desde la frontera del hielo

La hora del frío extremo

09.02.2020 | 12:08
Imagen del hielo en la Antártida que se observa desde la cubierta del rompehielos Agulhas II que protagoniza esta expedición.

Después de siete días rumbo al sur, hemos llegado a la zona de hielo marginal (ZHM) y, satisfactoriamente, hemos muestreado en tres estaciones (ZHM1, ZHM2, y ZHM3). Cada estación ha tenido características distintas basadas en la cantidad de hielo. En la estación más al sur (ZHM3) nos hemos encontrado con hielo consolidado (Fig.1) lo cual quiere decir que el agua oceánica esta completamente cubierta. Muchos pensarán: oh hielo consolidado, no hay peligro. Todo lo contrario.

El espesor de este hielo ronda los 50 centímetros y debajo de él se encuentra una columna de agua de 4.500 metros de profundidad. El riesgo de rotura y caída al agua, de -1.6 grados es real. En esta estación hemos sido capaces de muestrear testigos de hielo marino nuevo lo cuales han sido divididos en tres trozos y guardados en el congelador a 20 grados bajo cero para su procesamiento de vuelta en tierra. Estas muestras son muy preciadas y difíciles de conseguir. En esta estación, y debido al peligro de que la masa de hielo se mueva, no hemos podido desplegar las rosetas.

Témpanos

En ZHM 1 y 2 hemos tenido témpanos de hielo que son los precursores del hielo consolidado. Aquí hemos conseguido desplegar las rosetas y también hemos subido a bordo, con ayuda de una red, varios témpanos de hielo. En la anterior entrega de esta crónica, comentaba la importancia de la logística preexpedición, especialmente para muestreos en zonas polares. Pues bien, aun habiendo planeado lo mejor posible, todo se ha congelado. De media, la temperatura del aire ha sido de -22° C y con el viento ha bajado a -51° C. Las tuberías que nos abastecen con agua caliente los laboratorios-contenedor móviles se han congelado al no dejar correr el agua continuamente. A su vez el sumidero también ha quedado petrificado.

El tubo que nos abastece de aire comprimido el contenedor también se ha congelado ya que el aire proporcionado por el compresor viene caliente y, con el frío, se condensa dentro del tubo. Los sensores equipados en las rosetas de muestreo han sufrido las mismas circunstancias heladas por lo que los equipos han tenido que volver a bordo y ser descongelados con agua caliente. Es imprescindible tener los sensores en funcionamiento ya que nos dan información, en tiempo real, de cual es la temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y fluorescencia, proxi para la cantidad de clorofila.

Con los datos proporcionados por los aparatos podemos decidir en que profundidades queremos muestrear ya que las distintas masas de agua tienen propiedades características diferentes. Otro sensor muy importante es el altímetro. Sin él, iríamos a ciegas en la medición de los fondos y no sabríamos donde se encuentra la base marina con el consiguiente peligro de dañar o perder los equipos.

Ahora viene la parte que casi nos cuesta la expedición. En ZHM 3, el equipo de ingenieros de la universidad de Ciudad del Cabo fue desplegado encima del hielo para sacar muestras del suelo congelado. Pues bien, uno de los integrantes del equipo casi pierde todos los dedos a pesar de que como todos sus compañeros va equipado con trajes polares especiales. En un descuido y con el afán de salvar uno de los testigos que había caído al agua un compañero se mojo las manos. Desde ese momento todavía se quedaron muestreando otras tres horas más. A la vuelta al barco, algo no iba bien. Con suerte no ha perdido los dedos y hemos podido seguir efectuando la labor de muestreo. En fin, el peligro es real y cada expedición es un aprendizaje continuo.

noticias de deia