesta en escena insuficiente para colmar los instintos del aficionado. Hasta se ha beneficiado de que la atención estuviese en otra parte. Así, entrenador y futbolistas han eludido críticas o estas se han amortiguado con la cascada de acontecimientos institucionales. Acostumbrado a pasar de puntillas por el mercado invernal y sin actividad en los estivales más recientes, el Athletic se ha visto inmerso en una espiral de la que no se ha apeado hasta hace un rato, cuando se ha procedido al cambio de hoja en el calendario. Mientras los protagonistas clásicos de enero, las entidades acostumbradas a estar en boca de todo el mundo según doblaban las navidades desfilaban de puntillas, en Bilbao había una primera plana de enjundia para acompañar el café de cada desayuno.El primer asunto relevante del nuevo año no adquirió categoría de noticia al principio. La espera a Kepa Arrizabalaga, amenizada por los globos sonda madrileños, generaba una tensión palpable, tanto como el avance del pesimismo derivado del alucinante silencio del portero. Cuando Ibaigane anunció que Iago Herrerín ampliaba contrato hasta 2021, se entendió como un tic de protección. El vaso de la paciencia estaba rebosado y era de justicia blindar al suplente que de facto estaba asumiendo el rol de titular, quizá a modo de entrenamiento para el corto plazo.Corría el día 10 y entonces a Arrizabalaga se le veía más fuera que dentro. Solo 48 horas después, Ibaigane volvía a premiar la fidelidad y la discreción, en este caso acordándose de Xabi Etxeita. Mayor osadía entrañaba el anuncio del día 15: Cristian Ganea se incorporaría en julio. El rumano con familia radicada en Basauri abrirá la puerta de las instalaciones de la mano de Ander Capa y Dani García.Cada uno de estos pasos podía interpretarse como un guante lanzado al portero, ensimismado en su peliaguda existencia. Ya se había añadido, día 16, la prolongación de contrato de Iñigo Lekue hasta 2023. Menos dudas hubo al día siguiente sobre el significado de tanta actividad en el instante en que Iñaki Williams posó con Josu Urrutia delante de un papel donde se leía 2025 y 80 millones de cláusula. Por mucho que se hubiese posicionado abiertamente por continuar en el Athletic, dada su proyección se trataba de una gestión clave. Encerraba un mensaje contundente para los tibios y euforizante para los convencidos. Cuarta renovación en el plazo de una semana, pero un ojo seguía puesto en Arrizabalaga, le escrutaba entre el sinfín de rumores que adornaban el serial.SIN CELEBRACIÓN La salida de Eneko Bóveda camino de Riazor no obtenía tanto eco, pero se debía anotar y antecedía a nueva oleada de cábalas, la última porque el 22 la rúbrica del portero internacional rebosaba medios y redes. Arrizabalaga se comprometía a desarrollar su carrera en San Mamés al cabo de dieciséis meses de idas y venidas, expresión que condensaría con justeza su itinerario durante la negociación. Lógico que la rueda de prensa dividiese a la audiencia entre fríos y templados. Sin tiempo material para saborear el gran desenlace, saltaba la liebre: el Manchester City volvía a la carga.En efecto, como si un tuerto hubiese mirado a Urrutia, este se topaba de bruces con la caprichosa voluntad de Pep Guardiola, con el taco dispuesto a hacer de oro a Laporte. Día 23 y en el entorno del club muchos no dan crédito a lo que cuentan quienes cubren la Premier. El City va en serio y el defensa, abrumado, prepara la maleta. Su baja queda compensada con 65 millones, aunque plantea un perjuicio práctico notorio: el equipo se ve debilitado en mitad de campaña sin su pieza más fiable en la línea zaguera. No se precisa titulación federativa para llegar a semejante conclusión, salta a la vista y además sigue abierta la incógnita en torno a la situación de Yeray Álvarez, que todavía no ha reaparecido.Laporte no deja Bilbao en las fechas siguientes, se habla de que la redacción del contrato se complica, y Ziganda le apunta en la convocatoria de cara a la visita del Eibar. Es el detalle surrealista de una historia que se está gestando entre bambalinas, a pesar de que no tarda en trascender que el Athletic no piensa quedarse de brazos cruzados. El lunes 29, Laporte está en Inglaterra y unas horas más tarde Iñigo Martínez comparece ante la prensa sentado junto al presidente rojiblanco. “No diría que es una locura. Se ha ido uno y ha venido otro. Hemos estado dos años sin fichar porque aquí no se toman decisiones por tomar, sino cuando hay que tomarlas”, soltó Urrutia a modo de guinda de un enero muy entretenido. Le quiso quitar hierro, pero los acontecimientos le contradicen.
Iago Herrerín10 enero
Xabi Etxeita 12 enero
Iñigo Lekue16 enero
Iñaki Williams17 enero
Kepa Arrizabalaga22 enero
Cristian Ganea15 enero
Íñigo Martínez30 enero
Eneko Bóveda20 enero
Aymeric Laporte29 enero