Lo que nunca dijo...Rafa Nadal Campeón

“Soy partidario de ilegalizar la hierba... para jugar al tenis”


09.02.2020 | 06:25
Nadal

Una entrevista inventada por Javier Gamboa

bilbao - Es el indiscutible rey de la tierra batida. Ha marcado una época con su estilo arrollador de jugar al tenis en París, Roma o Barcelona. "Si Woody Allen rodara una peli sobre mi vida se tirularía Rafa, París, Roma. Y, si fuera Almodóvar, sería Todo sobre mi raqueta. ¿Si o no? Jajajajaaa". Rafael Nadal Parera, conocido como Rafa Nadal en las zonas hispanoahablantes y como ¡Vamos, Rafa! en el resto del mundo, se encuentra pletórico. Hace unos días que ha salido del dentista de arreglarse el canino superior izquierdo. "Van doce veces, tú. Que todos los años me pasa igual. Que me piden la tontería de hacer como que muerdo la Copa de los Mosqueteros para las fotos después de ganar Rolanda Garrós? y siempre aparece algún listo que grita ¡Vamos, Rafa! Claro, me caliento, y la muerdo de verdad. Me hago cada estropicio que?", confiesa el mallorquín.

Dice que se encuentra en forma, a punto de asaltar el Wimbledon 2019. "Roger (Federer) anda ya achacoso. Me ha dicho que anda mirándose el ácido úrico, lo del sintrom y todo eso. El hombre tiene una edad. A Djokovic lo veo descentrado esta temporada. Es un artista, pero hay temporadas que parece que lo ha aventado la tramontana, tú. En esas, voy a por la Ensaladera, que me sirve de regalo de bodas para Sergio Ramos y me ahorro un pico".

¿Qué le ha traído a Bizkaia?

-He de ir a Apatamonasterio. Allí tiene el taller el hombre que fabrica artesanalmente la tierra batida para las canchas de tenis de mi academia. La hace pulverizando tejas y ladrillos viejos a mano.

El hombre, con un mazo, va pulverizando las tejas y ladrillos y eso es calidad, claro...

-No, no. A mano. Nada de mazo. Machaca el material con las manos. Como quien casca nueces. Es un espectáculo. Y, cuando quedan trocitos pequeños, a palmadas. Tiene manos como sartenes el hombre. A ver si lo llevan a la tele algún día.

Empieza un nuevo tramo de la temporada. ¿Qué tal la hierba?

-No te creas que me defiendo bien. De agarrar la raqueta tan fuerte, tengo los dedos como garfios, y, al liar el papelillo, se me caía todo. Además, la marihuana no me convence. Soy un tipo sano, deportista. Me cuido. No, la hierba, no.

Me refería a Wimbledon.

-Pues me pasa igual que con la marihuana. Deberían ilegalizar la hierba también para los torneos de tenis. Tiene emoción y tradición lo de Wimbledon, pero, chico, la pelota patina, va superrápido, tienes que vestir de blanco? Prefiero la tierra.

Usted grita mucho cuando juega al tenis. ¿Por qué?

-Me pasó una vez, con 16 años, compitiendo en un torneo junior, algo que me marcó para siempre. En la pista estás muy concentrado, muy tenso, a tope, te mandan una pelota a un vértice: corres, te deslizas sobre la tierra, conectas; al otro vértice, lo mismo; al revés, igual. En ese torneo me relajé al conectar un drive con mi izquierda y el cuesco lo escuchó hasta el juez de silla. Somos personas. Suceden estas cosas. Pero me pasa eso en la central de Rolanda Garrós con la cantidad de micrófonos que hay y salgo en todas las teles del mundo hasta el año 2075 en esos vídeos de cosas divertidas de Nochevieja. Prefiero gritar. Me aseguro la tranquilidad.

¿Y esos rituales antes de sacar? Parecen tics.

-Mucha gente me lo dice. Y en realidad se trata de todo lo contrario. Son una serie de movimientos que me ayudan a concentrarme, a ganar tiempo para respirar profudamente y tomar conciencia de mi cuerpo. Por ejemplo, antes de acostarme salgo del toilet de casa o del hotel con el calzón de raso negro, me paro al lado de la cama, me recojo el pelo detrás de la oreja izquierda, me recojo el pelo detrás de la oreja derecha, me ajusto la cinta del pelo y me saco un poquito del calzón del culete? Xisca sabe que vamos a tener ruido.

¿Ruido?

-Es una forma coloquial de decir que vamos a hacer la caidita del imperio romano. Aunque, como estoy acostumbrado a gritar en la pista de tenis, creo que también grito al hacer el amor. Alguna vez hemos llegado a escuchar salvas de aplausos de las habitaciones colindantes y voces de ¡Vamos, Rafa!