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Los piratas y la sirena

12.04.2020 | 00:30
Urtain', a la izquierda, y 'Frida', a la derecha, observan el puesto de trabajo improvisado en la cocina.

LA jornada del miércoles me dejó agotado y llegué a casa con la cabeza como un sonajero. Los problemas y tensiones se acumularon y cuerpo y mente ya me exigían desconectar un poco. Por suerte, en Jueves Santo y Viernes Santo no me tocaba trabajar y pude descansar un poco, si es que esto es descansar.

El jueves, entre otras cosas, me tocó convertirme en pirata. Me autobauticé como Txipiron del Infierno. En mi barco, mi mano derecha era Lur, a quien en los mares de todo el mundo se le conoce como Karramarro Beltza. Con nuestro catalejo no tardamos en visualizar una extraña figura que nos provocaba con su canto. Era Malen, a quien lo de ser una marinera sucia y tuerta no le motivó mucho y eligió ser una sirena. Concretamente, la Sirena Irena. Yo le invité a escoger un nombre terrorífico y su primera opción fue Sirena Fracaso. Me reí tanto que ella pensó que no me gustaba y finalmente escogió el nombre de una sirena rumana.

El viernes todos empezamos el día de mal humor. En algún pabellón o fábrica cercana sonaba una alarma sin cesar desde primera hora de la tarde del jueves. Al parecer, había saltado por un pequeño corte del suministro eléctrico, pero lo cierto es que nadie consiguió apagarla hasta más de 24 horas después. Estar todo el día encerrado ya es un incordio, pero hacerlo con esa banda sonora continua, día y noche, fue desesperante.

Mientras Lur se echaba una buena siesta, el resto de la familia aprovechamos para jugar un par de partidas a la oca. Me he dado cuenta de que en los primeros días del confinamiento lo dimos todo jugando a todo tipo de juegos de mesa, pero ahora han caído en el olvido. Redescubrirlos tres semanas después puede ser un buen empujón anímico de cara a los próximos días. Habrá que reactivar el lado más competitivo de la familia.

Por la tarde, después de la merienda, nos pusimos en modo cine y nos comimos un par de películas infantiles. La primera sesión fue la versión dirigida por Tim Burton de Alicia en el País de las Maravillas. A los pequeños les gustó bastante, pero yo me quedé un poco patidifuso cuando, al comenzar, un pequeño letrero advertía de que la película contenía imágenes de personas fumando. Algo así como "aquí vas a ver tabaco y, como si fuera pornografía, será bajo tu responsabilidad". Todo esto porque Alicia conoce a una oruga azul que fuma en cachimba. Me parece a mí que nos estamos convirtiendo en unos flojos.

La segunda película, ya sin nada que corrompiese a los niños, fue la nueva versión de La dama y el vagabundo, con cánidos de verdad. También resultó muy bonita, pero no hizo más que regar nuestros deseos por volver a tener un perro. A las tres gatas no les gustó tanto.

Y después de la doble sesión infantil llegó el turno de los mayores, que finiquitamos la serie Chernobyl. Nos ha costado, la verdad, porque Malen nos la tenía vetada. Nos había montado el pollo varias noches para que no viésemos un capítulo alegando que es muy triste y que ella solo quiere ver cosas bonitas. Algo de razón sí que tenía la cría, porque al bajón de estar encerrados no ayudaba mucho la desesperación que te da un desastre nuclear. He de confesar que la mezcla de tanta desazón me ha generado pesadillas.

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