Vivir confinado, un caldo de conflictos para un adolescente

03.05.2020 | 00:22
El uso de las tecnologías es fuente de conflictos, mientras el ejercicio, la lectura, las películas o la música ayudan a evitar estados de ánimo negativos.

Vivir confinado con su familia debe ser la pesadilla de todo adolescente. Despegarle del móvil, el terror de sus padres. Si le añadimos las peleas fraternales, los deberes y una pizca de estrés, urgen buenos consejos para que no estalle el polvorín

TELETRABAJO y mi hijo y su móvil se han fusionado. Oigo una reyerta en el cuarto y no sé si subir el volumen de la tele o intervenir. La niña no entiende los deberes y me estoy poniendo de los nervios. El ambiente en algunos hogares está calentito y la primavera no tiene nada que ver. El confinamiento está pasando factura a algunas familias, a las que el mediador Asier García Real explicó recientemente en una conferencia on line técnicas para que la convivencia entre cuatro paredes no se convierta en un caldo de conflictos.

Quitar móvil a adolescente

No intervenir durante el estallido

No hace falta casco, pero sí tapones para las orejas. Quitar el móvil a un adolescente que lleva todo el día enganchado y que de su boca salgan sapos y culebras es todo uno. "Es bueno que fomente su tolerancia a la frustración y normal, que fruto de esa frustración, surja una respuesta agresiva verbal", explica Asier García Real, quien aconseja "no contradecir" a los chavales "durante el estallido" para evitar "una escalada del conflicto". Más bien al contrario, hay que aguantar estoico echando mano de la respiración o incluso apartarse un rato. Una vez llega la "fase de enfriamiento emocional", prosigue, "no hay que centrarse en lo que dice, sino en reflejar su emoción: Entiendo que te gusta mucho estar con el móvil o que estabas haciendo algo importante para ti y te ha sentado muy mal que te lo quite, ¿no? A partir de ahí podríamos establecer un diálogo racional desde la calma". Y aprovechar para sensibilizarle sobre los riesgos de un uso excesivo de las tecnologías. Algo que va a causar conflictos a todas las edades, pero que en la adolescencia cobra mayor relevancia "porque es la vía en la que están conectados con sus amigos, principal grupo de referencia", por lo que se trata de conciliar su necesidad con un horario razonable.

Al ser la del confinamiento "una situación tan excepcional, con el impacto emocional que implica, se pueden flexibilizar algunas normas, aunque siempre fijando límites", subraya este mediador, quien recuerda que "incumplirlos debe tener consecuencias concretas, dirigidas a reparar el daño causado y proporcionales a la gravedad de la infracción".

Discusiones entre hermanos

Calmar, separar y escuchar

Las habituales discusiones entre hermanos se multiplican cuando llevan una semana tras otra encerrados entre cuatro paredes. Donde los progenitores ven otra pelea más para la colección, este mediador vislumbra "una oportunidad para aprender nuevas habilidades". "El conflicto tiene un valor educativo muy importante", asegura, y expone algunas pautas sobre cómo intervenir sin morir en el intento. Para empezar hay que mantener la templanza. Esto es, que nada de sumarse a sus gritos. "Hay que ayudarles a calmarse y separarlos para que no aumente la hostilidad", plantea. Una vez apaciguados los ánimos, cada uno debe "reflexionar sobre qué ha ocurrido, cómo se siente y qué necesitaría pedir a su hermano para solucionar esa situación". La tentación de "culpabilizar al otro" es irresistible, así que hay que sortearla instándoles a comunicarse entre ellos en primera persona. "Cuando hay un conflicto al final siempre acaban: Es que él me ha hecho, es que él me ha dicho... No, aquí vais a tener que expresar cada uno vuestro punto de vista, de manera que se da un proceso de escucha y de empatía", argumenta. Un paso necesario para acabar poniéndole la guinda al proceso con la búsqueda conjunta de una solución, en la que el padre o la madre pueden mediar.

Desesperarse con los deberes

Si te alteras, se bloquean más

Trasladar el cole a casa está poniendo a prueba la paciencia de muchos progenitores, tal y como demuestra una de las últimas consultas recibidas por este experto. "Me desespero haciendo deberes porque si no le salen bien, se echa a llorar. Intento explicarle lo que ha hecho mal, se frustra más y yo pierdo los nervios", reza la llamada de auxilio. "Si los menores se bloquean ante algo que no les sale bien y ven que nos estamos alterando, estarán mucho más bloqueados y la parte del cerebro encargada del razonamiento estará mucho menos predispuesta para el aprendizaje", afirma. Por ello, para mantener las formas aconseja parar, realizar otra actividad y retomar los ejercicios más tarde, así como "revaluar nuestras exigencias para llevar la situación de otra manera" y "centrarnos en lo positivo y en reconocer cualquier pequeño avance que vaya teniendo".

Padre y madre se contradicen

El menor necesita coherencia

No hace falta una pandemia para constatar que los progenitores a veces se contradicen, pero quizás esta multiplique las veces en las que no se llega a un consenso. "Los menores necesitan una coherencia respecto de lo que se les pide", por lo que hay que "clasificar los puntos más importantes para cada uno y llegar a acuerdos", evitando las coaliciones entre el menor y un progenitor en contra del otro y la "duplicidad de autoridad", es decir, "que se acerque al que más le conviene ante la situación que se le niega".

Nunca quieren irse a la cama

Hay que establecer rutinas

No quieren irse a la cama, hay que repetirles cien veces que se laven los dientes... Asier García Real propone evitarlo "jugando a competiciones: A ver quién acaba antes o con una tabla de tareas y privilegios" que lograrán si las cumplen. "Para evitar el caos hay que marcar rutinas. No podemos tener a los niños en pijama comiendo cereales, viendo dibujos animados y discutiendo todo el día", señala el mediador, quien insta a concienciarlos de su corresponsabilidad en esta crisis "reforzando la idea de que es una batalla que ganaremos entre todos".