Rincones perdidos en la memoria

La corta calle de Bilbao con su larga historia

Allí se casó y enviudó Simón Bolivar y por allí entró el cristal de Bohemia a Bilbao. En sus orígenes estuvo regada con sangre y hoy mantiene la biblioteca privada más importante de Europa. Con ustedes, la calle Banco España

01.11.2020 | 01:22
Siendo la calle Banco España de Bilbao de corto pasar, está repleta de historias. Casi sobrecargada, se diría.

ENTREMOS en la que hoy se conoce como la calle Banco de España y que antaño gastó otros nombres, como calle del Matadero. Entremos, digo, para conocer que la historia se detuvo allí, en el portal número uno. Hasta allí llegó un hijo de Caracas (Venezuela), nacido en el seno de una familia de la aristocracia criolla. Huérfano a muy temprana edad, fue enviado a estudiar a Madrid y luego a París, donde conoció a Napoleón antes de proclamarse emperador, luego se desplazó a Roma y Estados Unidos donde estudió sus leyes y costumbres.

Acerquémosle. El 8 de mayo de 1798 llegó a la villa de Bilbao para pasar una temporada, alojándose en un palacio de la por aquel entonces calle del Matadero, actualmente calle Banco de España, como les dije. Y allí se enamoró de una bilbaina llamada María Teresa Rodriguez del Toro y Alayza, que vivía muy cerca, en la calle del Víctor, con la que se casó el 26 de mayo de 1802. No acabado un año de casados, la mujer fue víctima de unas fiebres tropicales y falleció. El joven Simón Bolivar quedó muy afectado por su muerte y se dedicó a viajar por toda Europa y América del Norte.

Entremos en esta corta travesía que empalma la calle Correo con la Cruz para conocer los rasgos más singulares de su historia. Se llamó anteriormente Calle del Matadero o de la Matadería, debido a que en el año 1653 se construyó en ese lugar la Casa del Matadero y Saladero de Carnes, así como la Nueva Carnicería que sustituía a la Carnicería Vieja instalada en las Siete Calles. El Ayuntamiento levantó dos edificios, uno la carnicería nueva y enfrente, el matadero de reses mayores y menores. Estuvo en funcionamiento hasta 1879, que pasó al nuevo matadero de la zona de Tíboli. Los edificios fueron subastados en 1881, el primero por 135.954 pesetas, adjudicado al Banco de España, y el matadero por 103.354 pesetas a José Echevarría y Azcoaga, quién encomendó al arquitecto Julián de Zubizarreta la construcción de una casa de cinco plantas, acabada en 1885. Narciso Díaz Pozo, nacido en Toledo, compró la carnicería nueva para construir el Banco de España. El 17 de septiembre de 1885 pasó a llamarse calle Banco de España, y volvió a ver su nombre modificado el 26 de diciembre de 2003 por Banco España.

Siendo la calle de corto pasar, está repleta de historias. Casi sobrecargada, se diría. Por ejemplo, Bilbao se encendió durante el siglo XIX con la actividad de numerosos comerciantes alemanes y checos de la época que llegaron a la ciudad con sorprendentes tesoros. En ese clan destacó una familia checa apellidada Rochelt. El primero de ellos fue José, importador de objetos tan novedosos y diversos, como la afamada cristalería de Bohemia, los tejidos y las porcelanas. Su tienda estuvo en la calle del Matadero, esquina con la de Correo, en una mansión blasonada construida por los Salcedo. En esta misma casa, sobre la tienda, vivieron los Rochelt Palme con su numerosa familia hasta bien pasada la Primera Guerra Carlista (1840). A esta familia pertenecía Gustavo Röchelt Palme, conocido como el Tío Gus, tipo chirene y culto, profesor de inglés y aficionado a la pintura, en la que tanto descollaron otros parientes suyos. Cuando se empezó a decir que el matadero iba a ser derribado (y era un buen edificio de piedra de sillería), manifestó su propósito de dibujarlo para el recuerdo pero es el caso que se inició el derribo y el Tío Gus no había hecho su boceto y no consiguió detener a los demoledores a tiempo para montar su caballete.

De esta misma calle tomó buena nota el mismísimo Miguel de Unamuno. En su célebre artículo Mi bochito, publicado por Miguel en 1900, hace alusión a la Calle del Matadero, llamada ya Banco de España y escribe: "Tengo por un misterio augusto el del influjo que, en mi concepción de la vida, haya podido ejercer aquella visión frecuente del matadero, con su suelo de losas sobre el que corrían agua y sangre, y aquellas mujeres que parecían bailar baile silencioso y hierático mientras, ayudándose de una cuerda, desangraban a golpes de pie las reses muertas". Y es que Unamuno vivió su infancia, adolescencia y juventud, a la vuelta del propio matadero, en la calle de la Cruz, pese a haber nacido en otra calle bien cercana, la calle Ronda.

No sé si se lo había contado ya. El Banco de España adquirió el edificio y solar de la carnicería para construir su primera sede propia en Bilbao, ya que, desde 1875, ocupaba un piso en la calle de Bidebarrieta. El encargado de trazar los planos y dirigir las obras de esta nueva sede bancaria fue el famoso arquitecto y escritor bermeano Sabino Goicoechea Echevarría, afincado en Bilbao, el cual logró con esta casa, una de sus mejores obras, digna del mejor cuidado y conservación en el conjunto histórico-artístico del Casco Viejo. En diciembre de 1885 se terminó la casa y abrió sus oficinas en ella el banco, cuyo nombre, pidieron los vecinos de la calle, se diera a la misma, en vez de calle del Matadero, a lo que accedió el Ayuntamiento por decreto del mismo año 1885.

Pese a un presente más anónimo, el atractivo de la calle es tal que aún guarda allí un gran tesoro de la cultura bilbaina. Uno de sus portales acoge la biblioteca privada Arriola- Lertxundi, obra mayúscula del notario José María Arriola. Bajo el lema "ni exhibicionismo, ni ocultismo" el uso de la bilblioteca se encuentra restringido a los investigadores, ya que el manejo de los libros antiguos tiene su riesgo. Hoy quizá tenga menor interés porque internet hace el contenido más accesible.

Las interminables estanterías del paraíso de papel del notario Arriola albergan algunos ejemplares únicos como el Principia Mathematica de Newton –del que sólo existe una decena de copias en todo el mundo– primeras ediciones de Copérnico y Tycho Brahe, la Biblia políglota del cardenal Cisneros, varias ediciones del Quijote, la Enciclopedia completa de Diderot, todas las actas de la Bascongada del Conde de Peñaflorida y ediciones príncipe de las principales obras de Francisco de Vitoria y Hugo Grocio, creadores del derecho internacional o el primer libro escrito por una persona nacida en territorio donde se hablaba euskera, siglo XIV, Expositio Evangeliorum.... En total, 13.000 títulos y 20.000 documentos conforman la que es, por números, la biblioteca más importante de Europa.