Historias de los vascos

El vasco que salvó a judíos de la muerte en Auschwitz

27.09.2020 | 09:56
El barco 'Cabo Santo Tomé', en llamas, incendio del que Inda salió ileso.

El capitán mercante Rafael Inda se vio en la tesitura de colaborar con los nazis con el objeto de garantizar la vida de sefardíes

La desconocida biografía de Rafael Inda Ajuria es una de esas que no debieran pasar desapercibida. Nacido en Getxo, fue capitán de la Marina Mercante que optó en un momento complicado de su vida por colaborar con los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial con un objetivo doble: salvar su vida y garantizar la de incontables personas judías. Un ejemplo fue que ya casado y padre, contrajo matrimonio falso con Helena, una sefardí para evitar que fuera enviada a un campo de concentración nazi. Los judíos le encomendaron trasladar personas refugiadas a Palestina.

Según un estudio aportado por el investigador Koldo San Sebastián, Inda se encontraba en Madrid el 18 de julio de 1936, jornada de golpe de Estado militar que fracasado derivó en la conocida como Guerra Civil española. El vizcaino estaba destinado en el Ministerio de Marina, en el Cuerpo General de Servicios Marítimos, un servicio civil. Al ser miembro de la Reserva Naval, fue movilizado y destinado al Mediterráneo. Se dedicó, sobre todo, al transporte de armas entre Rusia y el levante español.

Este capitán de corbeta mandaba el Cabo Santo Tomé cuando fue hundido cerca de la costa argelina por la conjunción de dos cañoneros franquistas y el apoyo de los hidros italianos de la base italiana de Cagliari. El getxotarra sobrevivió al hundimiento y continuó luchando con la República.

Inda llegó al puerto tunecino de Bizerta con la Escuadra republicana el 5 de marzo de 1939 y los franceses le encerraron en un campo de concentración en Meheri Zabbens junto a otros trescientos compañeros. Allí fueron obligados a realizar trabajos forzados.

El 1 de septiembre de 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial. Túnez permaneció bajo el "Gobierno títere" –relata San Sebastián– del Mariscal Petain, por lo que los marinos republicanos siguieron presos. "Un buen día, apareció en el campo de internamiento un diplomático franquista con una oferta para los marinos: aquellos que navegasen para los nazis alemanes durante más de dos años serían amnistiados. Inda había sido condenado a muerte porque en uno de aquellos viajes a la Unión Soviética había cañoneado y hundido una patrullera y aceptó. Estaba condenado a muerte en rebeldía y, pensaba, que prefería los peligros de la mar a las condiciones infrahumanas a las que les habían sometido los franceses", argumenta el investigador.

En aquellos días, el régimen de Hitler decidió comprar pequeñas armadoras en territorios bajo el totalitarismo de Franco. Así en 1942, adquirieron la Naviera Bachi, de Bilbao, a los hermanos Astigarraga. "Los nazis pagaron por ella en oro", relata San Sebastián. El barco asignado a Rafael Inda hacía la ruta entre el Pireo, Grecia, y los puertos del Norte de África. Transportaban, sobre todo, municiones. La aviación y los submarinos británicos hundieron muchos de estos navíos.

"Cuando Franco se da cuenta de que los Aliados están ganando la guerra, frena su colaboración con los nazis", analiza el investigador. Inda, en ese periodo, se dirigió a Hamburgo a recoger la liquidación, donde estuvo a punto de perder la vida en un bombardeo. Asimismo, intenta que en el Consulado español, con un certificado de la Kriegsmarine (la Marina de Guerra nazi) le compute el tiempo navegado para poder regresar a su hogar. Le dicen que debe realizar la gestión en el Consulado de Atenas.

El capitán de barco decidió volver a Grecia, país en el que tiene importantes amistades. "Era amigo del cónsul español franquista, Sebastián Romero, que le dio un visado diciendo que es un empleado de la Embajada española para que pueda circular por Grecia". Es la única documentación que tiene junto al certificado alemán. En Salónica, vivía desde la antigüedad una importante comunidad de judíos sefardíes. En 1943, estaba formada por unas 50.000 personas. Entre marzo y abril de aquel año, 40.000 fueron deportados a Auschwitz. Solo regresaron mil. "Cuando Rafael Inda llegó de Alemania numerosos judíos trataban de ocultarse de los nazis", asegura San Sebastián.

Al llegar a Atenas, recibió una mala noticia en el Consulado español. No había cumplido el tiempo estipulado para acogerse a las medidas de gracia. En ese momento fue cuando, el cónsul Romero le propuso que le ayudase a salvar a cuantos más judíos sefardíes pudiese. "Inda aceptó y su nombre aparece en algunos certificados de matrimonio, de esta forma, algunas mujeres se convertían en ciudadanas españolas y así podían salvar la vida. Con una de ella, Helena, se casó presencialmente en el Consulado. Ni que decir tiene que el marino vasco ya estaba casado y era padre de familia. Con Helena, su "esposa" sefardí que emigró a Israel, se estuvo escribiendo durante muchos años", confirma el investigador.

Llegó un momento en que la guerra estaba llegando a su fin en Europa. Los alemanes ya evacuaban Grecia. Los guerrilleros del país heleno andaban a la caza de colaboracionistas. Los ingleses a punto de entrar en el país. Inda, al haber sido colaboracionista de los alemanes, temió por su vida. Se escapó de Grecia como marinero en un barco francés que le dejó en el puerto de Alejandría. Allí, se enroló como pudo en un vapor chino con destino Shanghái y embarcó de segundo oficial.

En Shanghái el cónsul español de la República que mantuvo abierto el Consulado –China aún no había reconocido a Franco– le concedió un pasaporte de la República Española que era legal. Con él llegó a Francia. Junto con otros vascos allí presentes lograron trabajo en la agencia de inteligencia de Israel, Mosad. Necesitaban capitanes para la emigración clandestina y para portar armas. El enlace fue un militante de Acción Nacionalista Vasca: Gangoitia, oficial durante la Guerra Civil.

Inda aceptó porque sobrevivía gracias a los réditos del viaje a Shanghái. El primer viaje que hizo a Palestina fue transportando armas. Tras el éxito, el Mosad le encargó que reclutara una tripulación para el Pan York. "Mi padre estuvo una temporada de capitán en el Pan York e incluso hizo una salida falsa. Salió en el barco y volvieron, para ver cómo respondía el espionaje británico, cómo les controlaba. De regreso a Marsella. Un capitán judío norteamericano y unos oficiales que se hicieron provisionalmente pasajeros del barco y entonces mi padre desembarcó. El Mossad lo quería para otras misiones", contó su hijo.

La última misión del capitán Inda fue la de llevar un motovelero hasta Haifa, perseguido por los británicos, logró embarrancarlo en una playa. Fue detenido y encerrado en un campo de concentración. Volvió a hacer la ruta Beirut-Marsella. Meses más tarde, desde Francia inició gestiones para regresar a casa, cruzando la frontera por Hendaia.