Rincones perdidos en la memoria

Pabellón 6, historia y futuro del teatro vivo en Bilbao

28.03.2021 | 01:08
La terraza con aire bohemio que gasta Pabellón 6 es un habitual punto de encuentro de la gente amante del teatro. Foto: Pablo Viñas

Dicen los papeles oficiales que Pabellón 6 se registró en 2011 pero lo cierto es que el teatro que defiende tiene siglos de vida. Allá en la Ribera de Deusto anida el sueño de las Artes escénicas, en una tierra con mucho que decir

AL escritor Pío Baroja le encandilaba aquella zona, a orillas de la Ría. No por nada en 1920 llegó a escribir, en una de sus obras algo sí como "(...) La Ría de Bilbao. No creo que haya en la Península Ibérica nada que dé una impresión de fuerza, de trabajo y de energía como esos quince kilómetros de vía fluvial". Esa reflexión invoca al paseante que se acerca a Pabellón 6, un espacio cargado por la la electricidad de la creatividad del teatro que se recoge en Ribera de Deusto, entre recovecos que se perfilan en un barrio con personalidad y vida propia.

Antiguamente, el tranvía recorría toda la Península de Zorrotzaurre en dirección a Erandio. Aunque desapareció por el descenso del número de trabajadores que lo utilizaban, con motivo la crisis del petróleo, el Master Plan de Zorrotzaurre contempla en sus planes la costura de una nueva cremallera que lo recupere.

Quien pretenda acercarse a ese rincón que hoy se levanta como huerta para que florezca la flor del teatro tendrá que llegar a Ribera de Deusto 47, adonde se accede una vez llegado el Palacio Madaleno y tras atravesar la Plaza Eugenio Olabarrieta. El Palacio Madaleno, les decía. También fue conocido como Palacio Yandiola. Fue reformado completamente hace apenas unos años. Es considerado uno de los edificios más bellos de todo Zorrotzaurre. Recibe su nombre del matrimonio que lo creó: José Madaleno y Rosario Yandiola, propietarios de la empresa Aurrera, fundada en 1885 en Sestao. Se pasaba por allí antes de llegar a la fábrica de Artiach y es uno de los escasos ejemplos que quedan para visualizar las mansiones con las que la burguesía se alejaba del congestionado Casco Histórico antes de trasladarse hacía Getxo, siempre ya a la orilla de la Ría.

De aquella Ribera de Deusto recuerdan, las cabezas de más edad, que antes de que existiera el Canal de Deusto, había unos caminos que bajaban desde Deusto hasta la ría a través de lo que en su día se llamó la Vega del Chimbo. Cuando llovía, algo que era común, los caminos hacían las veces de pequeños ríos que llevaban el agua como si de desagües se tratara. Y en los días buenos, los caminos estaban llenos de gente que paseaba por ellos en torno a las huertas con tomates y los chacolís, que los domingos se convertían en auténticos centros sociales. Muchos lugareños cazaban por aquí pequeños pajaritos llamados chimbos con ayuda de sus escopetas, que por eso en Bilbao se llaman chimberas.

Ese era el universo del que venía a hablarles, la tierra donde hoy se planta, con vigor indestructible, Pabellón 6. ¿Qué es Pabellón número 6?, se preguntarán los más despistados. Ellos mismos, sus gestores y gestoras, dan respuesta esa pregunta en su página web. "Frente a tanta virtualidad y tanta tecnología, las Artes Escénicas se alzan como lo que han sido desde su origen: una celebración colectiva en vivo. Un grupo de hombres y mujeres que hablan aquí y ahora a otro grupo de mujeres y hombres. Hoy todo se mueve a una velocidad cada vez mayor y se pierde sin dejar poso ni eco".

Las artes escénicas solo existen en un tiempo y en un espacio determinado, son efímeras. Es por ello que las personas promotoras hablan de Pabellón 6 como un espacio vacío, un espacio por inventar, gestionado por los propios creadores y en el que pretenden que la otra columna la conformen los espectadores, y donde quieren que los trabajos permanezcan en el tiempo y se compulsen con el público en un espacio próximo, asequible, manejable, y alejado de las servidumbres de la producción empresarial al uso. "La primordial rentabilidad que bucamos es la artística", aserguran.

Pabellón 6 es también, y con esta forma ha adquirido uno de sus aspectos más definitorios, un laboratorio teatral para profesionales de Artes Escénicas, que comparten proyectos creativos solo como ejercicio, como búsqueda, como indagación, buscando la práctica, la puesta a prueba, y el ir propiciando mestizajes con otros directores, otros creadores, otros intérpretes. Cursos, clases magistrales, montajes, conforman la práctica habitual, con el solo afán de poder mejorar, y conocer su herramienta de trabajo que son ellos mismos.

Personalicemos esta historia, pongámosla nombres y apellidos. El proyecto para su nacimiento fue impulsado por 13 miradas diferentes sobre las Artes Escénicas, todos ellos creadores multifacéticos. Son socios promotores Ander Lipus, Blanca Arrieta, Borja Ruiz, Irene Bau, Jose Urrejola, Jose Ibarrola, José Montero, Matxalen Bilbao, Nagore Navarro, Nuria M. Cres, Pako Revueltas, Patxo Telleria y Ramón Barea, el hombre más visible del proyecto hoy en día, junto al de Itziar Lazkano. Posteriormente lo consolidaron 200 socios Fundadores que creyeron en el proyecto y prestaron su apoyo comprando una imaginaria butaca.

El laboratorio teatral se alza ya como uno de los pilares de Pabellón 6. Una apuesta por las creaciones propias, con profesionales pertenecientes a diferentes compañías y equipos de trabajo.

Siguiendo con la labor teatral que tiene entre sus cometidos Pabellón 6, en 2015 se formó la primera promoción de la compañía joven de Pabellón 6; un proyecto pionero de artes escénicas que surgió por iniciativa del Laboratorio Teatral de Pabellón 6 y contó con ayudas a la contratación promovidas dentro del marco del Plan de Empleo 2015 entre el Ayuntamiento de Bilbao y Lanbide-Servicio Vasco de Empleo.

Alberga, además, un espacio para exposiciones de pintura, fotografía, escultura, collages, instalaciones audiovisuales y otrs expresiones artísiticas; cursos programados anualmente y destinados preferentemente a profesionales de Artes Escénicas. Es un santo y seña del proyecto global las jornadas de teatro breve La primera edición se celebró en 2014, siendo ya 6 las ediciones llevadas a cabo. Las jornadas, en las que participan a concurso al menos una docena de piezas, seleccionadas entre medio centenar que concurren al certamen, tiene una duración aproximada de 5 semanas y convocan a gran número de público atraído por las características peculiares de este tipo de formato. Son piezas de teatro breve, de un máximo de 20 minutos que se representan en espacios no convencionales y para un aforo reducido. Pabellón 6, como ven, es historia y futuro.