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El camino entre Euskadi y Sevilla ha encontrado en numerosas ocasiones una vía de estrecha relación. Muchos son los jugadores vascos que han hecho carrera en tierras andaluzas, a orillas del río Nervión. Especialmente sonados son los casos de Aitor Ocio, Roberto Ríos o, más recientemente, Beñat Etxebarria. Pero estos no son los únicos. Hay que hacer memoria para encontrar otros nombres que también se forjaron a la sombra de La Giralda, como lo hizo Juanjo Valencia (Donostia, 1971), cuya llegada a la ciudad hispalense encontró un punto intermedio: Holanda. El exguardameta, que debutó con el Athletic en 1992, en el mismo partido en el que un ilustre como Julen Guerrero se convirtió en profesional, recaló en el Sevilla en la temporada 1999-00 y, aunque su paso fue efímero -poco más de medio curso-, guarda "buenos recuerdos" de su etapa en el conjunto hispalense.
Después de dos años complicados en el equipo rojiblanco, de pelea con Imanol Etxeberria por un puesto de titular, su presencia bajo los palos fue testimonial. Solo cinco partidos, cuatro de Copa y uno de Liga, le hicieron replantearse la situación. "Son cosas del fútbol. Yo competía contra mí. Luego había un entrenador que se decidía por uno u otro y no había otra más que asumir el rol de suplente", admite sin resignación.
Su traspaso al Sevilla llegó con la pretemporada ya iniciada. Se forjó en Holanda, donde el Athletic se encontraba preparando el inicio de campaña. Fue un fichaje exprés, tanto es así, que no abandonó tierras holandesas, pues coincidió que el Sevilla también estaba realizando un stage en el mismo país. "Si hay algo que recuerdo especialmente es que me pasé medio verano en Holanda", bromea Valencia. "Me quedaba todavía un año de contrato en Bilbao, pero surgió la posibilidad de ir al Sevilla. Era una buena opción y las negociaciones se cerraron bastante rápido. Tanto, que mi fichaje fue más un cambio de hotel que otra cosa. Me comí toda una pretemporada entera en Holanda", recuerda.
A pesar de que con el paso de los años ha sabido asimilar mejor su salida de Bilbao, el exguardameta reconoce que "no tenía pensado salir. Es algo que no te planteas. Yo entiendo que es un privilegio estar siempre en el mismo club, más aún en el Athletic. Así lo veía yo entonces, también ahora, pero creo que está bien probar suerte en otros equipos. Son experiencias que te hacen crecer en muchos aspectos. Se aprende de ellas y además te enriquecen. No puedo esconder que al principio se puede pasar mal, como me sucedió a mí, sobre todo el primer mes, pero luego terminas haciéndote a la ciudad y va todo rodado".
Y así, pasó de un vestuario tan especial como el rojiblanco al del Sevilla. "Puf", resopla; "menudo cambio". "Yo estaba acostumbrado a que todos nos conociéramos, nos unía una buena amistad. De la noche a la mañana me encontré en un equipo en el que se juntaban muchas nacionalidades: griegos, serbios... es algo chocante. Pasé de compartir habitación de hotel con Julen Guerrero a hacerlo con un uruguayo que, como yo, acababa de llegar al Sevilla y al que no conocía de nada", relata, aunque no esconde que "no tardé demasiado en hacer amigos, soy bastante abierto para conocer a gente nueva".
También se encontró con la calor. "Eso era matador. Creo que lo más duro. A mediados de agosto y a 40 grados... era prácticamente insoportable. Salíamos de la ducha y empezábamos a sudar otra vez", expone. Alojado en un hotel, Juanjo Valencia no tardó demasiado en aclimatarse a los ritmos de vida sevillanos: "Es lo bueno que tiene el calor, que invita a salir a las terrazas, a estar con los amigos. Así fue más sencilla la adaptación".
temporada complicada No fue tan fácil en lo deportivo. Con una plantilla "apañada", como así la define el exguardameta rojiblanco, que acababa de lograr el ascenso a la máxima categoría, el Sevilla terminó por hundirse y regresó, tras un año en la élite, al infierno de la Segunda División. "Fue duro y complicado. Arrastramos un mal inicio de Liga y nos costó conseguir buenos resultados. Además, a la mala situación deportiva se le juntaron problemas extradeportivos como los económicos", rememora. Su rol en el equipo dio un cambio de 180 grados en invierno, tras la llegada de Frode Olsen. El fichaje del noruego le relegó al banquillo y, a finales de marzo, tras rescindir el contrato de mutuo acuerdo, dejó el Sevilla -con quien tenía firmada otra temporada más- para fichar por el Sporting.
Entre medias tuvo tiempo para jugar contra el Athletic en el Sánchez Pizjuán, un encuentro que finalizó con empate a cero. "Disfruté mucho aquel día, también a lo largo de la semana, aunque no puedo obviar que pasé muchos nervios", admite. El paso del tiempo ha borrado muchos detalles de aquel duelo, no tantos del partido de vuelta en San Mamés, donde fue suplente. No esconde que le hubiese gustado "jugar". "Aunque solo fuera para devolver el apoyo que recibí de toda la gente. Pese a todo, fue muy especial para mí regresar a La Catedral", explica Juanjo Valencia, que hoy vivirá con especial entusiasmo el duelo ente el Sevilla y el Athletic.