Esenciales en tiempo de pandemia

Los creadores de cultura dan la batalla

El confinamiento supuso un frenazo en seco para la cultura. Los creadores no lo tienen fácil, pero no se han amilanado. En la época del covid, la cultura es un antídoto contra el virus

30.12.2020 | 00:38
El pintor Darío Urzay, la soprano Olatz Saitua, la diseñadora Miriam Ocariz, la actriz Itziar Lazkano, el actor Lander Otaola, el tenor Mikeldi Atxalandabaso, el músico Agus Barandiaran y la soprano Miren de Miguel, en el Teatro Arriaga.

A Itziar Lazkano le faltaban cuatro días para subirse al escenario del Teatro Arriaga con Madre Coraje, una de las producciones más ambiciosas del teatro bilbaino de este año. Y, de repente, en marzo un insignificante bichito, un virus llegado de China, cerró fronteras y el mundo se paralizó. El sector de la cultura ha sido uno de los más afectados y pasó a estar en la UCI. La pandemia del coronavirus empujó a las instituciones culturales al cierre total durante semanas. Se impusieron medidas inauditas típicas de tiempos de guerra. Escuelas, comercios, museos, teatros, bibliotecas y cines cerraron sus puertas.

"Fue una situación terrible. Nadie sabía lo que iba a pasar, los proyectos se fueron cayendo uno a uno", recuerda la actriz Itziar Lazkano. La crisis sanitaria les pilló también a Lander Otaola y a su pareja, Ylenia Baglietto, en Benidorm, rodando la película El cover. "Un día vino el productor y nos dijo que había que parar el rodaje porque parecía que venía algo serio. Era todo surrealista. No nos podíamos ni imaginar lo que se nos venía encima...", rememora el actor bilbaino.

El tenor vasco Mikeldi Atxalandabaso debería haber cantado Pagliacci en la Royal Opera de Londres en marzo y abril, pero no pudo ser. También falló Salzburgo y "estos días tendría que haber estado en La Monnaie de Bruselas. 2020 era el año internacional más importante de mi carrera, mi momento cumbre, y al final ha sido el año de las cancelaciones", lamenta Atxalandabaso.

historias de músicos

"Que no pare la música"

La de Itziar Lazkano, Lander Otaola y Mikeldi Atxalandabaso son algunas de las miles de historias vividas como consecuencia de la pandemia en el sector cultural vasco, que aglutina a técnicos, creadores y empresas. 7.000 personas viven de la actividad cultural, que genera 768 millones de euros en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa.

Frente a la tensión y la tristeza de este drama sanitario, la cultura se ha levantado con fuerza para confrontar al coronavirus. En un primer momento, tuvo que ser a través de la red, pero en cuanto pudo, ha ido recuperando paulatinamente la actividad presencial. El objetivo es no dejar vencer al virus, y la cultura es el antídoto contra el mal.

Los músicos conforman uno de los colectivos que más ha sufrido la situación, pero han luchado por acercar su música al público. "Empezamos el año con una gira con la que íbamos a estar en la República Checa, en Malasia, Estados Unidos, Francia... Eran más o menos sesenta conciertos y, al final, todo se vino abajo", comenta Agus Barandiaran, trikitilari y líder del grupo Korrontzi. "No sabíamos si íbamos a tener ayudas por parte del Gobierno vasco, cuál iba a ser nuestro futuro... Yo doy clases en la Escuela de Música de Basauri y he podido mantenerlas on line, con lo cual he tenido nómina. Pero si hubiera tenido que depender de los conciertos, como muchos compañeros, lo habría pasado muy mal", reconoce.

A partir de julio se empezaron a reprogramar los conciertos: "El primero fue en Valencia. La sensación de subirte al escenario y ver las caras del público con mascarilla, que no transmiten nada, fue muy rara. Pero, a la vez, nos hacía falta sentirnos músicos otra vez, sentir que tu música sirve para algo. Así que acabamos el concierto llorando".

El trikitilari y compositor aprovechó también el confinamiento para trabajar un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo junto con el bertsolari Xabier Amuriza, su nuevo disco, Koplariak: "Lo hemos publicado para esta no Azoka de Durango y estamos muy contentos con su aceptación". El covid ya no les para: "Estuvimos en el Teatro Campos el pasado día 17 y salió muy bien, y hoy estaremos en el Principal de Gasteiz. Y, si todo ayuda, nos sumergimos ahora en una gira que nos va a llevar a Madrid, Valencia, Sevilla, Vigo, Barcelona... Y, por supuesto, por toda Euskadi".

A la soprano Olatz Saitua también le cancelaron los recitales que tenía en primavera, pero los ha retomado en los últimos meses. Además, como profesora de Canto en el Conservatorio de Música de Bilbao ha recuperado las clases presenciales tras las que dio on line. "Creo que las instituciones, los teatros, ayuntamientos... están tratando de no perjudicar y apuestan por posponer más que por cancelar. Quieren hacer cosas para que se mantenga la cultura viva, pero a veces con los aforos restringidos resulta difícil". "Nos hemos dado cuenta de que una asociación de músicos y cantantes sería importante para exponer la situación de los artistas ante las instituciones públicas. En Euskadi yo estoy asociada en Musikari, pero los freelance están sufriendo mucho".

Miren de Miguel combatió el confinamiento con vídeos en las redes sociales en los que interpreta con su particular estilo sus canciones. "No me quedé parada. Monté un escenario en el pasillo de mi casa y ahí grababa las canciones. Luego he hecho algunos espectáculos, el caso es no dejarse vencer", añade la soprano.

El tenor Mikeldi Atxalandabaso también aprovechó ese período para estudiar Maitena, una ópera de Charles Colín. Y sigue preparándose todos los días "para estar en plena forma física y vocal. La voz es como el músculo de un atleta. Si no lo ejercitas, al final se queda vago y te cuesta retomar la rutina". "Los amantes de la ópera en Bilbao vamos a tener que esperar un poco", señala el cantante lírico. En mayo de 2021 participará en Tosca, de la ABAO, y el próximo verano, en el Teatro Real de Madrid, así como en Salzburgo.

Teatro, cine, moda

"El público tiene ganas"

Tras el brusco frenazo del primer momento, los teatros y el cine volvieron a recuperar su público, eso sí, con medidas sanitarias y de seguridad. Itziar Lazkano viaja hoy a Madrid para grabar varios capítulos de la cuarta temporada de la ficción de TVE Estoy vivo. También ultima los ensayos de la obra El viaje a ninguna parte, que se estrenará en el Teatro Arriaga el 14 de enero, con textos de Fernando Fernán Gómez y dirección de Ramón Barea. "Tengo mucho trabajo, no me puedo quejar en absoluto. Comprendo que no a todo al mundo le pasa igual. El teatro es uno de los sectores más castigados, se reducen los aforos y las taquillas, pero la cultura es segura y en el elenco se hacen pruebas para que podamos trabajar con seguridad".

Pabellón 6 también ha recobrado estos meses la actividad con mucho éxito. "El público tiene muchas ganas de ver teatro, de cultura... La taquilla se ha reducido un poco, pero está lleno y no podemos parar, hay que seguir trabajando...", dice convencida la actriz, curtida especialmente en el teatro, pero cuya presencia es también constante en televisión.

Lander Otaola, que ha participado ya en varias películas y series y en muchas producciones de teatro vasco, también está con proyectos. "Al final, acabamos el rodaje de El cover, que ahora está pendiente de estreno. Y voy a estrenar en el Palacio Euskalduna con Ylenia un espectáculo musical de pequeño formato, muy divertido, con tintes autobiográficos. Queríamos crear un proyecto personal después de Pichichi, que fue lo último que hicimos".

Miriam Ocariz es un referente de la moda vasca, su habilidad innata para el dibujo la ha aplicado también a la estampación de tejidos. "Personalmente, he trabajado mucho en el confinamiento, aunque un montón de trabajos que tengo habitualmente, una exposición que tenía en Madrid... todo se paralizó. Pero como trabajo sola he dado la vuelta a la tortilla. He desarrollado proyectos que tenía en mente, pero que no tenía tiempo de llevarlos a cabo: diseños de ropa, he reciclado tejidos que tengo de colecciones anteriores... Y estoy muy ilusionada con un proyecto que he puesto en marcha con Sara Ortuzar, una tatuadora polifacética y muy creativa. Una de las colecciones de mis dibujos se va a llevar a tatuajes".

arte

Capacidad de supervivencia

La mujer del artista Darío Urzay es médico en una UCI y ambos tienen dos hijos pequeños a los que han tenido que atender durante el confinamiento. "Antes tenía mi estudio en casa y ahora se ha transformado en el cuarto de los tres", dice el pintor y fotógrafo que luce una mascarilla creada por él mismo, con un poco de ayuda de sus hijos y de un microscopio que tiene en su estudio.

Ve la situación del arte contemporáneo bastante complicada. " Las programaciones se han trastocado, ya no sabes cuándo podrás hacer proyectos que tenías en mente, que se han retrasado... Nos estamos resituando". No oculta su preocupación por el impacto del covid-19 en el mundo del arte. Pese a ello, confía en la capacidad de supervivencia de los artistas. "En cualquier caso, los artistas siempre podemos crear y siempre estamos creando, pero tendremos que reinventar cosas y buscar salidas".

 

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