Bilbao - Soñar despierto, además de ser gratis, es una de las actividades más placenteras a las que nos podemos entregar. Durante un rato podemos ser y hacer, aunque sea solo en nuestra imaginación, lo que nos apetezca. La clave está en tener presente el camino de vuelta a la realidad.

No sabría decir si fantasear es imprescindible para sobrevivir, pero sí que a veces ayuda.

-Fantasear, en su justa medida, ayuda a vivir mejor. Las fantasías se suelen centrar en aspectos deseados y por lo tanto, cuando fantaseamos, nuestros pensamientos tienden a ser positivos y estimulan emociones agradables que se asocian a actitudes positivas. Las actividades placenteras, los antidepresivos y el ejercicio físico provocan la producción de sustancias que se llaman neurotróficas y que estimulan la regeneración neuronal, al contrario que lo hacen el alcohol, las drogas y el estrés.

Da reparos admitir que se fantasea. Es como reconocer que no hemos madurado. Pero tú me vas a decir que ser adulto y soñar despierto es perfectamente compatible.

-Ya lo creo. Una de las obras más excelsas de la literatura universal, La Divina Comedia, es en parte fruto de las fantasías amorosas que el autor, Dante, tiene hacia una joven de la alta sociedad florentina, llamada Beatriz Portinari. Dante se enamoró de Beatriz pero no le podía expresar su amor. Por ello la seguía, estudiaba sus recorridos y una vez conocidos, se adelantaba para esperarla y cruzarse con ella. Buscaba la cercanía y rozarla para sentirse mejor. Le escribía cartas de amor que nunca le llegó a enviar y al final, en homenaje a ella, llamó con su nombre a la protagonista femenina de La Divina Comedia. Reconociendo que Dante solo hubo uno, fíjate si además de compatible puede llegar a ser productivo.

No hay por qué compartir las fantasías. Buena parte de ellas son personales e intransferibles.

-Sin duda. Algo importante en las fantasías es que perduren y para ello tienen que tener ese atractivo que caracteriza a los sentimientos clandestinos. Es probable que si Dante se hubiese casado con Beatriz, los sentimientos no hubiesen sido tan intensos. Muy probablemente se hubiesen querido mucho más, pero la historia habría sido otra.

Y no pasa nada si se trata de fantasías irrealizables. De hecho, hay quien sería incapaz de hacer eso que imagina.

-Estoy de acuerdo. De hecho, cuando la fantasía se concreta descubrimos que todo lo que hemos magnificado de una persona, lugar o actividad que no conocemos pierde atractivo cuando comprobamos que, como todas las personas, lugares o actividades tiene una cara A y otra cara B no tan luminosa. Hace pocas fechas coincidía con esos amigos de toda la vida, de los que quieres para siempre, y hablábamos de esto recordando a Erich Fromm, que decía que el amor empieza donde termina el enamoramiento.

Incidiendo en lo anterior, es importante tener claro que buena parte de esas ensoñaciones no se van a cumplir nunca. Para evitar la frustración, digo.

-Por supuesto. Hay personas que llevan repitiendo los mismos pensamientos y planes desde la infancia y los incorporan casi como rituales a actividades de la vida diaria, y lo hacen sabiendo por supuesto que ni van a ganar la liga, ni van a meter el gol del desempate en la final de la Champions, ni van a protagonizar ningún episodio especial en la historia, pero siguen alimentando esos sueños simplemente porque se sienten bien. Hay que buscar sentirse bien por el placer de hacerlo siempre que esto no suponga perjudicar a nadie.

Otra cosa muy distinta es instalarse en la fantasía y quedarse allí a vivir olvidando la realidad.

- laro. Lo poco agrada y lo mucho enfada, se suele decir, y aquí también vale. Hay que madurar en general aunque guardemos un rincón en el que mantengamos unos retales del niño que hemos sido.

Hay quien acaba no distinguiendo las ensoñaciones o lo que se ha imaginado de la realidad.

-Pues a veces sí, se creen sus propias fantasías y las cuentan como si fuesen ciertas. Algunas de esas personas forman parte de ese grupo catalogado como mitómanos. Sin embargo, a veces se caracterizan porque lo que cuentan es probable y a veces son pasajes de la realidad, pero siempre matizados para aparecer con una imagen más favorable.

¿Cómo hacerle ver a alguien excesivamente fantasioso que las cosas no son como están en su cabeza?

-Pues como todo: diciéndoselo. No lo haría con alguien que no me interesa. No podemos ir salvando al mundo y en estas situaciones, en las que las mentiras suelen ser intrascendentes, no está mal mirar a otro lado, no creernos lo que nos dicen y dejar que sigan fantaseando.

En este terreno, con los niños hay que actuar con delicadeza. Ni coartarles su capacidad de imaginar ni dejar que acaben creyéndose todo.

-Pues sí, pero hay que protegerles para que fantaseen lo justo. Hay que soñar, hay que estimular la parte del cerebro llamada optimista y que regula los pensamientos positivos y las emociones deseables.