El San Pedro que milicias rojas decapitaron

Un documento inédito del PNV enviado a Presidencia del Gobierno de Aguirre relata cómo soldados degollaron la talla de una iglesia de Durango en la que se acuartelaron en 1937

26.07.2020 | 08:44
La talla de San Pedro con la cabeza y manos cortadas.

Durango vivió un caso que los mayores creyentes de la localidad recuerdan aún perplejos. Solo tres meses después del golpe de Estado militar y católico que derivó en guerra, supuestos "rojos" cortaron la cabeza y las dos manos de la imagen de San Pedro en la iglesia de igual nombre erróneamente considerada por algunos como templo religioso más antiguo de Bizkaia.

El suceso es poco conocido en el municipio en la actualidad, pero sí puede consultarse en un libro como es San Pedro de Tavira, del jesuita fallecido Vicente Zavala. En esa divulgación, se recoge que el entonces párroco de Santa Ana dejó testimonio de lo ocurrido durante aquella jornada. A aquellos datos, hoy se puede sumar un documento original inédito que el PNV ha conservado en la sede del Gobierno vasco en París y que ve la luz por primera vez hoy. Lo remitía una mujer llamada Gloria Z. de Arregui e iba dirigido al presidente del PNV.

La página está mecanografiada desde la Junta Municipal de Durango. Detalla un "resumen de hechos", como lo titula, con diferentes actuaciones llevadas a cabo por "milicias rojas". En ningún momento, la redactora señala siglas, partidos políticos o nombre de batallones. Enumera sucesos llevados a cabo por republicanos en diferentes templos a los que cita de forma literal como monasterio de San Francisco, iglesia parroquial de Santa María, iglesia de Santa Ana, "iglesia antigua" de Tabira (San Pedro), iglesia del convento de Santa Susana, residencia de Jesuitas y colegio Francés.

Con respecto a los hechos del 4 de octubre, diez días después de un bombardeo fascista que dejó milicianos muertos en el frontón de Durango y que como venganza acabó con supuestos derechistas fusilados por los republicanos en el cementerio de la villa, la organización municipal jeltzale informó de que "la iglesia antigua de Tabira fue objeto de una profanación". Según sus palabras, la "imagen antigua de San Pedro" fue decapitada a tiros y arrojada al fuego. "Ha podido ser rescatada; se cree posible su restauración", valoraba.

El Archivo Municipal de Durango, por su parte, atesora una fotografía del estado en el que quedó la talla del santo que aún a día de hoy preside una la iglesia que en el mismo edificio cuenta con una capilla de Nuestra Señora del Rosario.

El tomo de Vicente Zavala parafrasea el Libro de Nuestra Señora del Rosario del párroco de Santa Ana, Domingo Ortuzar. Este detalla que la llegada de los milicianos ocurrió el 21 de septiembre y que se acuartelaron en ella desde entonces hasta el 4 de octubre abandonando la misma con la decapitación de San Pedro.

El párroco señala que la llegada de las milicias a Tabira ocurrió a la una y media de la noche del 21 de septiembre, cuatro días antes del bombardeo citado. "Se presentaron los milicianos golpeando la puerta del sacristán", valoraba coincidiendo con la versión del batzoki de Durango.

A juicio del sacerdote, los milicianos nombraron a la virgen del Rosario su abanderada, le quitaron los rosarios y "le pusieron en la mano la bandera roja y negra de la CNT". A diferencia del comunicado jeltzale, el cura sí señala siglas, en este caso de ideología anarcosindicalista. Y continuaba con su relato: "Tres mujeres entretenían a los soldados. Se divertían bailando a los compases del armónium. Simulaban bodas, revestido el pseudocura de ornamentos sacerdotales".

El párroco informaba además de que los combatientes republicanos pronunciaban arengas y discursos desde el púlpito o que descansaban encima de los ornamentos durante la noche. "Abandonaron la iglesia el 4 de octubre, festividad de Nuestra Señora de Tavira. Como despedida dispararon contra San Pedro un tiro de revólver y la bala se le incrustó en la laringe. Lo decapitaron con un hacha y arrojaron la cabeza al fuego en el pórtico de la iglesia donde hacían la comida".

El párroco daba cuenta de que el devoto durangués Ignacio Izarcelaya Inazio apartó la cabeza de la imagen de las llamas. Quedó ennegrecida. La cabeza y el hacha con la que la cortaron se conservaron entonces en una nicho de cristal, "como prueba auténtica, hasta que se resuelva lo que ha de hacerse para restaurar la imagen".

El texto del PNV detallaba que los diferentes inmuebles religiosos "asaltados" por las milicias rojas se llevaban a cabo "con continuos sobresaltos, blasfemias, insultos". El texto aseguraba que se cerró al culto, por ejemplo, la hoy basílica de Santa María en la que morirían muchos feligreses y el cura el 31 de marzo de 1937 durante el bombardeo fascista italiano.

"El hospital que había en la residencia de Jesuitas se suprimió violentamente para instalar el cuartel de las milicias rojas. Arrojaron los crucifijos y destrozaron imágenes". Sin embargo, fue el "único templo" que mantuvo las celebraciones religiosas en Durango.

El legajo explica también que en el colegio Francés, los milicianos molestaban a las monjas salesas de al lado. "Las llaves fueron entregadas directamente por el cónsul francés a las milicias rojas", matizaba Gloria Z. de Arregui. "El alcalde -continuaba- no es considerado como tal, sino como un camarada cualquiera".