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Senegal endurece su control sobre la pesca

"Los buques pesqueros deben tener cuidado, así como los de la artesanal", dice el ministro de Medio Ambiente "Si pescan en Mauritania ¿por qué vienen en busca de combustible a Senegal?", inquiere

Senegal endurece su control sobre la pescaPanoramio

Bilbao. El topetazo del atunero Almadraba Uno contra las rocas del parque natural de Isla Magdalena, frente a la costa de Dakar, ha removido los ánimos en el gobierno senegalés provocando la airada reacción de varios de sus ministros; sobre todo después de los intentos fallidos para reflotar el buque practicados por los remolcadores autóctonos. No en vano, la fatal noticia del encallamiento de la embarcación gallega no saltó a la portada del principal diario local hasta diez después. Le Soleil, el único periódico que ha llevado a su portada este suceso, recogía semanas después las valoraciones de los ministros de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, y de Pesca, Haidar El Ali y Pape Diouf respectivamente, sobre el affaire Almadraba Uno.

Unas palabras que, en ocasiones, se tornaban en advertencias a la industria pesquera llegada de otras latitudes para faenar en aguas internacionales y que podrían resumirse en el firme propósito de Senegal de endurecer su control sobre la actividad pesquera en su zona de influencia. El más tajante era El Ali quien, a preguntas del periodista sobre "las sanciones contra el propietario español" previstas, anunciaba que "hay toda una batería de medidas" sobre la mesa para ser aplicadas por las autoridades senegalesas, al tiempo que reconocía que al tratarse de un espacio protegido "empeora la situación mucho".

Eso sí, pese a reconocer que estaban a la espera de que los investigadores determinaran las razones del choque "y la velocidad de degradación que el barco causó al parque", la difusión a los cuatro vientos de la cifra de los 3,5 millones de euros que reclamaba el Gobierno de Senegal en concepto de los presuntos daños ecológicos causados no esperó siquiera a la celebración del juicio ni mucho menos a la sentencia que podría ser emitida a mediados de la semana próxima. "Los barcos pesqueros industriales deben tener cuidado, así como los de pesca artesanal", despachaba el ministro de Medio Ambiente en la entrevista concedida a Le Soleil.

"hay barcos piratas" En una línea similar se expresaba su compañero en el gobierno, Pape Diouf, quien lanzaba un mensaje de calma a la población y comunicaba la voluntad de las autoridades senegalesas de equipar a los organismos correspondientes con los medios necesarios para "vigilar" su espacio marítimo. De hecho, el titular de la cartera de Pesca y Asuntos Marítimos lanzaba la caña en aguas más profundas y conjugaba las palabras "pesca destructiva". Sus declaraciones en este sentido, recogidas por el rotativo Le Soleil el pasado 17 de agosto, son claras.

Decía el ministro Diouf que "no solo hay pesca en aguas interiores que se practica por los pescadores nacionales, que no tienen culpa. También hay barcos piratas que no están autorizados a faenar en aguas senegalesas", sentenciaba al tiempo que añadía que el Gobierno está revisando sus convenios, como hizo hace más de un año, sobre las licencias de pesca concedidas a los buques extranjeros.

Días antes, el ministro El Ali ya incidía en el asunto de las autorizaciones y los permisos. Tal y como aparece reflejado en la edición del 12 de agosto de Le Soleil, el responsable de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible decía no entender los motivos que llevaron a la tripulación del Almadraba Uno a repostar en Dakar. "Si pescan en Mauritania ¿por qué vienen en busca de combustible a Senegal y no van al vecino del norte? Nadie lo sabe. A lo mejor también pescan fuera de Saint Louis...", aireaba la sospecha este alto cargo del Gobierno senegalés.

En este sentido, las desconfianzas, los recelos y las conjeturas sobre lo ocurrido en el puente de mando del atunero perteneciente a la compañía gallega Petusa inundan las respuestas de El Ali ya que, tras haber admitido que el Almadraba Uno se encontraba "en buen estado" blandía otra suposición sin conocer aún el resultado de las investigaciones, y sostenía que "tal vez también jugó la carta del seguro". "No entiendo que no estuvieran lo suficientemente atentos para descubrir la isla y reducir la velocidad del barco. Por lo tanto, legítimamente podemos hacer preguntas", zanjaba.

Cuestiones que posteriormente trasladaron al juicio contra los dos arrantzales (el capitán J. A. A. y el patrón de pesca J. A.) y el marinero ghanés (G. E. W.) acusados de un delito de contaminación "negligencia, tenencia de explosivos e incumplimiento de las normas de seguridad", aclaraba una información de otro rotativo en la que también se apunta que los tres acusados argumentaron que el accidente se debió a un fallo técnico.

En su edición del 3 de octubre, Le Quotidien resumía la vista y anotaba el testimonio de incredulidad del capitán J. A. A. por lo ocurrido a las cinco y media de la madrugada de ese 2 de agosto cuando abandonaban el puerto de Dakar. "Al principio pensé que era el buque auxiliar que tenía un problema. Pero me di cuenta de que había golpeado una roca", cita el mencionado periódico.