Nuestros hijos son más huérfanos digitales

El desarrollo de internet y las tecnologías de la comunicación han traído consigo la creación de nuevos espacios para las relaciones afectivo-sexuales, en los que la educación en habilidades sociales es fundamental

15.06.2020 | 00:34
El uso de aplicaciones como Tinder, Bumble y Meetic durante el confinamiento se ha disparado entre los jóvenes.

DESDE el confinamiento, el uso de aplicaciones para ligar ha aumentado un 94% entre personas menores de 35 años. También ha cambiado la forma en la que se han utilizado: las conversaciones entre los usuarios se han vuelto más largas y las videollamadas, disponibles en algunas de ellas, han aumentado. "Hasta ahora, se habían utilizado para establecer un primer contacto y tener una cita en un espacio analógico, ahora han tenido un sentido en sí mismo", explica Raúl Marcos Estrada, sexólogo y psicólogo del centro Emaize, de Gasteiz.

La crisis sanitaria ha remarcado algunas tendencias que se venían observando en los últimos años. "Yo vengo diciendo desde hace tiempo que esto de ligar en los bares se va a quedar para las generaciones de personas más mayores. La mayor parte de la gente joven liga ya en espacios digitales, aunque luego rápidamente pasen a espacios analógicos", apunta. Los adolescentes y jóvenes de hasta 25 años suelen establecer los primeros contactos a través de las redes sociales, mientras que, a partir de esa edad, empiezan con las aplicaciones.

Y en la nueva normalidad, ¿cómo ligaremos? "Yo creo que no se va a modificar demasiado, creo que se va a acentuar la tendencia. Es muy probable que personas que eran reacias a tener encuentros de cibersexo, quizá ahora hayan descubierto algo placentero". El desarrollo de internet y las tecnologías ha traído consigo la creación de nuevos espacios para las relaciones afectivo-sexuales, sobre todo para la gente joven. "Para muchos de ellos, sus primeras relaciones compartidas ahora empiezan a través de las pantallas. Empiezan con conversaciones a través de las redes y, a medida que la relación se va estableciendo, se envían imágenes, vídeos, lo que se conoce como sexting", asegura el sexólogo y psicólogo del centro gasteiztarra.

También el cibersexo es una tendencia en auge. "En general, son encuentros que se viven de forma muy positiva, porque generan menos ansiedad que cuando los tenemos en un espacio analógico. Son encuentros en los que tenemos un botón del pánico y cuando algo nos incomoda, podemos cortar la comunicación. En los espacios digitales, cada uno está en su espacio de confort, con la seguridad que eso proporciona. Y entendemos que no hay determinados riesgos o peligros, como embarazos no deseados o enfermedades. En definitiva, para muchas personas, las relaciones de cibersexo empiezan siendo un sucedáneo de las analógicas y, al final, acaban teniendo un sentido en sí mismas. Y durante el confinamiento han aumentado", subraya Marcos Estrada.

Huella digital
En cambio, que no existan ciertos peligros no significa que no los haya de ninguna clase. De hecho, en los espacios digitales cualquier conversación o comunicación puede quedar registrada y llegar a romperse la privacidad. Es verdad que los jóvenes y adolescentes conocen más los riesgos de compartir imágenes de carácter erótico a través de internet, sin embargo, "cuando conocen a alguien y entablan una relación, toda esa protección desaparece".

Hoy en día conceptos como privacidad o intimidad han cambiado por completo. "La intimidad se ha devaluado. Hay un nuevo concepto que sería la extimidad, que sería la necesidad que tengo de decirle al mundo quién soy, qué pienso, qué me voy a poner o qué tipo de relaciones eróticas voy a tener. Lo problemático que puede tener este nuevo concepto de intimidad es que, si en la intimidad lo privado es un valor que se protege, en este nuevo paradigma de la extimidad, lo privado solo tiene valor cuando se hace público", explica Marcos Estrada. "De la misma manera que mi abuela consideraba que ciertas cosas formaban parte de la intimidad y yo no, pues ahora mismo sucede eso con muchas personas jóvenes y adolescentes, que consideran que ciertas cosas no son íntimas, como publicar una foto justo después de tener un orgasmo. Hay una etiqueta en Twitter #aftersex, en el que la gente sube una foto suya justo después de tener un orgasmo", agrega.

Otro concepto es el de la huella digital. "La adolescencia es un momento en el que se cometen errores, además creo que los errores hay que cometerlos, el peligro es que esos errores quedan registrados. En ese sentido, creo que las personas jóvenes y adolescentes tienen que estar mucho más protegidas", considera el sexólogo y psicólogo. Y esto pasa por la educación. "Creo que cuando abordamos este tema, ponemos demasiado acento en los aspectos tecnológicos y creo que hay que poner el acento en factores humanos. En realidad, detrás de una foto, de un tuit, siempre hay una persona. Esto de internet no son ordenadores conectados, son personas. Lo que ocurre es que muchas familias se creen que esto tiene que ver con aspectos tecnológicos y piensan que, en ese campo, los chavales nos llevan la delantera. Y es verdad, pero para otras muchas cosas no. Este concepto de nativos digitales nos lo tenemos que quitar de la cabeza, quizá los nativos digitales sean los hijos de nuestros hijos, pero nuestros hijos actualmente son más huérfanos digitales que nativos, porque no han tenido esa educación y ese acompañamiento", apunta.

De hecho, la educación digital también pasa por una educación en habilidades sociales, que son fundamentales para la vida. "Yo creo que hay que trabajar las habilidades sociales de las personas que se están formando. La adolescencia es precisamente el momento en el que hay que entrenar esas habilidades y a veces la tecnología digital hace que no se entrenen demasiado", subraya. Sin embargo, hasta ahora la educación, en este sentido, ha pasado por la prohibición. "Nos acercamos a este tema desde los riesgos y las precauciones, y basar la educación en el miedo no hace que consigamos los objetivos que nos hemos marcado. La prohibición es fácil de aplicar, pero no es especialmente efectiva. Yo siempre pongo el ejemplo de una piscina, tenemos miedo de que nuestra hija se ahogue. Tenemos dos opciones: prohibirle el baño o enseñarle a nadar", insta el sexólogo.