La esposa del supuesto inductor del crimen de Ardines declara que no cree que él sea el responsable

La mujer ha admitido que mantenía una relación desde hacía cuatro años con el concejal asesinado

15.11.2021 | 13:44
El acusado de inducir el crimen del edil de IU Javier Ardines.

La esposa del presunto inductor del asesinato del concejal de IU de Llanes Javier Ardines ha dicho este lunes que no cree que su marido sea el responsable del crimen y ha negado que él sintiera odio hacia la víctima tras descubrir que ella y el edil mantenían una relación secreta.

La mujer del presunto inductor ha declarado como testigo, a través de videoconferencia desde Bilbao, en la octava sesión del juicio con jurado que se desarrolla en la Audiencia de Oviedo por el asesinato de Ardines, en el que están acusados Pedro N.A. como supuesto inductor, así como dos presuntos sicarios y un intermediario.

Tras admitir que mantenía una relación con el concejal desde hacía cuatro años, desde que su matrimonio empezara a ir mal, la mujer de Pedro N.A., a su vez prima segunda de la esposa de Ardines, ha defendido que su marido tampoco era una persona agresiva o controladora.

La mujer ha dicho que tras conocer la muerte de Ardines, el 16 de agosto de 2018, entró en "shock" y no sabía "ni qué pensar". Sí ha admitido que, tras conocer que la muerte de Ardines había sido violenta, un mando de la Guardia Civil le preguntó si su marido era celoso, momento en el que creyó que Pedro N.A. "podría haberle matado".

Sin embargo, ante las preguntas de la fiscal, ha insistido en que nunca percibió que Pedro N.A. tuviera odio al concejal tras conocer la infidelidad o que estuviera "desesperado" sino que simplemente le veía con pena porque su relación se acababa tras 24 años casados y dos hijos.

La esposa de Pedro N.A. ha defendido que ahora piensa que su marido no es responsable porque le comentó que el día del crimen "estaba en Amorebieta (Bizkaia)" y no se trata de una persona "agresiva ni vengativa".

La mujer, que ha precisado que las relaciones con Ardines eran "ocultas y esporádicas" cuando se desplazaba sola desde Amorebieta a Belmonte de Pría, donde tiene una casa familiar cercana a la del concejal, ha restado importancia al contenido de la conversación que Pedro N.A. les grabó unos meses antes del crimen y con la que confirmó sus sospechas de infidelidad.

Tras afirmar que era "una conversación de dos personas adultas que se atraían y nada más", ha admitido que su marido le pidió explicaciones pero "como siempre, como una persona normal", aunque enfadado.

Después de meses en los que el matrimonio "iba a peor" y ambos hacían vida por separado pese a seguir conviviendo, la mujer decidió marcharse de nuevo a Belomente de Pría, donde pasaba los veranos, el 5 de agosto de 2018.

La fiscal le ha recordado el contenido de algunos mensajes que le enviaba su marido como "Yo me moriré de pena" o "No voy a resistir perderte, me voy a morir", a lo que ha respondido que no le veía desesperado sino sólo con pena porque el matrimonio se acababa.

Las acusaciones, que piden una pena individual de 25 años de prisión para cada uno de los acusados, mantienen que Pedro N.A., amigo personal del edil, urdió el plan para acabar con la vida de Ardines después de descubrir, en diciembre de 2017, que mantenía una relación con su mujer.

Según sostienen tanto la Fiscalía como la acusación particular, fue en julio de 2018 cuando Pedro N.A., residente en Amorebieta, tomó la decisión de ejecutar su plan sabedor de que su mujer pasaría el verano en una casa familiar próxima a la de Ardines, y para ello contactó con Jesús M. para que le buscase a personas que pudieran actuar como sicarios a cambio de dinero.

Tras estudiar los movimientos rutinarios del concejal, los dos acusados como sicarios, Djilali B. y Maamar K., se habrían desplazaron a Belmonte de Pría para ejecutar el crimen y, tras un primer intento fallido en la madrugada del 1 de agosto, ambos lo intentaron por segunda vez dos semanas después.

Según las acusaciones, en la madrugada del 16 de agosto los sicarios colocaron unas vallas de obra para impedir el paso del vehículo de Javier Ardines y cuando este se bajó para retirarlas, ambos le atacaron, primero con un espray de pimienta y después le golpearon la cabeza con un palo o un bate de béisbol y le estrangularon hasta matarlo.

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