Presidente de la federación de ikastolas

Koldo Tellitu: "Las ikastolas también necesitan recursos adicionales y estamos inquietos porque no tenemos noticias"

23.08.2020 | 08:08
Koldo Tellitu.

Koldo Tellitu, presidente de la Federación de Ikastolas, no entendería que estos centros no recibiesen parte de los fondos covid del Estado y de Europa y considera fundamental establecer "una estrategia común"

Ha comenzado la cuenta atrás para el inicio del curso 2020-2021, el curso que parte con mayor grado de incertidumbre de los que se recuerdan. Nervios, mensajes cruzados, dudas, una situación cambiante en lo sanitario€ Todo contribuye a que los escolares vascos todavía no sepan cómo y en qué condiciones volverán a las aulas. Koldo Tellitu, presidente de la Federación de Ikastolas, realiza un análisis de la situación

¿Cuál es la valoración que hace la Federación de Ikastolas sobre el protocolo presentado por el Gobierno vasco?

—La verdad es que el único protocolo que hemos recibido es el elaborado en junio. Hemos tenido conocimiento indirecto del Plan de Riesgos Laborales del Ejecutivo, pero solo se refiere a los centros públicos. En este plan hay elementos que valoramos positivamente, pero lo cierto es que las ikastolas hemos ido elaborando nuestro propio plan con algunos elementos que hay que tomar en cuenta. Los planes, en cualquier caso, son instrumentos básicos y si los contrastamos con los de otros países resulta que son muy similares.

¿El papel lo aguanta todo?

—Lo que nos preocupa verdaderamente son los recursos disponibles para llevar a cabo los planes. Parece evidente que van a ser necesarios recursos adicionales para aplicarlos de manera eficiente. Son planes equiparables a los que se están realizando en el contexto europeo pero luego necesitan un apellido: recursos adicionales. Por ahora, no tenemos noticias de que vaya a haber ningún recurso adicional para los centros que no somos parte del sistema público. Escuchamos a la consejera hablar de refuerzos, pero todos son para los centros públicos. Estamos un poco inquietos y esperamos tener una comunicación con el departamento porque nosotros también necesitamos recursos. Estamos ante una pandemia y hay que tomar medidas coyunturales que tienen que ser extensivas al conjunto del sistema educativo.

¿Cuentan con suficiente profesorado ante un escenario en el que haya que coordinar educación presencial y telemática?

—Cada ikastola es un mundo por sus instalaciones, por su número de alumnos€ Si queremos dar una respuesta eficiente a los planes que hemos diseñado es evidente que hacen falta recursos adicionales. Si hay que seguir adelante con menos recursos va a ser mucho más complicado y el nivel de garantías será inferior. Nosotros apostamos por la presencialidad y queremos dar respuesta a nuestro alumnado.

¿Cuál es la relación entre la Consejería de Educación y la Federación de Ikastolas?

—Siempre hemos tenido una relación fluida. Pero sí tengo que comentar que en este último tramo no está siendo así. Somos conscientes de la situación y espero que en breve tengamos un encuentro. Lo cierto es que, a día de hoy, no tenemos el contacto necesario para saber si los recursos adicionales que llegan tanto del Fondo covid del Estado como de Europa llegarán a las ikastolas y el resto de centros concertados. Nosotros queremos pensar que sí, porque lo contrario nos parecería un escenario incomprensible. No estamos discutiendo cuál será el sistema de financiación, hablamos de medidas coyunturales y hay que valorar las necesidades de los centros con independencia de que sean ikastolas, públicos o Kristau Eskola.

Incide el protocolo en la necesidad de trabajar con anticipación en la organización del curso ¿Están en ello las ikastolas?

–Anticipándonos sí, pero hay que considerar la situación de incertidumbre vigente, el no saber cuál será la situación sanitaria el 7 de septiembre. Eso no se puede obviar. Tenemos previstos tres escenarios pero no sabemos cuál habrá que aplicar. Además, no en todos los sitios se tendría que aplicar el mismo escenario. Nosotros vamos adelantándonos y la semana que viene hemos convocado a los equipos directivos para avanzar en esta línea, pero un margen de incertidumbre va a existir hasta el final, aunque estemos barajando distintos escenarios.

¿Están mirando a los países que ya han comenzado el curso?

—Desde luego. Por ejemplo, estamos observando a Alemania, que ha empezado antes y tomamos nota de experiencias que nos parecen interesantes. Nos estamos anticipando sí, pero cierto nivel de improvisación va a existir.

La evolución de la situación sanitaria no hace prever que el curso pueda empezar en un escenario de normalidad.

—De total normalidad parece que no. Faltan menos de 15 días para que empiece el curso escolar y hay que ver cómo evoluciona la situación. Luego habrá que evaluar si las medidas se pueden tomar por herrialdes o por localidades. Quizá existan lugares en los que el curso pueda iniciarse con mayor normalidad que en otros. Por ejemplo, parece difícil que en el Bilbao Metropolitano, visto los datos de contagios, el curso pueda empezar con normalidad. Creemos que lo más probable es que se empiece con un sistema mixto. Pero tenemos que estar preparados para que se den situaciones distintas. Incluso en los lugares en los que se pueda iniciar el curso con cierta normalidad, esta normalidad no será la de otros cursos y serán necesarios, a mi entender, elementos adicionales como pruebas PCR€ Normalidad absoluta en ningún caso, pero sí cierto escenario de normalidad en algunos lugares.

¿La experiencia del curso pasado sirvió de aprendizaje?

—Sí. Nos sirvió de mucho para ver cómo tenemos que llevar adelante el aprendizaje on line. Teníamos una idea de cómo era la educación on line en un momento de normalidad, pero hemos aprendido muchas cosas que podemos aplicar si vamos al escenario en el que tengamos que hacerlo. Creo que todo se va a hacer bastante mejor.

¿Qué se ha aprendido?

—Si vamos a un escenario mixto onl ine ypresencial, tenemos muy claro qué se puede hacer on line y qué es mejor hacer de forma presencial. Y hay cosas que no vamos a repetir. Cuando empezó la pandemia, en cierta manera nos obsesionamos en seguir el ritmo que tendríamos en las aulas. Pero nos dimos cuenta que el confinamiento a nivel emocional suponía una cierta carga y según fue adelante se fueron modificando cuestiones tomando en cuenta el estado emocional del alumnado, escuchándole y bajando un poco el pistón en lo que se refiere a los contenidos curriculares. Hemos comprobado que en situaciones excepcionales las cosas hay que hacerlas de otra manera. Las carencias no se han dado a nivel informático, nos ha costado más darnos cuenta de la importancia del estado emocional.

Subraya el protocolo que es especialmente importante garantizar la educación presencial de los más pequeños cuando, a su vez, es en estas aulas donde más complicado resulta adoptar las medidas de seguridad

—Sí, es así. Pero es donde consideramos que es más importante la presencialidad. Que la escuela es algo más que un intercambio de contenidos curriculares es más evidente en esas edades. Tenemos que garantizar a ese alumnado oportunidades para la igualdad. Además, trabajar con los más pequeños de manera telemática es muy complicado. Aunque es más complejo garantizar las medidas de seguridad, tenemos que ir a asegurar la presencialidad. Hay una apuesta seria en este sentido. Por eso bajar ratios en esas edades es muy importante. En los campamentos de verano que hemos organizado hemos visto que se puede trabajar en burbujas más pequeñas.

¿Están los centros y el profesorado preparados para iniciar el curso en un escenario flexible?

—Sí, en teoría, pero hay que llevarlo a la práctica. A priori la gente sabe lo que tiene que hacer, pero luego el día a día obligará a un aprendizaje rápido porque el profesorado no está acostumbrado a tratar a sus alumnos en un contexto como éste. Septiembre será una prueba de fuego y se irá aprendiendo. Es importante ir viendo la respuesta que se da en otros países pero cada uno tendrá que ver cuál es su realidad. Es una incógnita, pero tenemos que afrontarlo con cierta positividad. Necesitamos tranquilidad para afrontar el nuevo curso y si estos días algo no estoy viendo, es tranquilidad por parte de todos los agentes implicados.

La realidad de cada centro es diferente incluso a nivel de disponibilidad de espacio. ¿Puede haber recetas válidas para todos?

—Para nada. Solo en la red de ikastolas tenemos centros de todo tipo, desde los que están ubicados en entornos poco poblados que disponen incluso de espacios exteriores que podrían utilizar para hacer distintas cosas, a centros en ciudades que no tienen esa disponibilidad. El espacio también va a condicionar mucho. Por muy bien redactado que esté un plan hay muchos aspectos que van a marcar lo que realmente se puede hacer, desde el espacio disponible a los recursos adicionales.

¿Prevé usted un aumento del profesorado en la red de ikastolas para poder atender las necesidades que surjan?

—Quiero pensar que sí, porque es un compromiso que tenemos todos como país, dar respuesta a esta situación. Yo no voy a entrar a decir cuántos se necesitan, porque se están dando cifras diferentes, pero se necesitan profesores y la necesidad depende de las características de cada centro. Hay fondos estatales y europeos para dar respuesta a esto y no quiero pensar que no vaya a suceder en el caso de las ikastolas. Estamos a la espera.

¿Se puede garantizar la educación en igualdad si no es presencial?

—Se puede garantizar menos. Cuando la educación es presencial conseguimos tener oportunidades para la igualdad pero en el ámbito telemático intervienen otro tipo de factores, desde poder contar con los dispositivos adecuados a que exista en ese hogar cierta cultura en el uso de los mismos. Si vamos a un escenario y hay que alternar lo presencial con lo telemático, tenemos que tener claro qué se va a hacer de cada forma para minimizar ese riesgo de ahondar en la desigualdad y trabajar en equipo.

Durante el confinamiento se detectó un descenso en el uso del euskera. ¿Es un diagnóstico que comparten las ikastolas en lo que se refiere a su alumnado?

—Sí. Los alumnos que no tienen el euskera en casa se vieron perjudicados en la época de confinamiento. Nosotros hicimos todo lo posible, y lo vamos a seguir haciendo, por revertir esa situación y trabajar también con los agentes culturales. Para nosotros el tema de la euskaldunización era ya una preocupación antes de la pandemia, porque la calidad del euskera en el alumnado de la CAV estaba empeorando. Con la pandemia la situación ha ido a peor. De cara al año que viene es uno de los elementos más importantes, por no decir el más importante: la euskaldunización del alumnado. Es un tema muy importante en el que nos jugamos mucho.

¿Cuáles son las consultas y preocupaciones que les transmiten padres y madres?

—La incertidumbre es muy grande. Principalmente preguntan cómo actuarán los centros en el caso de que se dé un positivo. Tenemos claro que si ocurre eso hay que tratar que vaya a casa el menor número posible de alumnos. Para ello vamos a las clases burbuja, las unidades amplias... Hacer la trazabilidad de los casos será muy importante. Preocupa también el protocolo a aplicar si algún alumno tiene síntomas. Luego me imagino que empezarán a preocupar también los temas curriculares.

¿Y las preocupaciones de los centros por dónde van?

—En parte son similares. Pero también nos preocupa la salud de nuestros trabajadores. Por eso pensamos que sería interesante que de manera progresiva se hicieran la PCR para no llevarnos sorpresas, algo que ya ha ocurrido en Alemania. También preocupa la disponibilidad de aulas, el diseño de cada centro, cómo se logrará que en cada clase haya menos alumnos, cómo trabajar...