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"Sólo quiero darle un beso"

Tras 47 días de pesadilla, el rostro de esta joven bermeotarra vuelve a dibujar una sonrisa. Sabe que sólo es cuestión de horas que su sueño, volver a ver sano y salvo a su hermano Iker, se haga realidad. "Es un día especial, de celebración, de sentimientos a flor de piel", admite aliviada

"Sólo quiero darle un beso"Foto: zarrabeitia

Bermeo. El teléfono móvil no dio tregua a Argi Galbarriatu durante todo el día de ayer. El aparato que durante 47 días le sirvió para estar conectada con todo lo referente al secuestro del Alakrana, atunero del que su hermano Iker es capitán, recibió ayer un sinfín de llamadas y mensajes de felicitación. Le resulta imposible hablar durante 30 segundos sin que su pantalla se ilumine. Contesta a las de obligado cumplimiento -entre ellas las del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero- y reserva el resto para más adelante. Con una gran sonrisa iluminando su cara y con una gran sensación de liberación, contesta con serenidad las preguntas de DEIA.

¿Cómo se encuentra ahora que sabe que la pesadilla ha tocado a su fin?

Estamos todos muy contentos, aunque casi ni nos creemos que este momento sea ya real. Ha sido un secuestro muy largo y hasta hace pocos días no hemos visto una salida muy clara, pero ahora todo ha terminado y es el momento en el que las familias podemos ya celebrar la liberación de nuestros arrantzales.

¿Cómo han vivido la mañana decisiva, desde que saltaron en los medios las primeras noticias de la liberación de los arrantzales hasta que han recibido la confirmación oficial?

Nos ha cogido a todos trabajando. Nos han empezado a llamar periodistas diciéndonos que la liberación era ya un hecho, había otros que nos decían que iba a producirse mañana (por hoy)... Nosotros no hemos tenido confirmación oficial de la liberación del barco hasta pocos minutos antes de que José Luis Rodríguez Zapatero haya dado su rueda de prensa. Los primeros que nos han llamado han sido personas de la empresa, que se han puesto en contacto con todos los familiares, y después de eso hemos recibido la llamada del Gobierno español.

¿Ha hablado ya con su hermano?

Sí, me ha llamado hace unos diez minutos (15.00 horas de la tarde). Me ha dicho que se dirigían ya a Port Victoria y repetía "ya se ha acabado, ya se ha acabado, enseguida nos volvemos a ver". Le he preguntado por qué hablaba tan bajito, igual que en los días de secuestro, y me ha respondido que todavía ni se lo creía. "Estamos aliviados", repetía.

¿Sabe cómo se encuentran físicamente?

Me consta que ha habido gente que ha padecido problemas de salud, aunque a día de hoy están estabilizados. Físicamente los piratas no les han provocado ninguna lesión, pero psicológicamente están destrozados. ¿Si tengo miedo de que les hayan hecho algo y que no nos lo hayan dicho para tranquilizarnos? Yo, personalmente, no tengo ese temor, aunque ya veremos cómo están cuando nos volvamos a encontrar. Sí tengo miedo del momento en el que le vuelva a ver, porque seguro que vendrá demacrado y en un mal estado psicológico. No tengo miedo de que les hayan hecho daño físicamente, aunque durante el secuestro sí que he temido que algún arrantzale pudiera hacerse daño a sí mismo o que alguien sufriera alguna enfermedad y no pudiera aguantar. Han sufrido una auténtica guerra psicológica.

Ellos han padecido lo indecible, pero lo que las familias han sufrido también ha sido impresionante.

Han sido días durísimos. Ha habido jornadas buenas, otras malas y otras incluso peores. Nosotros hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos para que esta pesadilla se solucionara, pero tengo claro que en el futuro toda esta situación nos va a pasar factura, aunque ahora mismo no pensamos en ello.

¿Piensan preparar algún recibimiento especial?

No, porque creo que los arrantzales no van a tener ganas de nada. Como familiares lo que haremos será arroparles. A partir de ahí, ya se verá.

¿Ha pensado lo que va a hacer o va a decir cuando vuelva a ver a Iker?

No, todavía no tengo pensado nada. Sólo quiero darle un beso y a partir de ahí, como se suele decir, ver venir.

En los últimos días los familiares decidieron apartarse de la luz pública y no hacer declaraciones. ¿Sabían ya que la salida estaba cerca?

Sabíamos que se estaban llevando a cabo muchos movimientos que hasta entonces no se habían producido y es por eso por lo que decidimos no hacer declaraciones.

¿Ha habido algún momento en el que hayan visto ya cercano el final del túnel, en el que hayan intuido que todo estaba ya próximo a su fin?

Cuando volvimos de Madrid el pasado martes lo hicimos con optimismo. No porque nos dijeran algo especial, sino porque veíamos que había mucha gente trabajando en el asunto, se percibía movimiento. Les dejamos trabajar y la ministra Elena Espinosa nos llamaba todas las noches. No es que tuviéramos mucha más información que en los días anteriores, pero sí de más valor. Nos transmitía tranquilidad y veíamos que los pasos que se estaban dando iban en buena dirección. Todo ello nos llevaba a ser optimistas.

Han sido 47 días de secuestro. ¿Cuál ha sido el momento más crítico que les ha tocado vivir a los familiares?

Todos los días han sido muy duros. De todas formas, la primera noticia, la que anunciaba el secuestro, fue la peor, ya que es algo que no te esperas. A partir de ahí lo más duro que nos ha tocado vivir fue el pasado 5 de noviembre, cuando los piratas se pusieron a disparar en pleno barco y recibimos las llamadas de nuestros familiares pidiéndonos ayuda. Escuchar sus voces, su impotencia ante lo que ocurría... Eso fue durísimo.

Fue entonces cuando los familiares comenzaron a hacerse escuchar.

Con anterioridad ya nos habíamos empezado a mover. En un principio decidimos mantenernos en silencio, ya que creíamos que era lo más conveniente para que las negociaciones transcurrieran con éxito y las personas involucradas pudieran trabajar, pero en un momento dado vimos que no había mucho movimiento y comenzamos a movilizarnos. Después de ese 5 de noviembre crítico movilizamos al pueblo, que respondió a las mil maravillas... y ahora estamos aquí, dando buenas noticias.

¿Es ahora una buena oportunidad para dar las gracias a toda la gente que les ha apoyado?

Sí, sin ninguna duda. Les agradezco de todo corazón toda la ayuda que nos han dado. Gran parte del mérito de que todo esto haya llegado a buen puerto es de ellos, han sido muy importantes, fundamentales.

También aguantaron una semana sin tener ninguna comunicación con el "Alakrana". ¿Cómo lo vivió?

Hasta entonces la información era bastante fluida, aunque lo único que nos decían cuando nos llamaban era "las cosas marchan bien, estamos trabajando". Luego hubo dos días, en dos semanas distintas, en las que nos dijeron que el final del secuestro era inminente, que todo se iba a solucionar de un día para otro. En la segunda de estas ocasiones fue cuando nos dijeron que ese fin de semana se terminaba todo y en lugar de eso lo que ocurrió fue que se abrieron cinco días en los que se interrumpió toda comunicación. Evidentemente nos preocupamos mucho, ya que la empresa tampoco tenía ninguna noticia, lo cual nos pareció muy raro.

¿Y qué opina del papel que ha desempeñado la empresa?

Ha sido fundamental. Nos han llamado todos los días, siempre se han ofrecido para ayudarnos en cualquier cosa que necesitáramos, nos han proporcionado ayuda económica para todos los desplazamientos que hemos tenido que llevar a cabo... Manteníamos comunicación con ellos dos veces al día y siempre que hemos necesitado algo nos han cogido el teléfono. También hemos tenido contacto con el armador, por lo que quiero dejar claro que su comportamiento ha sido muy bueno y digno de agradecer.

¿Decepcionados con alguien?

No es el momento de hablar de eso. Esas valoraciones las haremos más adelante. Ahora es el momento de celebrar la liberación de nuestros arrantzales, de esperar a que vuelvan y cuando les tengamos en casa ya haremos valoraciones.