Nélida Zaitegi | Presidenta del Consejo Escolar de Euskadi

"El plan de fin de curso ha tranquilizado a las familias y asegura que nadie va a pagar el pato"

24.04.2020 | 00:14
Nélida Zaitegi

La voz del Consejo Escolar de Euskadi, el máximo órgano de representación de la escuela vasca, analiza el plan para acabar el curso presentado por Educación

¿Qué opinión le merece el plan presentado por la consejera de Educación, Cristina Uriarte, para abordar el final de este curso marcado por el confinamiento?

—Sinceramente, creo que se ha hecho un trabajo estupendo. Han tranquilizado a las familias y al profesorado aclarando cómo se va a evaluar, asegurando que nadie va a pagar el pato de esta situación, sobre todo, aquellos que siempre lo pagan, es decir, el alumnado más desfavorecido que no tiene condiciones ni un ambiente adecuado en casa para trabajar. El tema de la equidad está claramente reflejado en el documento, lo que me parece interesantísimo. El hecho de que se insista en que no se repita y que en tal caso tiene que estar muy, muy justificado y revisado por la inspección me parece fundamental. Pero lo más importante de todo es que los centros son los que tienen que decidir. Nadie como un centro conoce la situación de sus chicos y chicas, nadie sabe mejor cuál es la situación en sus casas y en su entorno.

Comparte, entonces, que el plan deje en manos de cada centro educativo cómo abordar la evaluación final del curso.

—Absolutamente. Además, la medida es un reconocimiento importante a la autonomía de los centros y del profesorado. Y eso se tiene que convertir en una pregunta: "Como centro, ¿qué vamos a hacer a partir de septiembre?". Porque no sería lógico que nos quedemos en que papá Estado o papá Departamento de Educación nos lo resuelvan. Si somos mayores y somos autónomos para poder decidir cómo evaluamos, además con todo el derecho por ley y conocimiento, tenemos que ser capaces de adaptar el curso que viene a las circunstancias. Que los centros decidan cómo evaluar es como debe ser y debía haber sido siempre, evidentemente, con las orientaciones necesarias.

¿El plan ayuda a resolver las dudas que hasta ahora atormentaban a la comunidad educativa?

—Sí, además habla mucho de la atención a las familias. Si pasas de las líneas gruesas y de la simplificación de la presentación del plan y bajas a lo fino te das cuenta de que hay cosas interesantes, como que se informará a las familias de la problemática de cada niño y cada niña, qué necesita, por qué, qué se puede hacer€ Siempre hemos dicho que las familias eran importantes, pero ahora se ha comprobado con una nitidez incontestable que verdaderamente lo son, y que tenemos que trabajar juntas de la mano con la escuela. Creo que desde el Departamento lo han pensado, han abordado las cosas más importantes y han hecho lo que tenía que ser, sobre todo, para tranquilizar a toda la comunidad educativa porque todos los agentes pueden ver recogidas sus inquietudes en el documento.

¿El documento facilita al profesorado las orientaciones y herramientas de evaluación que pedía para saber cómo abordar este final de curso?

—Sí. Otro de los puntales del plan es que plantea un tratamiento metodológico específico para esta última evaluación. He visto que el profesorado en estas circunstancias ha sido creativo, listo y rápido para adaptarse a la nueva situación. Cada uno ha hecho lo mejor que ha podido porque no todo el mundo maneja lo digital, pero se han reciclado. Al comienzo creo que se sobrecargó mucho a los niños porque no sabían cómo mantener las rutinas de los chavales de la noche a la mañana, pero luego lo han repensado y han ido suavizando un poco las cosas, centrándose en lo más importante, centrándose en lo emocional, llamando a las familias. Es verdad que el profesorado necesitaba estas pautas, pero en última instancia, el Departamento lo que les está diciendo es que nadie mejor que ellos conocen a sus alumnos y alumnas y a nadie más que a ellos les interesa sacar adelante a sus estudiantes.

Por fin hay certidumbre, ya se puede cerrar el curso. Sin embargo, especialistas y profesionales del sector coinciden en que el gran reto no es lo que pase de aquí a junio sino cómo abordar el curso próximo para no dejar a nadie atrás y, al mismo tiempo, que el alumnado que peor ha capeado la crisis pueda seguir adelante.

—Sin duda, pero vamos a situarnos. Hemos pasado por un momento de una urgencia increíble y hemos respondido todos lo mejor que hemos podido, como sociedad y como escuela. Luego podremos analizar si podríamos haberlo hecho mejor. En esta segunda parte de la crisis era muy importante que el Departamento diera unas directrices para tranquilizar al profesorado y a las familias y ver cómo cerramos el curso de la mejor manera posible. En el plan hay herramientas para hacerlo, bien. Pero esto no acaba aquí.

¿A qué que refiere?

—Ahora vienen dos cosas muy importantes. La primera, reparar los daños, como en un accidente. Me refiero a los daños emocionales tanto del alumnado como del profesorado, que ha pasado un estrés y necesita un tiempo para volver a sentarse juntos, hablar de todo lo que ha pasado y qué problemas han tenido. Es muy importante que se abran espacios de cuidado entre el profesorado y los equipos directivos. Y luego hay que pensar en cuáles son los apoyos que vamos a necesitar para atender en septiembre a los alumnos que llegarán con estrés; a otros muy descolgados, porque no tienen el apoyo en casa por la brecha social que comentábamos y, también, a otros que llegarán genial, habiendo aprendido muchas de las cosas que les han mandado y otras muchas más que han aprendido en su casa durante el confinamiento.

¿Y después de reparar los daños?

—El siguiente paso fundamental es anticiparse y prevenir, lo que yo llamo encender las luces largas. Hasta ahora hemos ido con las luces cortas porque no teníamos otra opción, pero ahora hay que encender las largas. Necesitamos tomarnos un tiempo en los centros, a finales de junio, en julio, cuando sea, para pensar con calma para aprender de todo esto y que no nos vuelva a pasar lo que nos ha pasado. Y eso lo tienen que hacer las direcciones y el profesorado.

¿Cómo?

Esta es una oportunidad preciosa para aligerar el currículum. Un currículum, como dice Ángel Pérez, de kilómetros de extensión y milímetros de profundidad. Hay que ir a lo fundamental, ver qué competencias necesita nuestro alumnado hoy para vivir en la sociedad que le tocará vivir en el futuro: saber regularme, hacerme preguntas, saber organizarme, tener una buena autoestima, ser resiliente, una persona que no me caigo a la menor dificultad, saber convivir, además de las competencias académicas y profesionales.

Vaya, pues me temo que la chavalería ha hecho ya un intensivo€

—Sí, han hecho un intensivo de convivencia terrible. Pero lo importante es qué vamos a hacer de aquí en adelante. Hemos aprendido todos; los adultos hemos aprendido que somos vulnerables y eso nos tiene que ayudar a reconducir la vida. Dos, la humildad de nuestra ignorancia. Copérnico decía que saber lo que no sabemos es el camino hacia el verdadero conocimiento. Ahora nos hemos dado cuenta de todo lo que no sabemos y de la importancia de la ciencia y la investigación. Y lo más importante que hemos aprendido, en la escuela y también en la sociedad, es la interdependencia, que esto de la vida o la escuela no va de ir solos; esto es o vamos todos o no va nadie.

"Es importante que se insista en que no se repita y que, en tal caso, tiene que estar muy, muy justificado"

"Los centros son los que tienen que evaluar porque son los que mejor conocen a sus estudiantes y sus casas"

"Se deberían abrir espacios de cuidado entre el profesorado y las direcciones para plantear el nuevo curso"

"La primera tarea es la de reparar los daños emocionales del profesorado y el alumnado"

"El siguiente paso fundamental es anticiparse, prevenir para aprender de todo esto y que no se repita"

"La lección que saco de esto es la interdependencia, que la vida no va de ir solos, sino que o vamos todos o no va nadie"


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