Le Pen, Mañueco y la inestabilidad impulsan la amenaza ultra

Abascal no pierde tirón en los sondeos ante el PP de Feijóo mientras la influencia de Vox se puede acrecentar en Andalucía

30.04.2022 | 20:56
El líder de Vox, Santiago Abascal, delante de el nuevo vicepresidente de Castilla y León, el ultra Juan García Gallardo

La ultraderecha en el Estado español vive un momento dulce, espoleada por su entrada por primera vez en un Gobierno autonómico –el de Castilla y León liderado por el popular Alfonso Fernández Mañueco–, por el histórico resultado de Marine Le Pen en el Estado vecino a pesar de su derrota frente a Macron, y por un futuro reto para el que, a tenor de las encuestas, Vox parte bien posicionado: la convocatoria adelantada de las elecciones en Andalucía. Fue en esta comunidad autónoma donde protagonizó una sorpresiva irrupción en 2018 y donde ahora aspira a condicionar con fuerza el próximo Ejecutivo andaluz. Y el viento de cara para los de Santiago Abascal sopla todavía más fuerte con la inestabilidad en la política estatal y los apuros de Moncloa para convalidar sus decretos en el Congreso de los Diputados.

En el tablero derecho, los ultras protagonizan desde hace tiempo una pugna por arrogarse el electorado tradicional del PP, lucha que arrastró a Pablo Casado a mensajes extremistas y al terreno ideológico de la extrema derecha. Ahora, con la llegada a Génova de un Alberto Núñez Feijóo que a priori debe dar a su partido una impronta más moderada al menos en el tono y buscar el centro; Vox parece que aguanta en las encuestas y, de celebrarse a día de hoy las elecciones generales en el Estado, obtendría resultados similares a los 52 escaños de noviembre de 2019 o incluso podría reforzar su posición en el Congreso.

Esa resistencia y pujanza de la formación ultra se comprobará en menos de dos meses en Andalucía. La cita con las urnas del 19 de junio, que ha sorprendido a pocos tras las especulaciones de Juanma Moreno que se han prolongado por meses, es otra oportunidad de oro para Vox en un territorio que le es propicio desde hace casi cuatro años, y en el que ha logrado hitos importantes en elecciones generales y municipales, siendo primera fuerza en varias convocatorias en provincias como Almería.

Los de Santiago Abascal quieren aprovechar esa coyuntura favorable colocando de cabeza de cartel a la hasta ahora diputada Macarena Olona, que se ha prodigado en los últimos meses por territorio andaluz y tiene tirón en el nicho de votantes ultra.

ANDALUCÍA: DONDE EMPEZÓ TODO

La estrategia de Juanma Moreno con la convocatoria electoral de junio es capitalizar su acción de Gobierno para aumentar considerablemente el número de escaños del PP a costa de un Ciudadanos en pleno declive. Es decir, copiar la jugada de Ayuso con el adelanto de hace un año que le llevó a quedarse al borde de la mayoría absoluta y a lograr no atarse a la ultraderecha. Pero en el caso andaluz, Vox –que ya irrumpió en diciembre de 2018 en la comunidad autónoma y fue la llave para que el Gobierno girara por primera vez a la derecha– no está dispuesto a ponérselo nada fácil a Moreno y aspira a condicionar por completo un futuro Ejecutivo del PP, tal y como ha ocurrido en Castilla y León.

Respecto a Castilla y León, la inclusión en el nuevo Ejecutivo de Mañueco del ultra Juan García Gallardo como vicepresidente y de tres consejerías de Vox ha supuesto un punto de inflexión en la institucionalización de la extrema derecha que asume por primera vez carteras en un gabinete, y no menores, ya que gestionará Agricultura, Industria y Empleo, y Cultura.

Más allá del éxito electoral de Vox en las elecciones regionales, ha vuelto a quedar en evidencia la incapacidad de los dos grandes partidos del Estado, PP y PSOE, para articular un cordón sanitario que bloquee el acceso a gobiernos de la ultraderecha.

Así las cosas, Vox ha encontrado el terreno allanado y las puertas abiertas para ganar peso elección tras elección en la vida política e institucional del Estado español, en un clima que además está condicionado por una constante y creciente inestabilidad en la arena del Congreso de los Diputados, tal y como se ha vislumbrado esta semana con la convalidación del plan de choque contra la crisis que el Gobierno español salvó in extremis –gracias a los apoyos de los grupos vascos–.

Todos estos elementos conforman un marco que está permitiendo a la ultraderecha abonar su discurso de ruptura, de crítica con el establishment y de odio, en definitiva.

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