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Capitalismo bajo el espumillón

Las navidades, cuyo significado religioso desconoce la mayoría de los chinos, sirven de excusa perfecta para dar rienda suelta al consumismo desenfrenado en un país, en teoría, ateo y comunista

Capitalismo bajo el espumillónFoto: Zigor Aldama

Un gigantesco abeto de plástico, cargado al límite de bolas de colores, da la bienvenida. Papá Noel ameniza la entrada con un profundo ¡ho, ho, ho! grabado, y Jingle bells suena en el hilo musical. Los interiores están cargados de espumillón y estrellitas doradas, e incluso hay un rebaño de renos que parece buscar la salida. Si no fuera por los ojos rasgados del mágico personaje finlandés, y por los extraños ideogramas de los paneles indicativos, el centro comercial podría estar situado en cualquier lugar de Europa o América. Pero no, el Plaza 66 es la meca de las compras más chic de Shanghai, la capital económica de China, un país que se autodenomina ateo y comunista.

Pero, ante todo, China es un país pragmático. Y cualquier excusa es buena si ayuda a las ventas. Más ahora, que es necesario impulsar el consumo interno ante la caída de las exportaciones por culpa de la crisis económica mundial. Así, China ha adoptado, siempre de forma extraoficial, por supuesto, festividades tan dispares como Halloween o San Valentín, e incluso algunas menos conocidas en Europa como el single"s day (el día de los solteros), que coincide con el día 11 del mes 11.

Los hay que incluso celebran el Día de Acción de Gracias estadounidense, y también se han importado otras invenciones comerciales como los días del padre y de la madre. Pero la Navidad tiene una fuerza imbatible, y viene cargada de descuentos y promociones que se suman a las cenas románticas que ofrecen muchos establecimientos a los chinos que, por ejemplo, no saben exactamente qué es lo que se conmemoró la noche del 24 de diciembre, pero que aprovecharon para sacar a su pareja de paseo. Porque, ante todo, es una fiesta joven. "Mis padres nunca la celebran", reconoce Xiang Ping, un joven ingeniero de 26 años que preparó una sorpresa para la que pronto será su mujer. Sin embargo, preguntado por el origen de la Navidad, Ping se queda mirando fijamente, en espera de una respuesta que no llega. "¿Santa Claus?", pregunta. Frío, frío. Sí sabe qué hará en Nochevieja: volverá a cenar con su novia, verá la cuenta atrás para 2010 en una pantalla gigante de la ciudad y se irá de discotecas-karaokes a beber whisky con refresco de té verde. El consumismo es imparable. Varios centros comerciales de Shanghai han anunciado que abrirán hoy, última noche del año, hasta las dos de la madrugada y que harán una cuenta atrás conjunta con sus clientes, a quienes ofrecerán descuentos especiales.

cristianismo en auge De vuelta al origen de la Navidad, el joven chino se queda sorprendido con la respuesta correcta. Pero no tarda en mencionar un espinoso asunto: el ascenso del cristianismo en China. Porque sí los hay quienes celebraron el verdadero significado de la pasada Nochebuena. Algunos lo hicieron en las iglesias protestantes y católicas oficiales, como las de Occidente, junto con muchos de los extranjeros residentes en las grandes ciudades. Pero aún más ciudadanos chinos se reunieron en secreto, en sombras alejadas de los focos del Gobierno, al calor de las home church (iglesias en hogares). En estos lugares, a los que sólo se accede con la invitación de alguno de los miembros, los creyentes dieron rienda a su fe en Jesucristo. A su manera.

No obstante, aunque su número crece rápidamente, la mayor parte de los 1.350 millones de habitantes daría respuestas similares a la de Ping. Muchos consideran que la Navidad es una costumbre importada de Estados Unidos, como el McDonald"s, donde ahora todos los empleados van tocados con el gorrito rojo de pompón blanco. Otros oyen campanas, pero no saben dónde, y apuntan a la tradición escandinava de Papá Noel. En lo que coinciden todos es en que "es un gran momento para ir de compras".

Así que las avenidas comerciales se llenan de luces, y las tiendas no dan abasto. Este año, además, han encadenado tres grandes eventos en lo que se esperaba como la mejor temporada para el comercio: la Navidad y Año Nuevo por un lado; y el año nuevo chino y San Valentín, que, casualidades de la vida, en 2010 caen el mismo día.

Este hecho no les ha hecho tanta gracia a los restaurantes, que ofrecían veladas románticas para el día 24 desde 400 yuanes (40 euros) por persona. Ping reservó la suya en un hotel de cuatro estrellas de Shanghai. Sin embargo, la coincidencia del año nuevo chino, que es equivalente a la Nochebuena, con la festividad de San Valentín resultó un fastidio. "Muchos fueron de regreso a sus lugares de origen para estar con la familia, y eso supuso un descenso importante de los regalos y de las cenas de novios propias del 14 de febrero", comenta la dependienta de una joyería de Shanghai.

En cualquier caso, la Navidad ha trascendido la religión y se expande por Asia con velocidad asombrosa. Sólo en Filipinas, ex colonia española, se celebra ligada al cristianismo. Sin embargo, pocos países se sustraen a la iconografía de estas fechas tan señaladas, aunque eso suponga un anacronismo. Lo es, por ejemplo, en Singapur, donde las minifaldas y las camisetas de manga corta propias de los 33 grados de la temperatura ambiental chocan con los intentos, poco exitosos, de crear un ambiente navideño con polvo blanco y algodón que imitan la nieve. Y pobres de quienes tienen que trabajar bajo el espeso traje de Santa Claus.

De vuelta en China, según estadísticas de China Mobile, el principal operador de telefonía móvil del país, el día 24 se enviaron unos 750 millones de sms con felicitaciones. Un número que sólo se superará el año nuevo occidental, con unos 1.000 millones, y el año nuevo propio del país, con casi 2.000 millones. ¿Pero qué decían en Nochebuena en esos mensajes? Muy sencillo, apunta Ping: "Merry Christmas". Así, como suena, en inglés. Cosas de la globalización.