SEVILLA: Beto; Coke (Min. 81, Cicinho), Fazio (Min. 65, Perotti), Navarro, Moreno, Medel, Kondogbia, Reyes, Rakitic, Del Moral (Min. 46, Del Moral) y Negredo.

ATHLETIC: Iraizoz; Iraola (Min. 70, Ramalho), Gurpegi, Ekiza, Laporte, San José (Min. 46, Iturraspe), Herrera, De Marcos, Ibai, Muniain y Llorente (Min. 46, Aduriz).

Goles: 1-0: Min. 4, Negredo; 1-1: Min. 55, Gurpegi; 2-1: Min. 86, Negredo.

Árbitro: Mateu Lahoz (Comité valenciano). Del Sevilla, expulsó a Navarro por doble tarjeta amarilla (Min. 24 y 74). También amonestó a Coke (Min. 27), Fazio (Min. 51) y Perotti (Min. 89). Por parte del Athletic, expulsó a Laporte por doble amarilla (Min. 78 y 80). También sacó amarilla a Gurpegi (Min. 41), Herrera (Min. 48), Aduriz (Min. 49), De Marcos (Min. 66) e Iturraspe (Min. 75).

Incidencias: Floja entrada en el Sánchez Pizjuán. Los Biris mostraron una pancarta en recuerdo de Iñigo Cabacas y pidieron justicia.

Escuece la derrota por el modo en que se produjo, porque lo cierto es que la victoria no anduvo lejos y en cualquier caso se aspiró sobradamente al reparto de puntos, lo cual ya es un detalle positivo, habida cuenta que se trataba de un compromiso complejo, en terreno ajeno y frente a un enemigo con argumentos. El Athletic tiró de casta para paliar sus múltiples defectos en la elaboración y se marcó una actuación más que digna, tuteando siempre al Sevilla y dejando claro su inconformismo. Anoche volvió a hallar la inspiración en un escenario tradicionalmente adverso y, sin acercarse ni por asomo a los niveles de excelencia de su anterior visita, demostró que está vivo y que tiene hambre. Pudo haber dejado casi amarrado el objetivo de instalarse en la tranquilidad, pero en última instancia le perdió su carácter impulsivo, personificado en Laporte, que no deja de ser un juvenil con muy buena pinta, pero juvenil al fin y al cabo. En pleno intercambio de golpes, el rival quedó en inferioridad y ahí fue donde el Athletic no acertó a gestionar un cuarto de hora propició para redondear la faena.

En esa fase crítica falló el equipo, no supo madurar sus acciones y buscarle las cosquillas a un Sevilla abocado a resistir. Quedan múltiples aspectos para el análisis, muchos de interés desde la perspectiva rojiblanca. La noche empezó con noticia, fueron dos en realidad, puesto que a la titularidad de Llorente se añadió el gol de Negredo en el primer balón colgado sobre el área rojiblanca. Una incógnita y una certeza, lamentable esta segunda que no solo implicaba afrontar la cita cuesta arriba sin retorno a su área y favoreció así que a la postre Negredo se erigiese en el triunfador de un encuentro que denotaba un déficit de concentración difícil de asimilar y que se reprodujo poco después otorgando una oportunidad muy nítida para sentenciar a Reyes, cuya condición de zurdo cerrado fue decisiva para que quedase en un susto.

La temprana desventaja hizo que los rojiblancos despertasen y se pusieran a correr como posesos. Una propuesta que el Sevilla aceptó o no logró neutralizar y que le hizo sufrir. El Athletic imprimió un ritmo exagerado, protagonizando unos desdoblamientos de vértigo, con Iraola, De Marcos y Herrera llegando constantemente al área rival, así como unos repliegues ágiles, a los que Gurpegi se encargó de poner el candado correspondiente. En definitiva, obligando al Sevilla a hacer exactamente lo que no le convenía, sin opción a recurrir a la pausa. El problema de la reacción estuvo en que faltó precisión y se desperdiciaron innumerables posesiones y avances. El fútbol del Athletic ha perdido la naturalidad, todo resulta un tanto forzado, lo cual obliga a redoblar el esfuerzo, los automatismos apenas se plasman, especialmente en el último tercio del campo y no terminar las acciones siempre trae problemas.

LLEGADAS Y PENALTIS Para el cuarto de hora se registró el primer remate contra Beto, desde la frontal, así como el primer penalti de libro sobre Llorente, placado sin remilgos por su par en el saque de una falta. Mateu Lahoz no se detiene en estos detalles, de manera que tampoco sancionó como merece el piscinazo que en el área de Iraizoz se marcó Kondogbia, por cierto el encargado de derribar al ariete del Athletic. Detalles que califican el auténtico nivel del colegiado, que acabaría poniéndose morado a sacar tarjetas. Llorente tuvo mayor presencia gracias a dos balones que recibió en posición de remate y se los quiso quedar para él. Ibai aguardaba desmarcado la cesión a su derecha en uno y en el otro, la verdad es que la nube de piernas andaluzas complicaba la resolución y el pase a Muniain, que aguardaba solo. Para entonces, ya había sido víctima de un segundo agarrón merecedor de pena máxima, pero?

El partido había adquirido un perfil interesante para los chicos de Bielsa, más acostumbrados a gestionar encuentros donde resulta imposible pararse a pensar y exigen además un enorme gasto físico. Por supuesto que semejante juego encierra sus riesgos habiendo enfrente tipos de la calidad de Negredo, Reyes o Rakitic, pero el Athletic estaba lanzado anoche y no tenía intención de cejar en su empeño. Bielsa recurrió en el descanso a Iturraspe y Aduriz para agilizar la distribución y ganar en pegada. La cosa siguió por similares derroteros, si cabe con una dosis más de agresividad por parte de todos.

El premio a la ambición del Athletic no se hizo esperar, si bien previamente tuvo suerte al no encajar el segundo en un doble remate, neutralizado por Iraizoz y la madera. El empate vino en un lance muy similar al que estrenó el marcador del Pizjuán: Ibai templó una falta y Gurpegi peinó anticipándose a todos. Apuntar que no cesaron los malos modos y las broncas, situaciones que el árbitro sancionó con su singular criterio, pero lo sustancial fue que ambos conjuntos perseveraron, una excelente noticia puesto que significaba que el Athletic no se conformaba con un punto. Y fruto de esa intensidad, que tuvo en Aduriz a uno de sus máximos exponentes en su particular guerra con los centrales, vino la expulsión de Navarro a un cuarto de hora de la conclusión.

El partido se ponía muy favorable, pero ahí faltó temple, a todos en general que en superioridad numérica fueron incapaces de elaborar el fútbol que convenía en tal circunstancia. Ahora, quien menos supo interpretar lo que se estaba cociendo fue Laporte, que se ganó a pulso la segunda expulsión de su corta trayectoria en la élite y le dio vida a un rival bastante tocadito a esas alturas. Con todo, el Athletic trató de percutir empleando todo el frente de ataque hasta que Reyes puso un centro raso perfecto, que atravesó el área visitante para facilitar que Negredo empalmase en ventaja en el segundo palo. El ariete local ya había dispuesto de un par de balones similares y a la tercera cumplió su trabajo. No hubo tiempo para más. Al ataque murió el Athletic en el Pizjuán, como hizo a lo largo de todo el partido, atacando pleno de generosidad e impericia.