María y Aitor Xabier: "Fue estresante pero pudimos pasar mucho tiempo juntos"

María y Aitor Xabier compaginaron el teletrabajo y el cuidado de sus dos hijas mellizas

15.03.2021 | 01:12
Aitor Xabier y María, durante el confinamiento, con sus hijas Haizea y Nora.

De la noche a la mañana, María Laiz y Aitor Xabier Landeta se vieron con sus dos hijas mellizas en casa y teletrabajando. El confinamiento puso a prueba a esta familia que hoy, un año después, recuerda con cariño aquellos días de encierro. "Fue muy estresante, pero hoy echas la vista atrás y te das cuenta de que nos permitió pasar juntos más tiempo del que el día a día te deja habitualmente", coincide esta pareja.

El primer susto llegó el día 12, cuando se anunció que las ikastolas cerraban. "Pasamos muchos nervios porque no sabíamos cómo íbamos a organizarnos", rememoran. Y eso que, en el caso de Aitor Xabier, su empresa había sido previsora y aquel mismo viernes ya teletrabajó desde casa; María lo hizo a turnos. "Trabajar desde casa y atender a las niñas al mismo tiempo fue un caos", admiten. Ella era la primera en levantarse; trabajaba de 6.00 a 9.00. Después le tocaba el turno a Aitor Xabier, en una habitación que tienen habilitada como despacho. "Ambos teníamos reuniones y el día era un continuo encaje de bolillos con los horarios para ver quién trabajaba en cada momento y quién estaba con las niñas", explican. "Pusimos un cartel en el que ponía Bulegoa en la puerta, con un dibujo del coronavirus, y aprendieron a respetar, más o menos, la norma de que si había alguien dentro no se le podía molestar. Acostumbrados a desconectar del trabajo cuando termina tu jornada, no fue fácil gestionar las dos cosas al mismo tiempo". Haizea y Nora tenían 3 años. Aunque sus padres reconocen la suerte de tenerse la una a la otra para jugar juntas, al final no les quedó más remedio, como a otras tantas familias, que tirar de televisión mucho más de lo que les hubiera gustado. "Patrulla canina se convirtió en un hit. Hasta empezaron a hablar en castellano entre ellas...", cuentan entre risas.

Los cuatro se pintaban a diario un pequeño bichito que debía desaparecer al finalizar la jornada con el concienzudo lavado de manos que se impuso para combatir los contagios. Organizaron mil y una yinkanas para encauzar su energía, y los aplausos de las ocho se convirtieron en un ritual innegociable que entusiasmaba a las pequeñas. "El balcón da a un patio de manzana y les encantaba quedarse luego a cantar. Se adaptaron mejor que nosotros".

"El día era un continuo encaje de bolillos horario para ver quién trabajaba y quién estaba con las niñas"

María y Aitor Xabier

Familia bilbaina


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