CADA vez que una orquesta interpreta el repertorio de la bigotuda familia Strauss, repleta de Johans, Eduards y Josephs, comienza el año en alguna parte del universo. 

Ayer sucedió en Bilbao. Aunque ya había ocurrido el pasado viernes 2 de enero en la Sociedad Filarmónica, cuando  el director bielorruso Mourad Assouil lideró a la orquesta Behotsik en una actuación en la que intervinieron también danzantes del Estudio de Ballet Clásico Teresa González Ardanaz y lo envolvió todo la voz de la soprano Naroa Intxausti.

El concierto de Año Nuevo de ayer fue distinto. Lo interpretó la Strauss Festival Orchestra junto al Strauss Festival Ballet Ensemble. Tuvo lugar en el coqueto Teatro Campos. Faltó poco para que se agotaran las butacas de la platea. Y se encontraban concurridos los palcos de la segunda y tercera planta. Resulta evidente que los Strauss son una familia que mantiene el tirón casi dos siglos después. 

Entre el numeroso público, rostros conocidos como los del exdirector general del Palacio Euskalduna, Jon Ortuzar, o el escritor y exsecretario general de Euskadiko Ezkerra, Kepa Aulestia.

Poco faltó ayer para completar el aforo del Teatro Campos gracias a incondicionales de los valses y las polcas

El elenco internacional, al parecer mayoritariamente ucraniano, lo dirigía Igor Chernetsky, actual responsable del Teatro de la Ópera y Ballet Académico Nacional de Odesa (Ucrania). El repertorio de Chernetsky, distinguido en 2019 con el título de Artista Honorario de Ucrania, abarca nada menos que 30 óperas y 20 ballets. Como solistas actuaron la soprano Maria Tutkievych y el barítono Bogdan Panchenko.

Unas y otros, devolvieron a la vida con elegancia, tules y trajes de gala, los salones vieneses de Sissi y el patilludo Francisco José.  El concierto para amantes de los Strauss arrancó con la obertura de El Murciélago y avanzó de polca en vals, dando su lugar también a hits de Rossini, Offenbach, Bizet o Verdi.

Concluyó, por supuesto, como cualquier concierto de Año Nuevo que se precie de serlo, con la Marcha Radetzky. Johan Strauss senior la compuso en 1848. Cada vez que suena esa alegre melodía, llena de tanta energía a quien la escucha que poco falta para que todo el mundo brinque sobre un penco, dispuesto a formar parte de una lúdica carga de caballería. Como alegres husares. Así son las cosas. Celebramos la entrada al año con una composición escrita en honor a un militar imperial austriaco que enfiló, riendas en la zurda y sable en la diestra, contra ejércitos de media Europa. ¡Qué mejor para dar por terminada la pacífica Navidad!.  

No hay Año Nuevo sin concierto de Strauss

Cierto es que el hombre vivió una época agitada que contempló unificaciones, derrocamientos, dos Napoleones, Santas Alianzas y más batallas que las del Emérito. Casi como esta era nuestra, con la significativa diferencia de que hoy no sabríamos hacia dónde dirigir el galope.

Te puede interesar:

El violinista Mihailov y la violonchelista Alexandra Alianeva, ambos de Odesa y muy jóvenes, salieron a tomar el aire media hora antes de comenzar el concierto y se toparon con la larga cola formada hasta la puerta del Teatro Campos. Allí estaban Silvia, Mikel y Pedro Díez con Pilar González, así como Txelo Aldekoa, acompañada por sus nueras, y buenas intérpretes de piano, Damaris Rives y Adelaida Ciurea. Aitor y Pedro Pérez, con Inmaculada de Viana, repetían Strauss. Guillermo Rodríguez y Pili Otxandiano, que habían visto conciertos de Año Nuevo por la tele, quisieron vivir la experiencia en directo. Tampoco faltaron Mari Carmen y Angel María Bilbao, Lucía Robles, Manuel Francisco Sáenz, Ignacio García, Julián Gómez o María Sanz entre otras muchas personas.

A la vez, pero a muchos cientos de kilómetros de distancia, los lanceros azulgranas picaban espuelas contra la infantería rojiblanca. Sin necesidad de que sonara la Marcha Radetzky.