BILBAO. El periodista, intelectual y niño de la Guerra Civil evacuado a Rusia Juan Cobo ha fallecido a los 89 años. Nacido en Teruel en 1933 protagonizó una recordada polémica sobre la dirigente comunista vizcaina Dolores Ibarruri La Pasionaria. A ella le dedicó un texto titulado "Starukha" que traducido del ruso significa anciana (vieja). Cobo, sin embargo, cultivó una gran amistad en el tiempo con la más destacadas intelectualidades de las letras hispanas, entre ellas Gabriel García Márquez, Manuel Vázquez Montalbán, Brice Echenique y tantos otros cuyos libros "tenían habitualmente como traductora a su compañera, Ludmila Sinianskaia, una de las más reconocidas traductoras literarias a la lengua rusa, y cuyas ediciones en Rusia alcanzaban centenares de miles de ejemplares", según explica Juan Barceló, miembro de la junta directiva de la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE).
Hijo de un policía de la República, Juan vivió en Rusia la mayor parte de su vida. En la antigua URSS convivió con numerosos niños procedentes de Euskadi, como subrayó ayer a este diario la secretaria general de AGE, Dolores Cabra, quien hoy viajará a Moscú a conocer la complicada situación del Centro español en Rusia, colectivo que en 2002 tuvo como presidente al vizcaino Alberto Fernández Arrieta, natural de Ortuella y fallecido en 2003. "Como con tantos otros niños de la guerra criados en Rusia, España perdió con él un enorme intelectual, un gran periodista, un muy inteligente analista", valorá Barceló.
En aquel destino estudió, trabajó, destacó en muchos campos del pensamiento y el periodismo, y allí "todos sabían que era uno de aquellos españoles llegados de niños y que ya no pudieron regresar hasta muchos años después", enfatiza el directivo de la asociación con sede madrileña. En el Estado no fue reconocido. En su primer intento de visitar su país de origen le denegaron la entrada que solo pudo protagonizar una vez finalizada la dictadura franquista. Pudo entrar con pasaporte ruso; le negaron repetidamente "el pasaporte español al que tenía derecho por ley".
de la fábrica a la radio En aquella Unión Soviética trabajó en fábricas como obrero, y tras pasar por la universidad dio comienzo a su carrera profesional en la radio. También colaboró y participó en la dirección de prestigiosas revistas de literatura, política y cultura, y acabó siendo responsable editorial de algunos de los más importantes núcleos de edición rusos. "Cobo fue el primer editor de muchos de los grandes críticos del sistema soviético, entre ellos de Sajarov, y fue el introductor en Rusia de los más destacados escritores e intelectuales españoles de la oposición al franquismo, como Juan Goytisolo de cuya amistad gozaron ambos tantos años", analiza Barceló.
Con la apertura de la URSS, fue uno de los firmes defensores de aquella vía y publicó el más importante análisis de la época sobre la situación bajo el título El único camino, nunca traducido al español, "e irónica burla del título con el que Dolores Ibarruri y la dirección del PCE habían publicado en los años cincuenta su ortodoxa historia dela Españacontemporánea. No en vano en su larga labor de crítico desmitificador y un tanto sacrílego, ya viviendo en España, publicó un durísimo artículo sobre el papel de Dolores Ibarruri en la vida de los emigrados españoles en la Rusia Soviética, que le valió las más acerbas críticas de un mundo aún excesivamente ortodoxo", matiza el directivo de AGE.
la vuelta El regreso al Estado lo hizo con su madre y continuó trabajando como corresponsal de las más importantes agencias de prensa rusas, fundamentalmente Novosti. Su hogar en un pueblo de Castellón era punto de reunión continuo de numerosos intelectuales y políticos rusos, cuya amistad se mantuvo unida al más profundo respeto a sus criterios y posicionamientos. Fue un firme colaborador y socio de la Asociación Archivo, Guerra y Exilio, AGE, a la que aportaba continuamente criterios y rigurosidad. Desde esta asociación le recuerdan como "un hombre rebelde, de criterio, nunca aceptaba que le impusieran lo que él no había querido escribir, pero nunca dejó de hablar, discutir, comentar todas las ideas que no compartían sus interlocutores. Siempre irónico, siempre con inteligencia y sentido más humanístico que simplemente político. Era un hombre profundamente honrado, un enorme trabajador, un agudo pensador, un hombre amplio de mundo, viajero, estudioso, y español, ruso y sobre todo universal", concluyen.