Bilbao. A Jonás Ramalho las pulsaciones se le dispararon. Pasaban unos minutos de las siete y media de la tarde del 20 de noviembre de 2011, cuando Claudio Vivas le silbó a pulmón abierto. "Jonás, aprieta. Venga", le espetó el segundo de Marcelo Bielsa. Jonás (Barakaldo, 10 de junio de 1993) llevaba un buen puñado de minutos calentando en una de las bandas del Sánchez Pizjuán. Bielsa le pidió pocas cosas. Algo parecido a "hágalo como vos sabe". Ramalho suspiró. Máxima tensión. El gusanillo le apretaba los intestinos. El partido, además, se encontraba en su punto álgido. Minuto 84. El Athletic mandaba en el marcador (1-2) en un estadio maldito, donde no ganaba desde casi dos décadas atrás. Jonás sustituyó a Iñigo Pérez, uno de los jugadores más destacados de aquella tarde veraniega en pleno otoño.

"Se ha cumplido un sueño". Jonás apenas podía articular palabra después de que Ayza Gámez pitara el final del choque. El Athletic acababa de vencer un encuentro complicado. Un triunfo que le reconciliaba con el pasado. Ramalho fue testigo de ese momento. Se trataba de su debut como león. Un deseo que le llegó con dos años de retraso. Fueron sus seis primeros minutos, sin contar el tiempo extra, con el primer equipo en partido oficial. Seis minutos efímeros en la vida personal de cualquier persona, pero muy largos en el Sánchez Pizjuán, porque a Jonás, como al resto de sus compañeros, le tocó apretar los dientes, dar el máximo, para amarrar los tres puntos y frenar el acoso desesperado de aquel Sevilla de Marcelino García.

Ramalho regresa hoy a Sevilla, una ciudad paraíso para el defensa rojiblanco. Lo hace 48 horas después de completar noventa minutos con el Bilbao Athletic, en el que colaboró para que los de Cuco Ziganda derrotaran en Lezama a la Sociedad Deportiva Logroñés. Para Jonás, ese esfuerzo es pecata minuta. Se trata de un futbolista que no ha cumplido aún los veinte años de edad con evidente portento físico. Esta noche volverá a ser suplente en el Pizjuán, como ocurrió dieciséis meses atrás. Queda por ver si disfruta de unos minutos, como sucedió la tarde de su debut.

dos años de espera Aquel estreno le llegó dos años después de que lo acariciara. Joaquín Caparrós -que curiosamente hoy ejercerá de comentarista de Cuatro durante la retransmisión en directo del encuentro- le puso el caramelo en la boca, y se lo quitó. Ramalho acaparó todo el protagonismo cuando Caparrós le citó para el Zaragoza-Athletic de la campaña 2009-10. Su presencia en la expedición rojiblanca se entendió como muy noticiosa. Se trataba de un chaval de 16 años y de raza negra, por lo que se podía convertir en el primer jugador negro de la historia en jugar en el Athletic. No llegó a saltar al césped de La Romareda porque fue el descarte que decidió Caparrós a última hora, como tampoco compareció en San Mamés cinco días después, cuando se tuvo que conformar con calentar durante el choque de la Europa League ante el Werder Bremen, en lo que sí fue el bautizo de Jon Aurtenetxe como jugador del primer equipo.

A Jonás le tocó después vivir su particular travesía por el desierto. Se curtió en el Bilbao Athletic y en citas puntuales con la selección española en categorías inferiores. Esperó y esperó. Hasta que Bielsa le dio la oportunidad en un campo históricamente maldito para el Athletic. Ramalho se hizo mayor. Tuvo su momento de gloria. Le supuso un antes y un después, pese a que no ha tenido desde entonces la presencia que hubiera deseado.

San Mamés tuvo que esperar a la despedida de la Liga anterior para que Jonás se presentara en sociedad ante el Getafe (0-0), partido en el que fue titular como lateral derecho, aunque sustituido en el descanso. En esta campaña, presume de un buen número de convocatorias, pero solo ha participado en siete encuentros -cuatro en la Europa League, dos en Liga y uno en Copa-, con mención especial a su titularidad en el Camp Nou frente al Barcelona, donde se encontró con el marrón de blindar su banda ante los Iniesta, Jordi Alba y compañía. El Athletic, además, confía en Jonás, al que ha renovado por dos temporadas más.