Elena Jiménez sexóloga

“Con el sexo y los jóvenes vamos más a la prohibición que a la educación y la prohibición solo se mantiene cuando estamos delante”

Elena Jiménez dice que la pornografía puede ser un “aliciente o un juego” para los adultos, no para los niños a los que esos mismos adultos regalan móviles

09.02.2020 | 07:42
Elena Jiménez

Elena Jiménez dice que la pornografía puede ser un “aliciente o  juego” para adultos, no para los niños

DONOSTIA - El informe Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, elaborado por la red Jóvenes e Inclusión y la Universitat de las Illes Balears destaca, entre otros datos, que el acceso a la pornografía se adelanta a los 8 años y su consumo se generaliza a los 14.

Elena Jiménez es sexóloga y quiere tomarse su tiempo para analizar estos datos, porque no todo es lo que parece y son muchas las preguntas que deberían de plantearse y responderse. Entre estas, una que no tiene directamente que ver con el objeto del estudio pero sí con las consecuencias: ¿tienen que tener niños y niñas de 8 años acceso a los dispositivos móviles? No son solo los teléfonos, también las tablets y otros aparatos que sí les permiten tener acceso a los contenidos pornográficos pero también a muchos otros a los que no deberían acceder a edades tan tempranas.

Si Elena Jiménez tiene algo claro sobre la forma en la que hay que tratar la sexualidad es que se debe de partir "del conocimiento de la propia persona sexuada", de lo que le gusta y de lo que les gusta y quieren los otros/as.

Los datos de este estudio, en frío, asustan, y mucho.

-Es un estudio que requiere un análisis más complejo. Lo que es cierto es que hemos dado a los niños y niñas unos aparatos que no son para su edad. Ya no ven con nosotros ni esas películas que antes se decía que no eran para los más pequeños. No controlamos las terminales que tienen.

Y, además, ¿contenidos que no son los adecuados?

-También en la escuela los conceptos se trabajan de forma diferente según sea la edad. Se dosifican, porque la capacidad de entendimiento es menor sobre ciertas cosas. Hay que analizar cuándo empezamos a darnos cuenta de que hay cosas que pertenecen al terreno de la fantasía y que se quedan ahí.

¿Hablamos de la pornografía?

-La pornografía, ¿qué es? Hay muchas y diferentes y responden normalmente a un mercado económico sin muchos escrúpulos. No le importa dónde pone el producto con tal de vender. Se organiza desde los deseos y fantasías eróticas, no desde las realidades. Es lo que vende. ¿Para qué? Para excitar. No es para niños. En sí, la pornografía en general, y teniendo en cuenta que hay muchas y diferentes, no diría si es buena o mala. Siempre que esté donde tiene que estar puede ser un aliciente o un juego. Pero si lo ven los críos...

A los críos hay que educarles

-No tenemos una educación sexual. Cuando nos preguntan: ¿Cuándo podemos hablar de sexualidad? contesto que lo primero que tenemos que ver es de qué estamos hablando. No vamos a la base. El quid de la cuestión está en quiénes somos y cómo somos desde la condición sexuada.

¿La educación sexual tiene edades?

-Sí, porque el nivel de comprensión es diferente según la edad. Nosotros trabajamos sobre distintas vertientes. Una sería el modelo que toman, que es adulto y centrado en el coito heterosexual y con una parte de discursos velados con un toque más oscuro. Cuando hablamos con ellas y ellos solo lo hacemos sobre de dónde vienen los niños. De los adultos de confianza que tienen a su alrededor no les llega mucho más.

¿Claramente insuficiente y mal planteado?

-Hay que trabajar sobre las ideas sexológicas que aportan conceptos que posibilitan explicarnos y conocernos a partir del y, en vez de desde lo que hay que hacer, de ese mensaje de que nos dice que eso es lo que se hace. Entender cómo soy, cuál es mi realidad sexuada para saber qué me va gustar y quién me va a gustar. Poderme entender y a partir de ahí plantear las relaciones en las que estemos a gusto yo contigo y tú conmigo.

Pero no es lo que pasa

-Normalmente lo que se pregunta, y es un discurso muy organizado, es lo que hay que hacer y cómo hacerlo bien. Pero yo no voy a disfrutar de algo si no parte de lo que quiero hacer. Es legítimo que no me guste todo eso que dicen que hay que hacer. Y, además, parece que cada vez hay que hacer más cosas. Esos juegos, esas prácticas no son buenos ni malos. No puede haber un modelo bueno para todo el mundo. Hay que valorar en qué momento estás, qué quieres...

Ese conocimiento del yo también puede ayudar a los más jóvenes en su aproximación a la pornografía para discernir, calibrar, filtrar...

-Claro, y para saber que no hay algo que hay que hacer porque es así. En la pornografía y en los encuentros lo que hay que evaluar es qué te hacen sentir. Además, una cosa es que haya algo que te excite y otra que lo tengas que llevar al terreno de la realidad. Cuando no hay un hilo conductor, ves pornografía y puede que concluyas que las relaciones son así. Más cuanto más pequeño seas y menos contacto tengas con las vivencias. Y aunque las tengas, si son las primeras puedes pensar que eso tiene que ser lo que se hace, que es así.

¿Cabe vincular este consumo temprano de la pornografía con la cosificación de la mujer o la proliferación de "manadas"?

-A mí me da miedo sacar esas conclusiones. ¿Tiene que ver? Es una hipótesis a estudiar con rigor. Hay que analizar la capacidad que tenemos para situar las cosas en la fantasía y los niños lo hacen. Nosotras veíamos a Pippi Langstrumpf y no nos tirábamos del balcón o subíamos por el techo. Hay que hablar de eso con los niños, de que las cosas que ven no son reales. Pero no hablamos.

Los adultos no acabamos de aprobar esa asignatura

-Vamos más a la prohibición que a la educación y la prohibición se mantiene mientras estás delante para sostenerla. Cuando te vas, la prohibición a veces funciona como incentivo. Es muy importante estudiar esas actitudes que se les transmiten, qué está suponiendo eso que ven en la construcción del concepto sobre cómo deben de ser las relaciones.

¿Qué nos toca a los adultos: educar, explicar, dar pautas...?

-Creo que sería positivo que diéramos más valor a la parte científica, sexológica, que nos ayuda a entender nuestras actitudes, nuestros deseos, de dónde surgen, cómo somos... Después hay que valorar la carga que hay detrás. La base de una relación erótico-amatoria es la idea del yo contigo y tú conmigo. Otra cosa es analizar qué violencias se están generando y de dónde vienen. Tal vez vengan de la idea de estar sobre alguien, del querer someterte. No son los componentes de una relación basada en el querer estar.

Pero eso tiene carga de fondo

-Eso es lo que hay que analizar. Cuáles son las actitudes que llevan a hechos de violencia, de dónde vienen.

Quizá ha pasado que los adultos al ver que los jóvenes tienen tan fácil acceso a la información nos hemos relajado. Hemos delegado en la tecnología nuestro papel de educadores. Pensamos: ¡qué vamos a decirles que no sepan!

-Sí creo que nos hemos relajado y que a veces el tema se nos va tanto de las manos que nos pueden pasar dos cosas: que nos preocupemos demasiado y vayamos a un discurso que solo cargue las tintas en riesgos y peligros y nos lleve a actitudes prohibitivas; o que nos despreocupemos pensando que ya disponen de toda la información, que se pueden regular ellos mismos.

¿El término medio es el ideal?

-Más que preocuparse hay que ocuparse de este tema y la clave es dónde ponemos el acento. Está en saber transmitir que lo importante es partir de ti, saber decir lo que quieres y lo que no, hablar de la presión del grupo ante lo que eres tú... Ir a por alguien, como el caso de la Manada, va más por el hilo de pasarlo bien sometiendo a alguien, más que por el yo quiero estar con alguien. En muchas de estas historias hay premeditación y alevosía y eso viene de más al fondo.

¿Los adultos nos vemos condicionados por el miedo al educar en esta materia?

-Es paradógico que hagamos referencia a temas tabú cuando luego están en todos los medios, en todos los rincones. El problema es en qué forma llega y de qué estamos hablando. Sexualidad es el cómo somos; la erótica, el qué nos gusta; y las relaciones, es cómo las entablo. El qué me gusta y cómo soy lo tenemos de txikis. Se trata de hablar de eso. Vamos a ponernos en su lugar, en su edad: qué me gustaba, cómo era yo, cómo me acercaba a la persona que me gustaba, qué diferente era mi amiga... visualizar las diferentes realidades, para que cada cual tenga su lugar. Todo esto es cultivar el cómo soy sexuado.

¿Y ahí cómo les podemos acompañar como madre y padre?

-Lo primero sería participar en conversaciones en las que ponemos nuestros sentimientos, nuestras vergüenzas y limitaciones, la importancia que damos a las cosas, todo, sobre la mesa. Ahí se ve cómo te vas a ir haciendo. Y vas asumiendo que siendo de una forma no te va a gustar hacerlo de esa otra forma. O que no te vas a acercar a la persona que te gusta cantándole un bertso, porque no eres lanzada y que tendrás que buscar otras vías. Hay que hablar de esas dificultades y de esas virtudes. Porque en la medida en que gestionamos esas pequeñas cosas vamos aprendiendo a gestionar la vida y la educación amorosa.

¿Antes de construirte sexualmente tienes que conocerte y poner las bases de la vida?

-La persona sexuada es una suma de las características que tienes (tu estilo, forma de hablar...), de cómo te gustan las cosas y qué gente te atrae y por qué. Hay que hablar de gestionar tu forma de ser, tus habilidades, tus vergüenzas. Eso es gestionar también las cosas del deseo.

Luego llega la relación

-Sí, eso es cómo jugamos. Pero tenemos que saber que el juego es legítimo y es bonito si se plantea desde lo que me gusta y me atrae y de lo que le gusta y le atrae a la otra persona. No desde de lo que tiene que ser. Solo así es fácil decir qué esto es lo que quiero y esto no, que esto no quiero ni probarlo. Es como cuando te dicen que tienes que hacer un viaje que no te apetece, porque sí, porque hay que conocer ese sitio. No. Si no quieres, no. No hay que probarlo todo. Porque la agencia de viajes te venda Cancún no tienes por qué ir. Tienes que ir viendo lo que quieres compartir.

Y después llega el acuerdo ¿no?

-Luego hay que ver cómo llegar a un acuerdo en el que los dos ganamos. En pareja ya sabemos que muchos mitos se desmontan con la vida. Porque en muchas ocasiones llegas a acuerdos. Dices, ¡hoy has venido al monte pues mañana voy con buen talante a la playa! Somos dos personas y no nos tiene que gustar todo calcado. Parte del atractivo es la diferencia, pero hay que saber gestionarla. La base es que queramos estar juntos.

Es la clave

-Claro, porque cuando hablamos de esos otros episodios la base es otra, no es la de querer estar juntos.

Hablar de sexo en las aulas ¿es importante?

-Es sustancial. La sexología te ayuda a entender por qué tienes unos deseos. Nos da muchas claves para comprender que somos diferentes y las da también desde lo científico, que hace entender que la sexualidad humana tiene unas lógicas. Si supiéramos más de eso se desmontarían algunas ideas sobre modelos en los que no me reflejo pero que llevo adelante y solo me generan insatisfacción e incomprensión.

Distintos planos: uno más científico y otro más emocional.

-Sí. En las familias trasladamos nuestra ética y es eso, nuestra. Es importante también la parte más científica, que podría darse en los centros escolares. En casa podemos hablar de lo que nos parece mal o bien. Todo tiene cabida.

¿No corremos el riesgo de trasmitir nuestra moral, nuestros prejuicios?

-Si, es uno de los grandes problemas cuando se imparte sexualidad en las aulas cuando no se es profesional. Tu moral la tienes que dejar fuera, no hablar de lo quiero que seas. Sobre la moral se puede hablar en ética. Si no, sin querer, volvemos al cómo hacer y qué hacer, no a dar herramientas más científicas para que cada cual se entienda y maneje. Cada uno es cada cual y lo que es bueno para mí no lo es para otra persona.

Pero como madres y padres...

-Eso es otra cosa. Tú puedes decirle lo que te parece, pero dejar claro que es tu forma de ver las cosas. A veces nos podemos encontrar con que nos queda grande o que tenemos miedo a no acertar, a fallar. Pero como madres y padres sabemos que siempre es así, que siempre cabe la posibilidad de equivocación. Lo hacemos constantemente.