SEVILLA: David Soria, Mariano (Min. 100, Coke), Rami, Kolodziejzack, Escudero, Krychowiak, N’Zonzi, Vitolo, Iborra (Min. 67, Cristóforo), Krohn-Dehli (Min. 51, Konoplyanka) y Gameiro.

ATHLETIC: Herrerín, De Marcos, Bóveda (Min. 60, Iturraspe), Etxeita, Balenziaga, San José, Beñat, Susaeta, Raúl García, Lekue (Min. 54, Muniain) y Aduriz (Min. 70, Viguera).

Goles: 0-1: Min. 57; Aduriz. 1-1: Min. 59; Gameiro. 1-2: Min. 80; Raúl García.

Tanda de penaltis: 0-1: Raúl García. 1-1: Coke. 1-2: Viguera. 2-2: Krychowiak. 2-3: San José. 3-3: Konoplyanka. 3-3: Beñat (para el portero). 4-3: N’Zonzi. 4-4: Susaeta. 5-4: Gameiro.

Árbitro: Damir Skomina (Eslovenia). Por el Sevilla amonestó a Rami, N’Zonzi, Coke y Konoplyanka. Del Athletic, a Bóveda, San José, Balenziaga, Viguera, Muniain, Iraizoz, De Marcos y Etxeita.

Incidencias: Cerca de 40.000 espectadores en el estadio Sánchez Pizjuán, entre ellos unos 2.500 seguidores del Athletic.

El Athletic no pudo romper el idilio que el Sevilla mantiene con la Europa League. Su formidable actuación en el Pizjuán, con la que enmendó el tropiezo de San Mamés y se hizo acreedor a la clasificación, chocó con la estrella que guía al club andaluz en el torneo, donde todos sus títulos se han apoyado en episodios como el vivido anoche, con la fortuna ejerciendo un influjo definitivo. Esta vez fue en la tanda de penaltis, esa lotería donde, paradójicamente, el único boleto sin premio lo compró Beñat, sin discusión el mejor futbolista durante los 120 apasionantes minutos con que obsequiaron ambos equipos. Solo falló Beñat desde los once metros y el Athletic quedó apeado, pero no hay reproche alguno ni para él ni para ninguno de sus compañeros, cuyo comportamiento debió desembocar en un desenlace distinto. La derrota es dolorosa, injusta, aunque a la afición le queda el consuelo de haber asistido a un impresionante alarde de inconformismo y valentía que constituye una inversión segura de cara al futuro.

Anoche el Athletic jugó como un grande y perdió asimismo como un grande, con todos los honores. Supo asimilar la presión mejor que su oponente, abstraerse del cúmulo de factores negativos que le penalizaban de antemano y también de los que le fueron minando en el transcurso del choque, especialmente la lesión sufrida por su referencia, Aduriz, para poner en un brete al vigente campeón. Le faltó únicamente el broche, darle la puntilla a un Sevilla que sufrió como un perro, solo eso le faltó, incluso contó con ocasiones para eludir la maldita tanda y ahí, a cara y cruz, el destino no tuvo a bien premiar su concienzudo trabajo. Ni siquiera merece la pena ahora lamentarse por el desafortunado lance que una semana antes comprometió casi definitivamente sus posibilidades y dio vida a un Sevilla que en el cómputo global del cruce en absoluto demostró ser superior. Anoche perfectamente pudo el Athletic acceder a las semifinales, pero el duende de la Europa League viste la camiseta del Sevilla.

La noche arrancó con una oportunidad clarísima de Aduriz, una advertencia en toda regla que sirvió para encender la hoguera de un partido sublime en cuanto a intensidad y emoción. Y terminó fatal. Sin embargo, la derrota no es razón para venirse abajo, al contrario. Hay formas de ganar y de perder, la que escogió el Athletic fue intachable. Unai Emery y sus hombres estuvieron en amplias fases muy cerca de despedirse de Europa, mientras el Athletic perseveraba, dominaba y buscaba con ahínco y buen estilo una porción de gloria que le fue esquiva.

La ausencia de goles al descanso se podía prestar a interpretaciones muy diferentes. La objetiva favorecía al Sevilla, que consumido medio partido mantenía sus opciones intactas, seguía valiendo la ventaja adquirida en San Mamés. Desde la óptica del Athletic, la lectura podía ser más pesimista, no había sido capaz de recortar y podía parecer que había desperdiciado la mitad del tiempo de que disponía para voltear la ronda. Pero aún quedaba margen para intentarlo y además, a medida que avanzó el encuentro dio la sensación de que ganaba en confianza y su juego cobraba mayor sentido. Después de casi media hora de batalla física, con muy poco fútbol y alternancia de llegadas, presidida por las precauciones y la tensión de los protagonistas, el balón pasó a estar en las botas visitantes, Beñat ganó en presencia, con lo que esto significa, y el Sevilla tuvo que recular.

A MÁS Lo que se presenció luego vino a corroborar que esa impresión positiva no era un espejismo, sino la respuesta bien fundamentada de un equipo dispuesto a saltarse un pronóstico que le condenaba. Lógicamente, le había costado tomar las riendas y desplegar sus virtudes, hasta que probablemente percibió que enfrente empezaban a dudar, señal de que la propuesta poseía suficiente consistencia, y paulatinamente fue aparcando los complejos. Tomó la iniciativa, que necesitaba por otra parte, para aspirar al éxito y fue creciendo. Fruto de ello, tras una gran parada de Herrerín ante Iborra, Aduriz abrió el marcador con más de media hora por disputarse.

Para que quedase constancia de la adecuada mentalización del Athletic, ahí está el modo en que reaccionó a dos lances adversos que hubiesen hundido a cualquiera. Primero el empate del Sevilla sin margen para celebrar el acierto de Aduriz, producto de una contra en la que Vitolo corrió el campo de punta a punta sin que nadie acertase a frenarle, y segundo la lesión de Aduriz, que se antojó el principio del fin. No lo fue. Hubo un rato de lógico desconcierto, un rato nada más porque entre Beñat, extraordinario, e Iturraspe se habían adueñado de la zona ancha. El Sevilla, a cada rato más incómodo, no pudo evitar que Beñat templase al segundo palo, donde Raúl García conectó un sutil cabezazo para igualar la eliminatoria.

La prórroga en sí misma ya era un triunfo visitante, moralmente el Sevilla estaba dañado ante la entereza visitante y qué no hubiese sido de haber acertado Susaeta, que picó sobre la desesperada salida de Soria y contempló cómo el balón se perdía medio metro por la línea de fondo. También la tuvo el Sevilla, Iturraspe desvió al poste y la chilena de Coke encontró el corpachón de San José con Herrerín batido. Los nervios presidieron el tiempo extra, con el Athletic mandón y el Sevilla aculado sobre su área. Fue sintomático que el partido se cerrase con sendos disparos de Viguera y Raúl García. El Sevilla había resistido a duras penas y sucedió entonces, en el clímax de la noche, que el azar optó por darle la espalda al Athletic.