La violencia no es un fenómeno aislado en el deporte escolar. Uno de cada tres jóvenes, el el 34,9% reconoce haber vivido alguna situación violenta durante la práctica deportiva, según el estudio Voces de la infancia en el deporte. Entornos seguros en el deporte (2025), elaborado por Kunina Sports and Education con el apoyo del Gobierno Vasco. De ellos, un 56% son chicos y un 44% chicas.
Sin embargo, esa cifra podría ser superior, ya que se trata de la percepción que tienes los menores. “Hay chavales que han vivido situaciones violentas, pero no las reconocen como tal”, explica Iñaki Alonso, director de Kunina y experto en prevención de violencia contra la infancia en el ámbito deportivo.
Tipos de violencia
La violencia en el deporte va más allá del apartado físico. En la encuesta, los jóvenes mencionan diferentes tipos de conducta que califican como violentos. Estos abarcan desde agresiones físicas entre compañeros, peleas o acciones dentro del juego con la intención de hacer daño, hasta agresiones verbales, como insultos o comentarios humillantes procedentes tanto de otros deportistas como de personas adultas.
También identifican situaciones de burla constante, comentarios hirientes o rumores dirigidos de forma reiterada contra un compañero, que interpretan como formas de acoso. En general, consideran violencia cualquier acción, verbal o no verbal, dirigida contra un deportista y coinciden en un elemento común: todas estas conductas generan daño, dolor y malestar emocional.
La violencia psicológica y emocional es la más habitual, estando presente en el 81% de los casos. Se trata en su mayoría de insultos, gritos y humillaciones. Esto se debe, según Alonso, a que “existe un alto grado de permisividad o una normalización de la misma dentro de la propia práctica deportiva”.
El 17% de las situaciones reportadas corresponden a violencia física, como golpes y lesiones provocadas, a menudo por rivales o compañeros de equipo durante las competiciones. Los casos de violencia sexual son mucho menos frecuentes, pero no por ello deben descartarse, ya que constituyen el 2% de los mencionados en el estudio.
“Es esencial que los jóvenes aprendan a identificar casos de violencia y sepan cómo actuar”
Perpetradores de la violencia
El estudio también analiza quién ejerce estas conductas. Los entrenadores aparecen como principales responsables en el 46% de los casos, seguidos de las familias (33%) y de los propios compañeros de equipo (21%). En el caso de la violencia física, los menores señalan sobre todo a rivales del equipo contrario, además de entrenadores y compañeros.
Ese reparto obliga a mirar al entorno adulto. Como plantea el director de Kunuina, “la percepción del menor se construye en un contexto donde los adultos han marcado durante años qué es aceptable y qué no”. Y ahí, reconoce, persisten inercias difíciles de desmontar.
La consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco, Nerea Melgosa, subraya la necesidad de visibilizar y tomar conciencia de la violencia en el deporte: “El deporte refleja lo que ocurre en la sociedad. Es fundamental visibilizar los episodios de violencia, ser conscientes de su existencia y actuar para erradicarlos”.
Las consecuencias de estos episodios son devastadoras para los menores. Las emociones negativas que experimentan incluyen tristeza, inseguridad, ansiedad, enfado y vergüenza. De hecho, los encuestados mencionan más de tres emociones negativas relacionadas con la violencia sufrida.
Falta de respuesta
Sin embargo, el estudio destaca otro dato crucial: aunque el 52% de los menores que han sufrido violencia lo han contado a alguien, un 61% de los casos no genera ninguna respuesta ni solución. Solo el 39% de las situaciones termina con alguna intervención o intento de resolver el problema.
Alonso pone el foco en la respuesta del entorno: “Si el feedback que reciben los menores es que ‘no es para tanto, esto es el deporte’, estamos minimizando situaciones que no son normales. Eso genera que los chavales no se atrevan a contar lo que les pasa porque consideran que no va a servir para nada”.
El impacto a largo plazo de estas experiencias es considerable, afectando el desarrollo emocional y psicológico de los jóvenes, que muchas veces terminan cambiando de club o abandonando la práctica deportiva debido a la falta de apoyo.
El informe señala además que el 54,7% de los encuestados conoce casos de violencia sufridos por otros menores en el deporte. Este dato subraya que la violencia en el deporte no solo afecta a quienes la sufren directamente, sino que también está presente en el entorno, a menudo sin ser reconocida o denunciada por los propios afectados.
“Se están implantando protocolos. El reto está en conseguir que se apliquen en el día a día”
Ámbitos en los que se produce la violencia
Los jóvenes tienen distintas percepciones sobre dónde ocurre la violencia con más frecuencia. Un 37,9% cree que el deporte infantil es el lugar donde se da más violencia, mientras que un 21,8% lo asocia con el deporte profesional o de alto rendimiento. Un 15,5% considera que ambos niveles deportivos son igualmente propensos a situaciones violentas.
Nerea Melgosa subraya que hay que romper esta inercia peligrosa: “Durante mucho tiempo se han normalizado comportamientos violentos. Es fundamental que los jóvenes puedan visibilizar estas situaciones y dispongan de herramientas para identificarlas y saber cómo actuar”
A pesar de los altos índices de violencia, el estudio revela que el 89,4% de los menores se siente satisfecho con su experiencia deportiva. El deporte sigue siendo una actividad que muchos valoran por su capacidad para fomentar la amistad, la disciplina y la mejora física. Sin embargo, también surgen preocupaciones, como la presión por parte de los adultos, las lesiones, la exigencia desmedida y la violencia verbal.
Entornos seguros
Los menores consideran que para que un entorno deportivo sea seguro es esencial que exista buen trato, confianza, la posibilidad de expresarse libremente y sentir que se les escucha. Además, destacan que los adultos implicados deben ser empáticos, respetuosos y capaces de establecer normas claras sin recurrir a la humillación.
La consejera, Nerea Melgosa, destaca la importancia de eudar en valores: “Los valores son fundamentales. Desde las escuelas, los padres y toda la comunidad deberían transmitir que el deporte en estas etapas es para jugar, colaborar y aprender a socializar, no para competir de manera exacerbada ni intentar convertir a los niños en estrellas. También hay que dejar a un lado la crispación para que no se convierta en un espejo para los más pequeños”.
Uno de los aspectos más reveladores del informe es el fuerte respaldo de los jóvenes a las medidas preventivas. El 85,3% cree que los adultos deberían tener más en cuenta la violencia en el deporte infantil, mientras que un 68,3% considera que es fundamental crear programas de sensibilización.
"Los valores son fundamentales. Hay que dejar a un lado la crispación para que no se convierta en un espejo para los más pequeños"
Para Iñaki Alonso, las entidades deportivas deben tener un papel activo en este sentido: “Históricamente, en el deporte hemos interiorizado que somos agentes deportivos, pero no agentes educativos. Y eso tiene que cambiar, porque cuando un niño no rinde, no es solo una cuestión deportiva, puede haber algo detrás”, señala Iñaki Alonso.
Melgosa insiste en esta idea: “Tanto los entrenadores como las familias deben contar contar con herramientas que les permitan detectar que determinados episodios no son tolerables y que existen otras formas de educar”.
Estrategia de erradicación de la violencia
Con el fin de hacer frente a esta realidad, tanto el Gobierno Vasco como las diputaciones forales lleva a cabo una estrategia de erradicación de la violencia contra la infancia. El objetivo es detectar los casos con mayor precocidad, reforzar la prevención, y la atención integral a las víctimas.
La medida convierte a Euskadi en pionera en la materia. “Euskadi fue la primera comunidad autónoma a nivel estatal que tuvo una caja de herramientas para ayudar en la implementación de la protección y prevención de la violencia contra la infancia en el deporte”, afirma Iñaki Alonso.
"Se exige a las entidades deportivas que cuenten con protocolos antiviolencia. Además los monitores deben tener una formación mínima en este sentido. El reto está en conseguir que esos protocolos se apliquen de verdad”
La estrategia plantea actuar en varios frentes. Por un lado, apuesta por reforzar la prevención y la cultura del buen trato, promoviendo la formación de profesionales y personas adultas que trabajan con menores. Por otro, busca mejorar los mecanismos de detección precoz y facilitar canales seguros de comunicación.
“Antes no existía ningún requerimiento en esta materia. Ahora sí hay exigencias como protocolos dentro de las entidades deportivas y formación mínima para monitores. El reto está en conseguir que se apliquen de verdad en el día a día”, explica el director de Kunina.
La estrategia de erradicación de la violencia incluye además el acompañamiento a las entidades deportivas, porque muchas carecen de recursos y conocimientos para afrontar estas situaciones.
Otro de los pilares de esta estrategia es la atención a las víctimas, garantizando su acompañamiento y protección. Al mismo tiempo, se quiere reforzar la coordinación entre los distintos actores. “Es fundamental que trabajemos todos de manera conjunta para poder garantizar entornos seguros y ofrecer una respuesta coordinada ante cualquier situación de violencia”, afirma Nerea Melgosa.