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ES una voz autorizada para ilustrar el sentir de Javi Martínez. Para tranquilizar al entorno rojiblanco. Su hermano, objeto de deseo para varios clubes poderosos del concierto europeo, sólo contempla su futuro en el Athletic. "Yo le veo en el Athletic. Él está a gusto y feliz aquí, y es lo que importa", resalta el navarro, que sentencia que la familia hace oídos sordos a las informaciones que apuntan en dirección contraria. "No hago caso a los rumores. Son parte de este circo. Mientras se hable bien, bienvenido sea. Él siempre lo ha dicho, y también lo comenta en casa. Se quiere quedar muchos años más en el Athletic", con el que tiene contrato hasta 30 de junio de 2014.
Álvaro Martínez se ha convertido en una referencia para Javi, aunque hayan experimentado carreras diferentes. El mayor de la saga no ha podido dar el salto a Primera División. "Si no he llegado, es porque no he sido lo suficientemente bueno. No hay vuelta de hoja", subraya el jugador del Barakaldo, que recuerda que "llevo más de 300 partidos en Segunda B". "Yo tengo mi trayectoria, son unos añicos jugando al fútbol. Salí de casa con 15 años y tienes, a los 31, tu propia vida. He pasado de todo, desde vivir un descenso con el Eibar a estar once años en Segunda B y Tercera. Son experiencias bonitas", matiza.
Javi Martínez acudía de chaval a Lezama con cierta asiduidad. Por entonces no intuía que fuera a convertirse en una referencia del Athletic. Viajaba con sus padres desde Aiegi para ver jugar a su hermano, que recaló en la factoría rojiblanca en el verano de 1995, con poco más de 16 años. "Fue duro al principio, porque sales de casa y dejas el pueblo, pero luego fue sencillo. La residencia de Derio no funcionaba por entonces. Vivíamos en un caserío en Lezama con María Luisa, una mujer que nos crió como si fuéramos hijos suyos", rebobina Álvaro, que sólo saca conclusiones positivas de su paso por la entidad rojiblanca, donde completó una experiencia de seis años (dos como juvenil, uno en el Basconia y tres en el Bilbao Athletic).
Javi se enchufó al espíritu rojiblanco por culpa de su hermano, pese a que él permaneció en la órbita de Osasuna hasta julio de 2006, cuando el Athletic abonó 6 millones de euros por un diamante en bruto. "Yo conocía la casa y le expliqué cómo es el Athletic por dentro. Se vino a todo correr para firmar", relata Álvaro, que se reencontró ese mismo verano con su hermano después de cerrar su etapa en el Figueres y fichar por el Sestao River. Álvaro y Javi se mantienen cercanos en estos últimos cuatro años, lo que no ocurre en el caso de los Negredo, distantes 800 kilómetros.