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Dos "cracks" en el banquillo

Maradona visita por sorpresa la Ciudad Deportiva de Valdebebas y saluda a Mourinho y a los jugadores blancos

Dos "cracks" en el banquilloEFE

Durante quince minutos, los galácticos no fueron los protagonistas de su propio entrenamiento. Docenas de fotógrafos, cámaras y redactores se amontonaban en el balcón de la zona de prensa para tratar de sacar algo de jugo al escaso cuarto de hora de entreno que el Real Madrid permite presenciar, cuando unas cuantas voces pusieron en sobreaviso al resto: "¡Está Maradona!". En unos segundos, trípodes, lentes y objetivos giraron, ignorando el césped y centrando su atención en el banquillo donde El Pelusa acababa de sentarse. Mourinho, tras estar apenas unos minutos con sus jugadores, se dirigió hacia el lugar que ocupaba el argentino y allí comenzaron a charlar los dos entrenadores estrella, gesticulando con vehemencia y haciendo que los chicos de la prensa buscaran ángulos imposibles para captar la imagen del encuentro.

El ex seleccionador argentino, que se encuentra en Madrid visitando a su hija y su nieto, aprovechó para presenciar la sesión de trabajo del equipo blanco y conversar con sus compatriotas Higuaín y Di María, a quienes dirigió en el pasado Mundial de Sudáfrica, antes de llevarse una camiseta dedicada por Mourinho -"¡Me da vergüenza firmar una camiseta a Don Diego! Eres el número 1. Te adoro", se sinceró el portugués- y dedicarle encendidos elogios: "Deja a los jugadores que se diviertan, pero cuando hay que poner mano dura, pone mano dura y cuando hay que poner al equipo en la cancha, lo sabe hacer mejor que nadie". .

Estos no fueron los únicos argentinos que en la tarde de ayer estuvieron en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, en Valdebebas... A la entrada del recinto, hora y media antes de que comenzara el entrenamiento, un trío de veinteañeros, uno gallego y dos argentinos, hacían guardia para ver pasar a las estrellas merengues en sus tremendoscochazos. "Hemos visto a Ronaldo", decía uno de ellos, sin ocultar su decepción porque el entreno fuera a puerta cerrada. "¿Y la prensa sí puede entrar? ¿No necesitas que te lleve la cámara o algo?", bromeaba.

Y había más gente en la rotonda esperando encontrar a sus ídolos. Un puñado de seguidores aguantaba con estoicismo la rasca invernal de la meseta para poder ver de refilón el perfil de algún jugador. Con cada Audi que llegaba, los expectantes fans forzaban la vista para intentar adivinar la presencia de un galáctico tras los cristales tintados.

un desierto blanco A las 15.30 horas, y con un entrenamiento a puerta cerrada, la Ciudad del Real Madrid era un desierto. Los diversos campos de juego permanecían vacíos y desangelados, y no se adivinaba un alma en las extensas calles de las instalaciones. Tan sólo pululaba por allí algún que otro fotógrafo tempranero que arrastraba el equipo hacia la sala de prensa. El silencio de la tarde fría y plomiza sólo se rompía intermitentemente por el rugido potente y arrogante de los Audis que llegaban a Valdebebas, algunos a velocidad considerable, para perderse por algún aparcamiento no accesible para el común de los mortales.

sin rueda de prensa A medida que se acercaba la hora del entrenamiento, la sala de prensa se iba llenando de periodistas. Bromas, risas, puesta a punto de cámaras, balances de blanco, redactoras que ensayaban su crónica antes de grabar, fotógrafos desplegando el portátil para pasar las fotos cuanto antes después del entrenamiento... El ambiente habitual de las bambalinas del fútbol. Algún periodista comentaba su desencanto ante el hecho de que Mourinho no compareciera en la habitual rueda de prensa, y que tampoco lo hiciera Karanka como segundo entrenador. En cambio, otro quería ver ventajas en el silencio dentro del Real Madrid. "¿No hay rueda de prensa? Mejor, antes acabamos", decía. Después de los quince minutos de entrenamiento que pudieron ver los periodistas, después de que Maradona regalara a la prensa la anécdota en una jornada anodina en Valdebebas, los medios plegaron velas. Sólo algunos se quedaron aguardando la convocatoria.

Pasaban ya las 18.00 horas, cuando la vida volvió a la Ciudad Deportiva del Real Madrid. En uno de los campos, dos equipos de chavales de apenas 6 ó 7 años, se esforzaban por coordinar sus piernas cortitas tras el balón. Potentes focos iluminaban sus gestas con el esférico mientras una alborotada grada llena de padres y madres animaba a los aprendices de futbolista. Otro grupo de niños llegaba al recinto con sus progenitores. Bajo los abrigos y las bufandas de colores, se adivinaba el equipaje del club. Imposible saber cuál será el futuro de estos chavales. La mayoría tendrá que renunciar al primer equipo. Quizá alguno llegue a ser la estrella de la Liga. Y conduzca un Audi. Y un mítico ex jugador argentino acuda a verle entrenar... Anochecía en Valdebebas. La ciudad de los galácticos.