La recuperación natural de ecosistemas, un escudo contra la desertificación y la sequía
En muchos casos la naturaleza es capaz de regenerarse por sí sola cuando cesan las presiones humanas, según especialistas de Global Nature y Rewilding Spain
La recuperación de la biodiversidad y la renaturalización de humedales y suelos pueden reforzar la resiliencia contra las sequías y frenar la desertificación, según expertos consultados por EFE, que defienden que en muchos casos la naturaleza es capaz de regenerarse por sí sola cuando cesan las presiones humanas.
Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se celebra este miércoles, especialistas de Global Nature y Rewilding Spain destacan el valor de restaurar procesos naturales como la infiltración del agua, la regeneración de los suelos o la dinámica de los humedales para aumentar la capacidad de los territorios de afrontar fenómenos extremos.
La advertencia llega en un contexto de creciente degradación ambiental, con el 40 % de la superficie terrestre degradada (conforme a datos de la ONU) y con el 74 % del territorio español amenazado por la desertificación (según la UE). En esta situación, la renaturalización (o rewilding) surge como un salvavidas natural basado en devolver a los ecosistemas los procesos naturales que les permiten funcionar de forma autónoma.
Generar un ecosistema nuevo
El objetivo de la renaturalización consiste en "poner las piezas que faltan en el puzle para que la naturaleza pueda generar un ecosistema nuevo, más adaptado al cambio climático y más resiliente", indica el director del proyecto Sistema Ibérico Sur de Rewilding Spain, Pablo Schapira.
Entre estas piezas, explica, figuran la recuperación de llanuras de inundación (zonas inundables) o la reintroducción de especies capaces de modificar positivamente el territorio. "Cuando introduces grandes herbívoros en el monte se genera un paisaje más en mosaico que reduce el riesgo de grandes incendios. Con menos incendios, menos desertificación, menos erosión y suelos más permeables", afirma Schapira.
Mayor permeabilidad
Esta mayor permeabilidad propicia que el agua se infiltre y permanezca más tiempo en el terreno, alimentando progresivamente ríos, humedales y embalses. La relación entre agua, biodiversidad y desertificación resulta "mucho más estrecha" de lo que habitualmente se percibe, sostiene el coordinador general de Global Nature, Antonio Guillem.
"La desertificación, más que el resultado de un solo factor, es la suma tanto del cambio climático como de la forma de gestionar el territorio", apunta, y subraya que el problema no reside solo en la falta de precipitaciones, sino también en la pérdida de capacidad de los ecosistemas para aprovechar el agua disponible.
"Cuando se degrada el suelo se pierde esta fortaleza y frente a fenómenos extremos se vuelve vulnerable, siendo arrastrado por el agua en lugar de que esta se infiltre, lo que genera un círculo vicioso que desemboca en la desaparición de humedales", advierte el experto de Global Nature.
"Cuando se degrada el suelo se pierde esta fortaleza y frente a fenómenos extremos se vuelve vulnerable, siendo arrastrado por el agua en lugar de que esta se infiltre, lo que genera un círculo vicioso que desemboca en la desaparición de humedales"
Los humedales, ecosistemas de fácil regeneración
Precisamente, los humedales constituyen uno de los ecosistemas donde mejor puede apreciarse la capacidad de recuperación de la naturaleza. "Los humedales son ecosistemas muy agradecidos con pequeñas actuaciones y, en el momento en que los dejas en paz, al poco tiempo ellos mismos se autorregulan", puntualiza Guillem.
Un ejemplo serían las lagunas de Ambroz, en Madrid, surgidas tras el cese de una explotación minera y convertidas en un enclave de gran riqueza biológica, con cientos de especies de flora, fauna y hongos.
La recuperación natural de los ecosistemas también se aprecia a escala global, con diversos estudios que han constatado que los bosques tropicales pueden recuperar en unas tres décadas y de manera natural hasta el 90 % de su biodiversidad original, mientras que los manglares han logrado recuperar prácticamente toda la superficie perdida desde los años 80 en menos de 15 años.
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